Subir a base de no tener nada – Camino n.41

¡Qué modo tan trascendental de vivir las necedades vacías y qué manera de llegar a ser algo en la vida —subiendo, subiendo— a fuerza de «pesar poco», de no tener nada, ni en el cerebro ni en el corazón!

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EDICIÓN CRÍTICA

No hay contextos documentales de este punto. Por el tipo de octavilla –dorso en blanco, papel de muy mala calidad, tinta aguada– estimamos que fue redactada en Madrid, durante la estancia de San Josemaría en la Legación de Honduras, durante la guerra civil española. Son diez los puntos consecutivos (puntos 41-50) que tienen este origen.

Se inscribe esta consideración en el conjunto de reflexiones, de tanta agudeza psicológica, que brindaba a San Josemaría la galería de tipos humanos con los que debía necesariamente convivir en el hacinamiento de aquella Legación [1].

Muchas de las actitudes que observaba se le aparecían frontalmente opuestas al sentido de una vida vivida para Dios y las apuntaba: quería prevenir a los jóvenes que le rodeaban.

Otras veces es su lucha interior –y la de los suyos– en aquel ambiente la que se refleja en este bloque.

[1] Escribe, no sin humor, Ibáñez Langlois a propósito de este punto 41:

«Este fenómeno, que hoy llamaríamos de ‘capilaridad’ social y cultural por ‘propulsión al vacío’, era tan propio del contexto social de aquellos años treinta como de nuestra sociedad actual»

(J. M. IbAñez Langlois, Josemaría Escrivá como escritor, [2002], pg 17).

Camino n. 40: fe, alegría, optimismo

Fe, alegría, optimismo. —Pero no la sandez de cerrar los ojos a la realidad.
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EDICIÓN CRÍTICA

«Me parece recordar –escribía en 1938 el Prof. Jiménez Vargas, entonces alférez médico– que yo escribí una cosa así en una carta a Burgos. Seguramente con motivo de la ingenuidad de alguno» [1].

La misiva en cuestión iría redactada con el estilo característico de Jímenez Vargas, que divertía tanto a San Josemaría.

Esa carta dirigida a San Josemaría, cuando éste se encontraba en Burgos durante la contienda, no se conserva, pero sí esta otra de San Josemaría a Jiménez Vargas, que, aunque trata de otro tema, parece aludir a la carta anterior:

«Hay más de una docena de académicos y catedráticos que firman una circular, que se ha traducido al alemán, francés, inglés e italiano, para pedir libros para el 50 [2]. Esperamos resultado. No olvides, por eso, que mi optimismo no me aparta de la realidad».

San Josemaría continúa hablándole de la realidad verdadera:

«¿Y, de ti, qué voy a decirte? Que es menester que, cada día, tengas trato más íntimo con D. Manuel [Dios Nuestro Señor, en el lenguaje cifrado que debía emplear durante aquellos tiempos de guerra] y su Madre: que te preocupes del abuelo [el propio San Josemaría] y de tus hermanos [los demás de la Obra]: que estés decidido a todos los sacrificios, por sacar adelante nuestra Casa [la futura residencia de Madrid]: y que empujes, por ese mismo camino de entregamiento y abnegación, a toda la familia» [3].

De ese diálogo epistolar debió salir un apunte, tal vez de agenda, que es el que estaría en la base de este punto40. El caso es que ya encontramos el texto en un guión de meditación de septiembre de 1938 [4]:

«Et omnia quaecumque petatis in oratione, credentes…» Fe. Alegría. Optimismo. – Pero, no la sandez de cerrar los ojos a la realidad».

¿Podría ya haber estado entonces redactada la «gaitica»? El tenor literal del manuscrito de Burgos invita a pensar que fue redactada en diciembre de 1938 o enero de 1939 a partir del guión, como en otros muchos casos.

Vid el punto 378, incluido ya en la edición de Cuenca. Ambos puntos enmarcan la concepción del optimismo cristiano que atraviesa todo el libro.


