Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei

Adolfo Rodríguez Vidal, obispo de Los Ángeles (Chile), La Época (Santiago de Chile), 17.5.92; El Sur (Concepción, Chile), 17.5.92

Mons. Adolfo Rodríguez, Obispo de Los Ángeles

Por Isabel Larraín C.

Es indudable que tiene un tesoro dentro. Y que no le gusta nada mostrarlo. Porque después de más de 5 años de servir a Dios en el Opus Dei, sigue siendo igual de reservado y austero que el primer día en que conoció a monseñor Escrivá de Balaguer en el Madrid de 1940.

– Fue un sábado, y de esa entrevista con monseñor Escrivá recuerdo que es, tuvo muy cariñoso, pero no pasó -ese día- nada especial, fue la típica conversación de toma de contacto. Días después asistí por primera vez a la Bendición con el Santísimo que impartió monseñor Escrivá a un grupo de universitarios; fue algo para mí muy impresionante. Me impactó enorme mente cómo tomaba la custodia, cómo hacía con ella la señal de la cruz, sus genuflexiones… Yo había asistido a otras bendiciones en mi tiempo de colegial, pero nunca había visto la de un santo: me impresionó su piedad, que le salía por los poros.

En ese entonces, D. Adolfo Rodríguez Vidal, actual obispo de Los Angeles, no sabía nada del Opus Dei ni del camino que Dios le tenía reservado, el que ha recorrido sin pausa, fiel al encargo de su fundador de traer la obra a Chile. Aquellos que lo conocen desde hace ya muchos años destacan por sobre todo su humildad y su reciedumbre, que lo llevan a ni siquiera querer hablar de lo que ha sido su vida. Un poco incómodo, pero siempre sonriente, acepta contar algo de todos esos recuerdos que lleva en el interior.

– ¿Cómo conoció el Opus Dei? ¿Qué fue lo que más le atrajo, teniendo en cuenta que estaba recién comenzando y había poco que ver, lo que hacía más difícil entenderlo?

– Al término de la guerra civil española, en el año 39, las universidades que habían estado cerradas volvieron a abrirse y yo me fui a Madrid a preparar mi ingreso a la Escuela de Ingeniería Naval. Durante ese período, uno de mis compañeros me invitó a ir una tarde a la única residencia universitaria del Opus Dei que existía y me presentó al Padre: así llamábamos a monseñor Escrivá. Ya he dicho cómo me impactó la piedad de su liturgia. Volví con frecuencia, a estudiar a su biblioteca y a conversar con otros universitarios, y un día, el mismo que me había invitado me invitó a pasear y me explicó la posibilidad de una entrega definitiva en la Obra. Yo lo pensé durante unas semanas, recé, medité y el día en que cumplí los 20 años -fue una casualidad, no algo buscado- hablé con el Padre, le pedí que me admitiera y él me aceptó: Era el 20 de julio de 1940. Aunque entonces éramos todavía muy pocos, el trato con el Padre nos hacía darnos cuenta de que aquello era algo muy serio, muy importante, que suponía un compromiso para siempre. Yo vi que el Señor quería eso y yo estaba dispuesto.

– Entre los primeros de la Obra surgió la costumbre de llamar al fundador “Padre”: ¿Usted veía en él a un verdadero Padre?

– Yo no soy “de los primeros de la Obra”. Cuando llegué a ella entendí por qué mis amigos que me precedieron me hablaban siempre de “El Padre”. Y por supuesto no me costó nada llamarle así porque en verdad lo era (como lo es ahora, y lo será siempre, quien haga cabeza en el Opus Dei). Cuando comencé a estudiar mi carrera de ingeniería y me fui a vivir a un Centro de la Obra, el Padre vivía ahí, con nosotros. Estábamos muy cerca de él. No había todavía sacerdotes del Opus Dei y el Padre se volcaba de cariño con nosotros: estábamos muy cerca de él. Cuando estaba en Madrid -viajaba mucho entonces por España, sembrando-, solía subir a acompañarnos en ratos de descanso y vida de familia, y se palpaba la entrega que tenía, las alegrías y también las preocupaciones por nosotros y por la Iglesia. Esos dos años en “Diego de León” -así se llamaba la calle y así llamábamos a la casa- fueron muy importantes para nosotros por la presencia del Padre.

– El hecho de haber conocido a monseñor Escrivá y haber vivido junto a él, ¿de qué manera influyó en su vida espiritual?

