Fiesta de san josemaría

Este viernes no te pierdas la fiesta de san Josemaría, seguro que en tu ciudad se celebrará una Misa a la que podrás unirte.

Ferrol: S. Julián (Concatedral), V 26, 20:30 h.

La Coruña:
Fátima, V 26, 18:00 h.
San Jorge, V 26, 20:00 h.

Santiago: Catedral, S 27, 13:00 h.

Lugo: Santiago “A nova”, J 25, 20:30 h.

Pontevedra: San José, V 26, 20:00 h.

Ourense: Sª María Nai, V 26, 20:15 h.

Vigo:
Santiago de Vigo, V 26, 12:30 h.
Fátima, V 26, 20:00 h.

Exposición “Un Santo en Datos”

Invitación Acto Inaugural en JPEG

La exposición sobre el futuro Beato, Mons. Álvaro de él Portillo, recorre la geografía española y el próximo 24 llegará a Galicia. Estará en Vigo del 24 de junio al 9 de julio, en el hotel Ciudad de Vigo.

El acto inaugural tendrá lugar a las 20:00h del día 24 y participarán Pablo Pérez López (Comisario de la Exposición), Teresa Sádaba (Portavoz de la Beatificación) y Jaime Cárdenas (delegado de la Oficina de Información del Opus Dei en Galicia).

Al final del acto se realizará una visita guiada a la Exposición.

Edición crítico-histórica de “Es Cristo que pasa”

Acaba de salir a la luz la edición crítico-histórica de Es Cristo que pasa, preparada por el teólogo Antonio Aranda. Se trata del cuarto volumen de la Colección de Obras Completas de Josemaría Escrivá de Balaguer, que el Instituto Histórico está promoviendo y que publica la editorial Rialp. El libro contiene dieciocho homilías del fundador del Opus Dei, con un amplio comentario histórico-teológico y anotaciones de crítica textual.

http://www.isje.org/publicada-la-edicion-critico-historica-de-es-cristo-que-pasa/

¡gracias!

Os doy las gracias por haber venido tan numerosos a esta última audiencia general de mi Pontificado. Os lo agradezco de corazón, estoy realmente conmovido. Veo la Iglesia viva. Pienso que tenemos que dar gracias al Creador, por el buen clima que nos ha regalado, cuando aún estamos en invierno.

Como dice el apóstol Pablo en el texto que hemos oído, también yo siento en mi corazón el deber, sobre todo, de dar gracias a Dios, que guía y hace crecer a la Iglesia, que siembra su Palabra y así alimenta la fe de su Pueblo. En este momento mi espíritu se alarga para abrazar a toda la Iglesia repartida por el mundo; doy gracias a Dios por las noticias que he podido recibir durante estos años de ministerio petrino sobre la fe en nuestro Señor Jesucristo, y sobre la caridad que circula verdaderamente en el Cuerpo de la Iglesia y la hace vivir en el amor, y sobre la esperanza que nos abre y orienta hacia una vida plena, hacia la patria del Cielo.

Os tengo a todos presentes en mi oración, en un presente que es el de Dios, donde recuerdo cada encuentro, cada viaje, cada visita pastoral. Uno en la oración a todo y a todos para encomendarlos al Señor: “para que Dios les haga conocer perfectamente su voluntad, y les dé con abundancia la sabiduría y el sentido de las cosas espirituales. Así podrán comportarse de una manera digan del Señor, agradándolo en todo, fructificando en toda clase de obras buenas” (Col. 1, 9-10).

En este momento, tengo una gran confianza, porque sé –lo sabemos todos- que la Palabra de Verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, su Vida. El Evangelio purifica y renueva, da fruto, allí donde la comunidad de los creyentes lo escucha y acoge la gracia de Dios en la verdad y vive en la caridad. Esta es mi confianza, esta es mi alegría.