[1] Relato del 77, pg 3.

[2] Manera familiar de designar a la Residencia de estudiantes que, antes de la guerra, estuvo en Ferraz nº 50 y que San Josemaría planea volver a abrir en Madrid cuando termine la guerra. La petición de libros (a Universidades y organismos del extranjero) a la que aquí alude ocupó un lugar significado en la actividad de San Josemaría y los suyos en Burgos y se reflejará en otros puntos de Camino. Vid el comentario al punto 467.

[3] Carta de San Josemaría Escrivá a Juan Jiménez Vargas, Burgos 23-III-1938; EF 380323-1. El subrayado es mío.

[4] Meditación «Stabant iuxta Crucem (Joann. XIX, 25)», Vitoria 19-IX-1938, predicada a las teresianas; guión nº 114.

Fe, alegría, optimismo – Camino n.40

Carácter · Punto 40
Fe, alegría, optimismo.
—Pero no la sandez de cerrar los ojos a la realidad.

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EDICION CRÍTICA

«Me parece recordar –escribía en 1938 el Prof. Jiménez Vargas, entonces alférez médico– que yo escribí una cosa así en una carta a Burgos. Seguramente con motivo de la ingenuidad de alguno» [1].

La misiva en cuestión iría redactada con el estilo característico de Jímenez Vargas, que divertía tanto a San Josemaría.

Esa carta dirigida a San Josemaría, cuando éste se encontraba en Burgos durante la contienda, no se conserva, pero sí esta otra de San Josemaría a Jiménez Vargas, que, aunque trata de otro tema, parece aludir a la carta anterior:

«Hay más de una docena de académicos y catedráticos que firman una circular, que se ha traducido al alemán, francés, inglés e italiano, para pedir libros para el 50 [2]. Esperamos resultado. No olvides, por eso, que mi optimismo no me aparta de la realidad».

San Josemaría continúa hablándole de la realidad verdadera:

«¿Y, de ti, qué voy a decirte? Que es menester que, cada día, tengas trato más íntimo con D. Manuel [Dios Nuestro Señor, en el lenguaje cifrado que debía emplear durante aquellos tiempos de guerra] y su Madre: que te preocupes del abuelo [el propio San Josemaría] y de tus hermanos [los demás de la Obra]: que estés decidido a todos los sacrificios, por sacar adelante nuestra Casa [la futura residencia de Madrid]: y que empujes, por ese mismo camino de entregamiento y abnegación, a toda la familia» [3].

De ese diálogo epistolar debió salir un apunte, tal vez de agenda, que es el que estaría en la base de este punto40. El caso es que ya encontramos el texto en un guión de meditación de septiembre de 1938 [4]:

«Et omnia quaecumque petatis in oratione, credentes…» Fe. Alegría. Optimismo. – Pero, no la sandez de cerrar los ojos a la realidad».

¿Podría ya haber estado entonces redactada la «gaitica»? El tenor literal del manuscrito de Burgos invita a pensar que fue redactada en diciembre de 1938 o enero de 1939 a partir del guión, como en otros muchos casos.

Vid el punto 378, incluido ya en la edición de Cuenca. Ambos puntos enmarcan la concepción del optimismo cristiano que atraviesa todo el libro.


[1] Relato del 77, pg 3.

[2] Manera familiar de designar a la Residencia de estudiantes que, antes de la guerra, estuvo en Ferraz nº 50 y que San Josemaría planea volver a abrir en Madrid cuando termine la guerra. La petición de libros (a Universidades y organismos del extranjero) a la que aquí alude ocupó un lugar significado en la actividad de San Josemaría y los suyos en Burgos y se reflejará en otros puntos de Camino. Vid el comentario al punto 467.

[3] Carta de San Josemaría Escrivá a Juan Jiménez Vargas, Burgos 23-III-1938; EF 380323-1. El subrayado es mío.

[4] Meditación «Stabant iuxta Crucem (Joann. XIX, 25)», Vitoria 19-IX-1938, predicada a las teresianas; guión nº 114.

