Moneda de cinco duros – Camino y el espíritu del Opus Dei (n.20)

CAMINO – Carácter – Punto 20
Chocas con el carácter de aquel o del otro… Necesariamente ha de ser así: no eres moneda de cinco duros que a todos gusta. Además, sin esos choques que se producen al tratar al prójimo, ¿cómo irías perdiendo las puntas, aristas y salientes —imperfecciones, defectos— de tu genio para adquirir la forma reglada, bruñida y reciamente suave de la caridad, de la perfección?
Si tu carácter y los caracteres de quienes contigo conviven fueran dulzones y tiernos como merengues no te santificarías.
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>CAMINO – Carácter – Punto 2
Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo.
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EDICIÓN CRÍTICA
El punto 2, escrito un mes antes que el punto 1º, procede también del Cuaderno V escrito por San Josemaría [1]. He aquí el texto:
«Ayer por la mañana, en la calle de Santa Engracia, cuando iba yo a casa de Romeo, leyendo el cap. segundo de San Lucas, que era el que me correspondía leer, encontré a un grupo de obreros. Aunque yo iba bastante metido en mi lectura, oí que se decían en voz alta algo, sin duda preguntando qué leería el cura. Y uno de aquellos hombres contestó también en voz alta: ‘la vida de Jesucristo’.
Como mis evangelios están en un libro pequeño, que llevo siempre en el bolsillo, y las cubiertas forradas con tela, no pudo aquel obrero acertar en su respuesta, más que por casualidad, por providencia. Y pensé y pienso que ojalá fuera tal mi compostura y mi conversación que todos pudieran decir al verme o al oírme hablar: éste lee la vida de Jesucristo».
El «ojalá» aparece en el Cuaderno como lo que fue: un toque del Espíritu Santo en el alma de San Josemaría en orden a la propia vida. Al redactar Camino, oculta la peripecia personal y traslada la requisitoria divina a todos los lectores.
Los puntos 1 y 2 forman una estrecha unidad. Ahora este punto 2 proclama que la misión y la tarea apostólica antes descritas han de ser ante todo transparencia del Evangelio, presencia de Cristo que los demás «reconocen» en el cristiano.
Habría que poner en relación esta experiencia con la doctrina de San Josemaría,, incoada ya en Camino (vid los puntos 687 y 947) y desarrollada posteriormente, sobre el cristiano –no sólo el sacerdote (vid el punto 66 y el comentario al punto 67)– «alter Christus», «ipse Christus»: el cristiano tendría que ser, como reza el título de uno de sus libros, «Cristo que pasa».

[1] Apuntes íntimos, nº 521, 30-XII-1931. Ese mismo día San Josemaría transcribió a continuación el punto 98.