Cuando el 19 de abril de hace casi ocho años acepté asumir el ministerio petrino, tuve una certeza que nunca me ha abandonado. En ese momento, como he explicado en otras ocasiones, las palabras que resonaron en mi corazón fueron: ‘Señor, ¿por qué me pides esto y qué me pides? Es un peso grande el que cargas sobre mis espaldas, pero si Tú lo pides, por tu Palabra echaré las redes, seguro de que Tú me guiarás, a pesar de todas mis debilidades’. Ocho años después, puedo decir que el Señor verdaderamente me ha guiado, ha estado cerca de mí, he podido sentir a diario su presencia. Ha sido un episodio en el camino que recorre la Iglesia en el que ha habido momentos de alegría y de luz, pero también momentos no fáciles; me he sentido como San Pedro con los Apóstoles en la barca en el lago de Galilea: el Señor nos ha dado tantos días de sol y brisa ligera, días en los que la pesca ha sido abundante; también hubo momentos en los que las aguas estaban agitadas y el viento era  contrario, como en toda la historia de la Iglesia, el Señor parecía dormir. Pero yo he sabido siempre que en esa barca está el Señor. He sabido siempre que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino suya y Él no dejará que se hunda. Es Él quien la conduce, ciertamente por medio de hombres que Él ha escogido porque así lo ha querido. Esta ha sido y es una certeza, que nada puede ensombrecer. Y por eso hoy mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios porque no ha quitado nunca ni a la Iglesia ni a mí su consuelo, su luz, su amor.

Estamos en el Año de la Fe, que he querido convocar para reforzar nuestra fe en Dios en un contexto que parece ponerlo cada vez más en un segundo plano. Querría invitar a todos a renovar una firme confianza en el Señor, a confiarnos como niños en los brazos de Dios, seguros de que esos brazos nos sostienen siempre y son quienes nos permiten a diario caminar a pesar del cansancio. Querría que cada uno se sintiera amado de ese Dios que nos ha dado a su Hijo y que nos ha demostrado su amor sin límites. Querría que cada uno experimentase la alegría de ser cristiano. Hay una bella oración para ser recitada por la mañana que dice: “Te adoro, Dios mío, y te amo con todo el corazón. Te doy gracias por haberme creado, por haberme hecho cristiano…”.

¡Sí, estamos contentos por haber recibido el don de la fe, el bien más valioso que ninguno nos puede arrebatar! Agradezcámoslo al Señor cada día, con la oración y con una vida cristiana coherente. Dios nos ama, pero espera que nosotros lo amemos también.

Pero no quiero dar las gracias únicamente a Dios. Un Papa no guía él solo la barca de Pedro, aunque él sea el primer responsable; yo nunca me he sentido solo al llevar la alegría y el peso del ministerio petrino; el Señor me ha puesto cerca a tantas personas que, con generosidad y amor a Dios y a la Iglesia me han ayudado y me han sostenido.

En primer lugar, vosotros queridos cardenales: vuestra sabiduría, vuestros consejos, y vuestra amistad han sido muy valiosos para mi; mis colaboradores, empezando por el Secretario de Estado que me ha acompañado con fidelidad durante estos años; la Secretaría de Estado y toda la Curia Romana, como también todos aquellos que, en las diferentes áreas, prestan su servicio a la Santa Sede: hay tantos rostros que no aparecen, que trabajan ocultos, pero en el silencio, en su dedicación diaria, con espíritu de fe y humildad han sido para mí una ayuda segura y fiable. Un puesto especial lo ocupa la Iglesia de Roma, mi diócesis. No puedo olvidar a mis hermanos en el Episcopado y Presbiterado, las personas consagradas y todo el Pueblo de Dios: en las visitas pastorales, en las audiencias y en los viajes he percibido siempre gran dedicación y afecto; pero al mismo tiempo yo también he querido mucho a todos y a cada uno, sin distinciones, con la caridad pastoral que existe en el corazón de cada Pastor, especialmente en el Obispo de Roma, en el sucesor del Apóstol Pedro.

