Reseña: La santa culpa

“La santa culpa” (2009)
La Busca Edicions, Barcelona, 172 pp.

Ramón, un supernumerario de Barcelona, consulta con su mujer la posibilidad de decir basta a su director espiritual del Opus Dei. El motivo es que no piensa obedecer las indicaciones recibidas: llevar a su hija menor a un orfanato por ser sorda y, por tanto, no apta para engrosar las filas del Opus Dei. Fruto de este enfado, se presentan en su casa dos altos dirigentes del Opus Dei -un laico y un sacerdote- que convencen a Ramón para que permanezca en la Obra. Para ello le ofrecen un buen trabajo en Girona, tanto a él como a su mujer, en sendos colegios del Opus Dei: el de chicos y el de chicas, respectivamente.

Al cabo de unos años, aquel laico que fue a visitarle se ha convertido en don Nuño Sancho de Cogullada y Sánchez de Fuenterrebollo (nombre no exento de ironía), el nuevo vicario de la Delegación del Opus Dei en Barcelona. Ramón tiene dos hijos numerarios -la mayor es una numeraria influyente que trabaja en Bruselas- y la hija pequeña, que es sorda. Frecuenta el psiquiatra -por supuesto, del Opus Dei- y tiene la sensación de que le están sedando para que funcione como un “zombi”. Un trauma se hace presente en sus pensamientos: no haber cuidado a su madre en sus últimos momentos en la tierra, porque tenía que encargarse del Opus Dei. También le agobia la virtud de la pobreza que le obliga a pagar un tanto al mes al Opus Dei. Decide cortar por lo sano y entregar en mano una carta de dimisión al vicario don Nuño.

El encuentro es en la sede de la Delegación, un “modesto” edificio del “modesto” barrio de Pedralbes. Don Nuño -que previamente ha buscado en los archivos secretos información reservada acerca de Ramón- intenta convencerle para que persevere en su vocación. En un momento de la conversación, le ofrece una tila, que manda traer a un numerario jovencito. Ramón acepta y tras dar un sorbo, cae muerto al suelo. El vicario avisa al médico, numerario también, que examina el cadáver y asegura que es un envenenamiento. Don Nuño le fuerza a firmar el certificado de defunción sin más preámbulos, pero éste exige que venga la policía.

De la investigación del caso se ocupa el inspector Maristany, un detective que fue numerario del Opus Dei y que está muy resentido. Don Nuño intenta hacerle ve que la víctima no fue envenenada. El policía, cargado de prejuicios, habla con el doctor y pone todos los medios para llegar a la verdad. También visita a la familia. La mujer es débil en sus planteamientos, pero los hijos son fanáticos del Opus Dei y no aceptan ninguna de las sospechas del malhumorado policía: cada vez que acusa al vicario, saltan sin razonar.

Al final en el ordenar de la víctima encuentra el archivo de la carta dirigida a don Nuño, que contrasta con la información que le ofrecía el vicario. Lo cita en la comisaría y éste se declara culpable. Se celebra el juicio y es condenado.

Un tiempo después, el médico de la Obra, con quien el detective ha trabado amistad -pues tiene cierta “apertura de mente” y no se toma muy en serio su vocación- entrega un CD de parte de don Nuño, que está en prisión. Éste contiene una grabación en la que se escucha el diálogo entre el condenado y otra persona -se deduce que es un alto cargo del Opus Dei- en el que el visitante le transmite una misión: declararse culpable porque “conviene” a la Obra.

Al final, don Nuño -en la cárcel- habla con Maristany y le lee el punto 628 de Camino, sobre la obediencia. Ante la pregunta “¿por qué?” del policía, el sacerdote le responde: “convenía”.

BREVE ANÁLISIS

Literariamente:
El relato presenta una trama simple, que acaba con un desenlace bastante previsible. Pretende ser una novela negra ambientada en los entresijos de la “maquiavélica” Prelatura del Opus Dei. El autor se esmera en mostrar un gran conocimiento de su estructura jerárquica, de sus costumbres… y ofrece una cantidad de datos abrumadora. Este exceso hace que la lectura se haga costosa, ya que presupone de muchos datos de los que el lector carece, y que además no presentan gran interés.

La investigación que lleva a cabo Maristany es un tanto ingenua. La narración no hace demasiados esfuerzos por crear un clímax o intrigar al lector: apenas hay misterio. Esto lleva a pensar que el policía -que presume de desmitificador y altivo- sea un pésimo sabueso, ya que tiene serias dificultades para dar con las evidencias más transparentes. Esta sensación hace aburrida la lectura.

Los personajes no tienen gran profundidad: son más bien planos. Pretende ofrecer un contrapunto en Maristany, pero no evoluciona en todo el relato. Busca una especie de Wallander a la catalana, pero sólo consigue un personaje triste, amargado y resentido, que no conmueve al lector.

En cuanto a Ramón, no hay mucha diferencia: es exactamente igual que Maristany. Don Nuño, en cambio, se podría definir como un manipulador fundamentalista y sectario, carente de sentimientos, que tampoco modifica un ápice su modo de ver la realidad.

Por otra parte, el autor demuestra tener un dominio considerable de la lengua catalana.

Tanto por la temática como por la baja calidad literaria, este libre carece completamente de interés para el gran público.

Sobre el Opus Dei:

La novela es una crítica directa y agria al Opus Dei. Lamentablemente, aborda algunos falsos clichés: poder, españolismo, sectarismo, dinero, control, fundamentalismo, secretismo… Parece que su única fuente de información es negativa y opuesta a la naturaleza del Opus Dei. Se percibe una gran familiaridad con costumbres y normas internas de la Prelatura, que va mencionando vengan o no vengan a cuento. Da la impresión de que personas que han abandonado el Opus Dei le han asesorado prolijamente.

El tema principal: la manipulación de la verdad y de la libertad. Según su opinión, el Opus Dei aniquilaría la voluntad y el entendimiento de sus fieles hasta hacerles aceptar siempre -con una obediencia ciega- lo que “conviene” al Opus Dei, les guste o no. De manera machacona y poco sutil, el autor da a entender que en el Opus Dei la verdad no cuenta para nada.

En cuanto a la credibilidad de la historia, muestra una visión tan deformada de las personas del Opus Dei, con una actitud tan crítica y caricaturesca, que no deja espacio a una valoración personal: el lector -si desea avanzar en su lectura- debe resignarse a engullir su acritud y el resentimiento del narrador.

Ninguno de los personajes que representan a la Prelatura tiene personalidad ni ofrece el más mínimo destello de bondad o caridad: son marionetas robóticas, fundamentalistas y orgullosas de ser manipuladas (p.ej., el vicario llega a sacrificar su sueño de llegar a ser canonizado y llenar los colegios del Opus Dei de alumnos llamados “Nuño”).