Josemaría Escrivá de Balaguer: 15 años de su marcha al cielo

Ignacio de Orbegozo, obispo de Chiclayo (Perú)

La Industria, CHICLAYO (PERU), JUEVES 19 DE JULIO DE 1990

Hugo Caliens B.

El 26 de junio se recordó el decimoquinto aniversario del fallecimiento del venerable siervo de Dios, monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.

En Chiclayo así como en otras setenta ciudades de 10, cinco continentes se ofició una misa de acción de gracia, al haber sido proclamado Venerable el pasado 9 de abrir por la Santa Sede reconociéndose que existen las pruebas de que monseñor Escrivá de Balaguer vivió en grado heroico las virtudes cristianas.

En nuestra ciudad el acto litúrgico fue concelebrado por el obispo de la Diócesis monseñor Ignacio María de Orbegozo y Goicoechea, y por otros sacerdotes de la Prelatura Personal Opus Dei.

En este artículo reproducimos algunos párrafos de la homilía que el obispo pronunció la noche del 26 de junio en la Iglesia Catedral:

“Los años pasan y lo hacen de prisa. Ya son 15 los años que han transcurrido desde que el siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, se fue al cielo, lugar al que dirigid cada uno de sus pasos mientras vivió con nosotros en la tierra. Su vida fue la de un hombre profundamente enamorado, lleno de fortaleza y de ternura, que supo amar a Dios por sobre todas las cosas, que amó y sirvió a la Iglesia con toda su alma y todas sus fuerzas, por amor a Dios. Que fue siempre un hijo fidelísimo del romano pontífice, al que solía referirse como a su “dulce Cristo en la tierra”. Amó con inmensa ternura a la Santísima Virgen. Dedicó empeñosamente, cada instante de su vida, a ganas almas para Dios entre las muchísimas que trató personal mente y las innumerables a las que alcanzaron -y siguen alcanzando- el ejemplo de su vida santa y la eficacia de sus obras y de sus escritos.

“Hace apenas tres meses -dentro del rigor con que la Iglesia estudia las circunstancias que deben darse, en la vida y en las obras, de aquellos, que por. la perfección con que respondieron a la llamada divina, merecieron pública fama de santidad- la Congregación para las Causas de los Santos elaboró por mandato del romano pontífice el decreto acerca de las virtudes heroicas de nuestro santo fundador y poco tiempo después, el propio Santo Padre Juan Pablo II ha declarado pública y oficialmente que “existen las pruebas de las virtudes teologales de la Fe, Esperanza y Caridad, tanto hacia Dios como hacia el prójimo, y también de las virtudes cardinales de la Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza, con las otras anejas en grado heroico del siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote, fundador de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei, en el caso y para los efectos de que se trata”.

¡Es inmensa la eficacia de los santos! Lo fueron mientras vivieron en la tierra y lo siguen siendo, aún más, desde el cielo. Toda eficacia y fecundidad espiritual tiene como fuente a Cristo y la vida de los que se identifican plenamente con Cristo es, por eso, formidablemente fecunda, como lo fue la de nuestro Padre.

Dios lo eligió para fundar el Opus Dei y cada instante de su vida fue una respuesta fidelísima a ese querer de Dios.. Todos los aspectos de su vida son realmente edificantes. Entre tantos recuerdos, guardo uno que siempre me removió mucho y que se refiere al hecho de que jamás escuché salir de sus labios nada que fuera indiferente, una sola frase que no tuviera un sentido afirmativo y sobrenatural. De las cosas más insignificantes una noticia, un comentario gracioso o alguna anécdota divertida con que, en ocasiones, tratábamos de aliviar con nuestro cariño la enorme carga que Dios había puesto sobre sus hombros -y que él agradecía mucho- tomaba ocasión para elevar su pensamiento al Señor, hacer algún comentario sobrenatural y ofrecernos alguna reflexión con la que enriquecer nuestra vida de hijos de Dios.` Era una clara manifestación de cómo toda su vida giraba en torno de la vida y de las palabras de Jesús,.que él conocía profundamente y meditaba a diario. Y es que su vida estaba como anclada en una profunda conciencia de su “filiación divina”, que le llevaba a vivir una permanente “presencia de Dios”. Quienes le escuchaban, aunque sólo fuera por unos instantes, tenían la sensación de escuchar a Jesús, de haber disfrutado, de una experiencia a lo Emaús (…)

(…) Hizo de su vida una incansable y fecunda catequesis. Hablar de Dios -oportune e inoportune- con ocasión o sin ella, con el afán de atraer a todas las almas al conocimiento y al amor de Dios, era como una divina obsesión. Espíritu apostólico que con tanto afán procuró inculcar a sus hijos y que Dios bendijo con tan abundantes frutos a lo largo de los cinco continentes; decenas de miles de hijas e hijos suyos en el Opus Dei, y centenares de miles de otras almas que, atraídas por la santidad de su vida y por su espíritu, viven cerca de nosotros y participan de nuestros bienes espirituales y de nuestra alegría. Y el Señor quiso premiar, ya en vida su espíritu apostólico, permitiéndole conocer los frutos de este divino milagro del crecer, hasta hacerse árbol frondoso, de aquella pequeña semilla que el. Señor plantó, en su alma; al son de las campanas de “Nuestra Señora de los Ángeles”, caso único en la historia de los grandes fundadores… Luchar por poner a Cristo -“Regnare Christum Volumus”- en la cumbre de todos los trabajos y todas las actividades humanas honestas. Y nos señalaba el solo camino posible: responder, sin cálculo ni cicatería, a la santidad a la que todos los hombres hemos sido llamados por Dios. Esta llamada universal a la santidad, que nuestro santo fundador proclamó y que años después, reafirmó la Iglesia durante el Concilio Vaticano II. Queridísimos, que su ejemplo, e intercesión nos ayuden en nuestra lucha diaria por la santidad. Y que acudamos confiadamente a la Santísima Virgen, Madre de la Iglesia y “Señora Nuestra de la Paz”, para que esté siempre en nuestro camino y a nuestro lado. ¡Que ella nos alcance de su Hijo, conservar siempre nuestras almas en gracia y nuestras vidas llenas de alegría y de paz!”

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