Cada día he rezado por cada uno de vosotros, con el corazón de un padre. Querría que mi saludo y mi agradecimiento llegase a todos: el corazón de un Papa se alarga a todo el mundo. Querría dar las gracias al Cuerpo diplomático ante la Santa Sede, que hace presente la gran familia de las naciones. También me vienen a la cabeza quienes trabajan para las comunicaciones, a quienes agradezco por su importante servicio. Ahora querría también dar gracias de corazón a las numerosas personas en todo el mundo que, durante las últimas semanas, me han enviado muestras cariñosas de afecto, amistad y oración. Sí, el Papa nunca está solo: ahora lo experimento de forma tan clara que me toca el corazón. El Papa pertenece a todos y muchas personas se saben cercanas a él. Es verdad que recibo muchas cartas de los grandes del mundo –desde los jefes de Estado a los líderes religiosos, representantes del mundo de la cultura, etcétera-. Pero también recibo muchas cartas de personas sencillas que me escriben sencillamente con el corazón, y me hacen sentir su afecto, un afecto que nace de una vida junto a Cristo Jesús, en la Iglesia. Estas personas no me escriben como se escribe, por ejemplo, a un príncipe o a una personalidad que no se conoce. No, me escriben como hermanos o hermanas, como hijos e hijas, que se saben unidas por un lazo familiar muy afectuoso. Aquí se puede experimentar qué es la Iglesia: no una organización, no una asociación con fines religiosos o humanitarios, sino un Cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo, que une a todos. Experimentar la Iglesia de este modo y poder casi tocar físicamente la fuerza de su verdad y de su amor, es un motivo de alegría, en un tiempo en que tantos hablan de su declino.

En estos últimos meses he experimentado que mis fuerzas iban disminuyendo, y he pedido a Dios insistentemente, en la oración, que me iluminase con su luz para que pudiera tomar la decisión más justa, no por mi bien sino por el bien de la Iglesia. He dado este paso conociendo plenamente su gravedad y su novedad, pero también con una profunda serenidad de espíritu. Amar a la Iglesia significa también tener la valentía de tomar decisiones difíciles, sufridas, teniendo siempre presente el bien de la Iglesia y no el de uno mismo. Permitidme que vuelva de nuevo al 19 de abril de 2005. La gravedad de la decisión dependía justamente del hecho que desde ese momento me había comprometido siempre y para siempre con el Señor. Siempre: es decir, el ministerio petrino implica que uno no tiene ninguna privacidad. Pertenece siempre y totalmente a todos, a toda la Iglesia. A su vida le viene quitada, por así decirlo, la dimensión privada. He podido experimentar, y lo experimento precisamente ahora, que uno recibe la vida cuando la da. Antes he dicho que muchas personas que aman al Señor aman también al Sucesor de Pedro y le tienen mucha estima; que el Papa tiene verdaderamente hermanos y hermanas, hijos e hijas en todo el mundo y que se siente seguro en el abrazo de su comunión: porque no se pertenece ya a sí mismo, pertenece a todos y todos pertenecen a él. El “siempre” es también un “por siempre”, no se puede regresar a la vida privada. Mi decisión de renunciar al ejercicio activo del ministerio no cambia este aspecto. No regreso a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros, recibimientos, conferencia, etcétera. No abandono la cruz, sino que permanezco de un modo nuevo junto al Señor Crucificado. No poseeré ya la potestad del oficio para el Gobierno de la Iglesia, pero en el servicio de la oración me mantendré, por decirlo así, en el recinto de san Pedro. San Benito, cuyo nombre llevo como Papa, será siempre un grande ejemplo para mí en esto. Él nos mostró un camino hacia una vida que, activa o pasiva, pertenece completamente a la obra de Dios. Agradezco a todos y a cada uno también por el respeto y la comprensión con que habéis acogido esta decisión tan importante. Continuaré acompañando a la Iglesia en su camino con la oración y la reflexión, con la dedicación al Señor y a su Esposa que he intentado vivir hasta ahora cada día y que deseo vivir siempre.

