Reseña: La butlla

“La butlla” (2011)
La Busca Edicions, Barcelona, 174 pp.

La novela es una continuación de La santa culpa. Han pasado cinco años desde que el inspector Maristany cerró el caso del asesinato de Ramón Cristau, un supernumerario supuestamente envenenado en la sede de la Delegación del Opus Dei en Barcelona. El entonces vicaria, Don Nuño Sancho de Cogullada y Sánchez de Fuenterrebollo, confesó su culpa y fue metido entre rejas. Una vez en prisión, entregó una prueba valiosa al inspector Maristany. El relato empieza cuando el inspector y don Nuño, que ha recapacitado y quiere romper su “silencio”, deciden destapar la verdad del caso una prueba: un CD que recoge la conversación mantenida con un alto dirigente del Opus Dei que le obligó a declararse culpable para preservar la fama de la Prelatura, ya que Cristau se había suicidado.

Maristany utiliza la prueba del antiguo vicario, ahora un sencillo clérigo diocesano, para liberarlo (su nombre ha sido borrado del boletín oficial del Opus Dei). Lógicamente, al poco de conocerse el misterioso veredicto, el miembro de la cúpula cuya voz aparece grabada en el CD muere misteriosamente.

Entre don Nuño, ahora párroco de una iglesia de Barcelona, y el inspector deciden emprender la batalla contra el Opus Dei y certificar que son los causantes de la muerte de Cristau. A través de un numerario infiltrado en la Delegación, amigo de Maristany, consiguen los dossieres de los jueces y magistrados del Opus Dei escondidos en el oratorio de la Delegación bajo llave. Pero el poder del Opus Dei controla los tribunales de España, incluido el Supremo. Ante la negativa del recurso, presentan una demanda al Tribunal de Derechos Humanos, en Estrasburgo, contra el Estado Español.

A través de los diferentes personales, se suceden prolijas descripciones de la vida en el Opus Dei: el ofrecimiento de obras por la mañana, el saludo, el uso del cilicio, etc.; también hace referencia a la mítica cuarta planta de la Clínica. Muere asesinado un estudioso que publica sobre los catalanes de ascendencia hebrea, un tal Galderic Maimó, que curiosamente también aparece entre los nombres que se recogían en los dossieres robados. Este acontecimiento será la clave del desenlace inesperado de la historia. El antiguo vicario resulta ser un antisemita que se ha propuesto acabar con los catalanes de ascendencia judía, en bien de la unidad de la España católica. Maristany entra en cólera al saber del engaño del sacerdote, que ha jugado con su confianza.

Pero las piezas del puzzle no acaban de encajar en el relato. Mengual propone una reinterpretación del Opus Dei a partir de tres datos sin fundamento, poco creíbles y mal unidos, que consiste en la fuerte raigambre judía de san Josemaría Escriba (por eso se cambió la b por la v) que les lleva a apoyar el judaísmo, haciéndose con el catolicismo desde dentro. Pero la insulsez no parece preocuparle al autor, que continúa dejando flecos y cabos sueltos a lo largo del relato.

Mengual parece tener una obsesión contra el Opus Dei. Presenta a la Prelatura como una institución españolista -anticatalanista-, ultraconservadora y de origen semita. La trama de la novela, un tanto retorcida y alambicada, es poco sólida, ya que se enhebra a través de elementos débiles o simplones. Los personajes carecen de profundidad: el inspector Maristany, Gabriela -la hija sorda de Ramón Cristau, que ahora vive con el inspector- y Aris Konstantinidis, el Presidente del Tribunal de los Derechos Humanos, tienen exactamente los mismos sentimientos y encajan en todo. Lo mismo se podría casi decir de la viuda de Ramón Cristau.

Por otra parte, el relato carece de verosimilitud, a pesar de los esfuerzos del autor por mostrar su gran conocimiento del espíritu del Opus Dei. Parece un intento frustrado de Código da Vinci a la catalana, pero con una literatura de escritor amateur. Mezcla datos verídicos, siempre marcadamente deformados por el autor, con elementos ficticios o fantásticos. Lamentablemente, quedan algunos cabos sueltos que tal vez permitan una continuación de la novela.