Cumplir ese hermoso propósito – Camino n.39

Carácter – n. 39
«Pida que nunca quiera detenerme en lo fácil».
—Ya lo he pedido.
Ahora falta que te empeñes en cumplir ese hermoso propósito.
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EDICIÓN CRÍTICA
El origen de este punto es una carta de Ginés Albareda en la que daba noticia a San Josemaría de su inmediato viaje a América [1]. Dice así:

«Querido Padre: Hasta pronto. Embarco mañana en Boulogne. El mundo es pequeño… […] Encomiéndeme a Dios y ruegue por todos mis anhelos y porque nunca quiera detenerme en lo fácil» [2].

La idea gustó a San Josemaría y pasó inmediatamente a «Noticias» de noviembre de 1938. Debidamente apostillada, dio lugar al punto de Camino [3].

Éste punto es el primero que encontramos de una serie –repartida a lo largo de todo el libro– en la que San Josemaría conversa con los lectores sirviéndose de un previo diálogo epistolar con amigos y personas que se dirigían espiritualmente con él.


[1] Ginés, en otro anterior viaje a América, trajo la pequeña máquina de escribir con la que San Josemaría mecanografió personalmente el texto de Camino que llevó a la imprenta.

Ginés Albareda en su madurez

[2] Carta de Ginés Albareda a San Josemaría Escrivá, París 25-X-1938; AGP, sec E, carp 724, exp 5.

[3] La carta y la expresión de Ginés Albareda debió ser comentada por el Autor de Camino con el grupo de miembros del Opus Dei que estaba en Burgos. Tal vez les leyó la carta, como hacía con frecuencia, en reunión familiar.

Digo esto porque Álvaro del Portillo, que escribió por encargo de San Josemaría un detallado relato de cómo se pasó (octubre del 38) a la zona nacional con otros dos compañeros (Eduardo Alastrué y Vicente Rodríguez Casado), termina su relato con estas palabras:

«Después de esta jornada, que ha sido –ya que ahora tan de moda están los cursillos– como uno [un cursillo] práctico de confianza en Dios,sólo es menester, como dice Ginés, que nunca nos queramos detener en lo fácil. Lo demás sabemos positivamente y, desde ahora de modo especialmente práctico, que se nos dará por añadidura»

(Álvaro del Portillo, De Madrid a Burgos pasando por Guadalajara, relato manuscrito; AGP, sec B-1, leg 50, carp 3; la cursiva es mía). Por lo demás, el dato ayuda a fechar el relato de Mons. del Portillo, que hay que situar en los primeros días de noviembre de 1938.

Carácter – Camino n.38

¿Será verdad —no creo, no creo— que en la tierra no hay hombres sino vientres?

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EDICIÓN CRÍTICA

El texto a partir del cual San Josemaría redacta el punto está a la letra en la colección de «Noticias» [1]. En el número del mes de marzo, escribía:

«¡Ah! También necesitamos cincuenta hombres que amen a Jesucristo sobre todas las cosas. –¿Será verdad –no creo, no creo–, que en la tierra no hay hombres, sino vientres?» [2].

En el mes de abril San Josemaría volvía a la carga:

«¿Sabéis que está en pie aquella pregunta, que os hice el otro día? ¿Hombres? En la tierra hay más vientres que hombres… Dime, hijo: Tú… ¿qué? J. Mª» [3].

Nótese cómo el mensaje y el impacto de este punto se concentra en el uso metonímico de la palabra «vientre».

[1] Así llamaban a la carta de estilo familiar, tirada a velógrafo, que mensualmente enviaba San Josemaría desde Burgos, donde residía, a más de cien universitarios –de la Obra o en relación con la Obra– repartidos por los frentes de guerra.

[2] «Noticias», Burgos, marzo 1938, pg 5; AGP, sec A, leg 3, carp 3. La primera parte del texto es el origen del p/806.

[3] «Noticias», Burgos, abril 1938, pg 1; AGP, sec A, leg 3, carp 3.