Os pido que os acordéis de mi ante Dios, y especialmente que os acordéis de rezar por los Cardenales, llamados a una tarea tan importante, y por el nuevo Sucesor del Apóstol Pedro: que el Señor lo acompañe con la luz y la fuerza de su Espíritu.

Invocamos la materna intercesión de la Virgen María Madre de Dios y de la Iglesia, para que acompañe a cada uno de nosotros y a toda la comunidad de la Iglesia. A ella nos confiamos, con profunda confianza.

¡Queridos amigos! Dios guía a su Iglesia, la sostiene siempre también y especialmente en los momentos difíciles. No perdamos de vista esta visión de fe, que es la única visión verdadera en el camino de la Iglesia en el mundo. En nuestro corazón, en el corazón de cada uno de vosotros, haya siempre la alegre seguridad que el Señor está junto a nosotros y no nos abandona, está cerca y nos envuelve con su amor. ¡Gracias!

Pobres y ricos están en el Opus Dei

José de Jesús Tirado, Arzobispo emérito de Monterrey (México), A.M. (Celaya, México), 26.VII.1992

El Arzobispo de Monterrey, Monseñor José de Jesús Tirado, accedió a contestar 18 preguntas que se le plantearon acerca del Opus Dei.

1.-¿Qué es el Opus Dei?

Arzobispo: Consiste en algo muy sencillo: tener como principio el compromiso de ser santo trabajando bien y ofreciéndolo a Dios, no importa qué trabajo sea, todos caben: el dependiente de una tienda, el que barre la tienda y el dueño.

Todo tipo de personas: un obrero, una empleada doméstica, una madre de familia, un ingeniero…

La labor del Opus Dei consiste también en acercar a otros a Dios. Por ejemplo, al hijo o al compadre le hablan de Dios y lo acercan a los sacramentos. Es ser apóstoles tomo siempre hemos sido los cristianos, pero ahora debemos serlo más porque nos hace mucha falta.

2.-¿Se sabe quiénes son del Opus Dei?

Arzobispo: Sí se sabe; pero no lo dicen por que es gente a quienes no les gusta el ruido. Bueno no tiene por qué irlo diciendo, porque son católicos como cualquier otro.

3.-Entonces, señor Arzobispo. ¿qué diferencia hay entre un cristiano que es del Opus Dei y uno que no lo es?

Arzobispo: No hay diferencia, bueno.., la diferencia está en la seriedad con que se busca la santidad. Porque ordinariamente un cristiano por la mañana se levanta, se desayuna v se va a su trabajo; uno del Opus Dei, en cambio, además de cumplir con las obligaciones de su trabajo -el que sea- va a la Santa Misa, hace un rato de oración o lee el Evangelio.

Muchos rezan el rosario en la calle o en el camión y nadie se da cuenta. Son iguales a todos pero rezan más y ayudan a su familia, a su amigo, vecino, a su compañero de trabajo, a ser mejor católico.

4.- Y el Opus Dei ¿qué hace con sus miembros?

Arzobispo: El Opus Dei tiene la obligación de presentarles los medios para que sean santo: de darles -sean hombres o mujeres- lo que llamaríamos la formación que necesitan para que puedan vivir una vida santa en medio de la calle.

5.- Entonces, señor Arzobispo, ¿qué relación tiene el Opus Dei con la actuación de sus miembros en su familia, en su trabajo, en la política, etc?

Arzobispo: El Opus Dei es muy amigo de la libertad y forma a sus miembros con un sentido de responsabilidad cristiana para que ellos actúen libremente en todos los terrenos, sin representar al Opus Dei en ningún momento y mucho menos en su vida de trabajo o en la política.

Así, sí uno del Opus Dei decide hacer política, es él libremente quien actúa y deberá responder él y sólo él de sus actos; porque el Opus Dei no tiene nada que ver con eso. Sólo le interesa que sus miembros lleven una vida auténticamente cristiana.

6.- ¿Por qué los del Opus Dei hablan tanto de su Fundador?

Arzobispo: Es muy lógico y razonable por que ellos consideran a su Fundador como su padre en el espíritu, y por tantas cosas buenas que han surgido de su vida y de sus enseñanzas.

Ahora se ha iniciado el proceso de canonización y yo creo que es un santo, que ya no sólo es del Opus Dei sino de toda la Iglesia.

¿SECRETOS EN EL OPUS DEI?

7.-No falta gente que dice que el Opus Dei es poco transparente, que tiene secretos, ¿qué nos puede decir de esto?

Arzobispo: El Opus Dei no tiene secretos. Bueno, los que son sacerdotes tienen el secreto de la confesión, pero no por ser del Opus Dei sino porque son sacerdotes. Yo conozco al Opus Dei y sé bien lo que son y sé que no hay secretos.

EL PODER

8.-A veces se oye decir que el Opus Dei tiene mucho poder, que controla algunos puestos importantes en la sociedad. ¿qué nos puede decir sobre esto?

Arzobispo: Desde luego el Opus Dei no controla poderes. Supongamos que uno del Opus Dei es diputado; pues el Opus Dei no se hace responsable de lo que ese individuo haga o no haga.

Él como cristiano tiene responsabilidad tiene todos los derechos y todas las obligaciones de cualquier cristiano. El poder del Opus Dei es la oración, porque rezan mucho.

9.-Señor Arzobispo, ¿por qué a veces se dice que los del Opus Dei son muy conservadores o tradicionalistas?

Arzobispo: El Opus Dei no es una rama conservadora ni tradicionalista, ni se le puede poner ninguna etiqueta. El Opus Dei sostiene lo mismo que sostiene la Iglesia, de manera que quien lo califica de tradicionalista o conservador comete un error, porque el es una institución de mentalidad católica.

Está plenamente adherida a las determinaciones del Magisterio cíe la Iglesia, por ejemplo, del Concilio Vaticano II, las de Pablo VI y las del papa actual que nos gobierna. ¿Que cuáles son estas determinaciones?: estar clamando en oración y sacrificio para solucionar los problemas del mundo, para ser mejores cristianos todos.

10.-Señor Arzobispo, en concreto ¿qué apostolados promueve el Opus Dei en la diócesis?

Arzobispo: El principal apostolado que promueve es que cada uno de los del Opus Dei, es -en la fábrica, en el taller, en la universidad, en la oficina- un ejemplo vivo de vida cristiana.

Sin embargo, dirige espiritualmente, por ejemplo, tiene una escuela que se dedica a la formación de las muchachas qee dan servicio a las familias -se llaman trabajadoras del hogar- y ahí va como 300 alumnas que llegan sin saber leer ni escribir, salen graduadas de secundaria y son mejores cristianas.

Para hombres tienen un centro de formación para obreros. También hay residencias para estudiantes universitarios. están haciendo un edificio grande en la del Valle, que va a ayudar mucho. También dan catecismo a niños en barrios pobres, y se presentan como lo que son, estudiantes que quieren cooperar con esto y a los párrocos les sirve mucho esta labor de universitarios.

NO SOLO HAY RICOS

11.-¿Se podría decir que el Opus Dei es elitista o rico?

Arzobispo: El Opus Dei no es un grupo elitista, porque realmente, te voy a decir, puede entrar cualquiera. Los obreros, gente humilde, pero también hay médicos. ingenieros, empleados, de todo.

Así que no es elitista. Ahora. que sea rico… el Opus Dei no es rico, mucha gente ayuda al Opus Dei, y con eso sacan apostolados y los sostienen.

Lo que pasa es que si una persona rica es del Opus Dei llama la atención, y nadie se fija -en cambio- si un obrero es del Opus Dei y si es pobre. Igual que la Iglesia que no es rica, aunque hay pobres y ricos.

12.-Entonces, ¿de dónde saca el Opus Dei dinero?

Arzobispo: Pues primero del trabajo de los que son del Opus Dei. Cada uno aporta lo que puede y con esto se promueven apostolados.

También obtienen medios de mucha gente que no son de la Obra pero que quieren y aprecian su trabajo: son los cooperadores del Opus Dei, que son muchos.

13.-Pero. ¿las casas en donde viven algunos del Opus Dei no le parecen lujosas?

Arzobispo: Bueno, la pobreza no consiste en no tener o en tener casa mal cuidadas. La pobreza es no apegarse a las cosas que se tienen; así cada uno sabrá si vive o no en la pobreza, no importa que tengan mucho o poco: Nos apegamos nosotros, por ejemplo al peso mexicano mientras que vale… hoy que no vale, no nos apegamos.

PRELATURA PERSONAL

14.-Recientemente se dio a conocer la noticia de que el Papa Juan Pablo II decidió erigir al Opus Dei en Prelatura Personal, ¿qué significado tiene que el Papa haya hecho del Opus Dei una Prelatura Personal?

Arzobispo: Si como no… antes que otra cosa quisiera que el fenómeno pastoral del Opus Dei quedara bien claro, pues por ser una novedad jurídica y apostólica sobre la que no estamos acostumbrados, puede resultar difícil de entender.

En la Iglesia no había nada parecido. Me parece que es la Primera Prelatura personal erigida por la Santa Sede. Bueno, hay otras, pero no son personales, sino jurisdiccionales para un territorio. Pero esta es Personal.

Primero hay que decir que el Opus Dei no es una orden, ni una congregación religiosa; es decir: no salen del mundo. No es tampoco una asociación apostólica como la Acción Católica: es decir, no son un grupo, ni actúan nunca como grupo. Viven y van a las parroquias y asisten a cualquier parte y trabajan en todos lados.

Lo que hacen es actuar como cristianos en su trabajo o en la oficina o donde estén. Se esfuerzan en ser buenos católicos y el Opus Dei los ayuda a lograrlo.

Hay que aclarar que es una Prelatura, no una diócesis, ni una parroquia, es una prelatura pero no tiene límites de geografía como las que hay en otros lados, como en Chihuahua y en Durango.

Es Prelatura, pero es personal, es decir, la forman personas que quieren vivir de acuerdo a lo que el Opus Dei promueve.

La Prelatura le da una estructura definida. Están bajo la jurisdicción de un prelado que depende directamente de la Santa Sede. Actualmente el Prelado es Monseñor Alvaro del Portillo, puesto por el Papa, un hombre muy capaz, muy inteligente, que estuvo junto al Fundador durante mucho tiempo.

Entonces el Prelado dirige todo para lograr los fines estrictamente espirituales y apostólicos que el Opus Dei persigue. En todo lo demás, somos los obispos los que gobernamos por igual a los cristianos de la Diócesis, sean o no del Opus Dei. por que todos son iguales.

Esto quiere decir, que los del Opus Dei se atienen al obispo en todo, como cualquier otro cristiano, y en lo que se refiere a los fines y a los medios propios de la Prelatura, en esto los dirige el Prelado.

15.- Por último, señor Arzobispo, en el contexto de la Iglesia Católica, ¿qué opinión tiene usted sobre el Opus Dei?

Arzobispo: Yo conozco al Opus Dei desde hace mucho tiempo. Es una institución muy oportuna para formar a la gente en este mundo para que lleguen a la santidad.

Hay solteros, casados, viudos, de todo, y todos ayudan. Es algo muy oportuno en la Iglesia pues todo su mensaje va sobre el trabajo en medio del mundo. Sé que tiene muchos frutos, hay muchas vocaciones y han crecido mucho y ya está el Opus Dei en todo el mundo.

Yo creo que con los años tendrá mucha importancia en la Iglesia, pues ayudará a que haya mucha gente buena. El Opus Dei está haciendo mucho bien al mundo y en nuestro caso a Monterrey.