-En todo, ¡absolutamente en todo! Yo y todos tratábamos de ser buenos cristianos, pero cuando le oíamos predicar -porque ocasionalmente nos enseñaba a meditar, nos predicaba un retiro, nos hablaba familiarmente de Dios, de la Virgen, de la Iglesia…- yo. y todos quedábamos con un entusiasmo muy grande y con muchas ganas de no hacer tonteras ni perder el tiempo en el estudio y en el apostolado. Doy muchas gracias a Dios por haberlo conocido en esa época. Oírlo predicar era impactante y comprometedor.

– ¿Porqué motivo la Causa de Beatificación de monseñor Escrivá ha ido tan rápido? ¿Se debe, acaso, a algún tipo de influencia que el Opus Dei pueda tener dentro de la Iglesia?

La lentitud con que antes se tramitaban los procesos de beatificación fue corregida, ya en el Concilio, por el Papa Pablo VI, quien simplificó mucho algunos trámites. La idea ha sido consecuencia, por una parte, de los medios más rápidos para las informaciones y procesos, por ejemplo, los legajos no están escritos a mano sino en computadoras, etc. Pero sobre todo se trata de presentar modelos de santidad “actuales”, ya que los santos no son solamente intercesores sino también ejemplos. Y cuanto más cercano sea el ejemplo, mayor será su eficacia. De hecho hay ahora en tramitación muy avanzada la beatificación de una madre religiosa venezolana fallecida en los años ’80 de este siglo. En Chile, Teresa de Los Andes fue beatificada en un tiempo que, para los santos de otras épocas ¡sería muy corta!, y la beatificación del P. Hurtado, si tuvo un comienzo lento (murió antes del Concilio, es decir su proceso se inició con los trámites más lentos) ahora está ya próxima a una decisión positiva. El papa Juan Pablo II ha impulsado esta “política” de un trámite más rápido aunque siempre con la seriedad que exige algo tan importante para la Iglesia.

– ¿Qué significa para la Iglesia Universal la beatificación de monseñor Escrivá de Balaguer? ¿Qué supone para el Opus Dei?

“La Iglesia beatifica y santifica a los santos, no para que ellos se alegren en el Cielo sino para que nos ayuden a quienes todavía estamos muy lejos de ese Cielo, pero aspiramos a llegar a él. Los santos nos ayudan de dos maneras: intercediendo por nosotros ante el Señor y sirviéndonos a nosotros de ejemplo: al beatificar a monseñor Escrivá la Iglesia nos está diciendo que es un intercesor y un modelo. Para el Opus Dei, obviamente, eso es de extraordinaria importancia. Con esa beatificación queda claro que la santificación se puede lograr a través de una vida de trabajo y que la vida “corriente” de unos esposos, de unos trabajadores, de cualquier cristiano “normal”, es un camino de santificación. ¡Esa fue la enseñanza de monseñor Escrivá!

Chile y el Opus Dei

D. Adolfo Rodríguez era un sacerdote recién ordenado el año 1950, cuando recibió un llamado del Consiliario del Opus Dei en España pidiéndole que fuera a verlo a Madrid. Una vez reunidos, éste le entregó una carta de monseñor Escrivá de Balaguer, desde Roma: “Era breve -recuerda D. Adolfo- y en ella me preguntaba si estaba dispuesto a irme a Chile y, al final -se ríe al recordarlo- decía: “El. viaje será muy pronto Tan sólo un mes después partió, llegando a nuestro país el 4 de marzo, solo y sin ningún medio material.

– ¿Qué pensó Ud. cuando monseñor Escrivá le pidió que viniera a Chile?

Nunca había pensado en partir a otro país, pero estaba dispuesto. El Opus Dei no tenía medios para ayudarme, pero el padre no sólo era audaz, también era prudente. Unos meses antes había enviado a D. Pedro Casciaro con dos o tres miembros más de la obra, a hacer un recorrido por toda América. En Santiago se contactaron con mucha gente y, cuando me tocó partir de España, me entregaron una lista de personas que podrían ayudarme.

– ¿Cómo comenzó el trabajo del Opus Del en nuestro país?

El entonces Arzobispo de Santiago, monseñor José María Caro, había almorzado hacía algún tiempo con el padre en Roma, y ahí habían hablado de la posibilidad de iniciar la labor en Chile. Monseñor Caro se ofreció entonces para alojar en su casa al primer sacerdote que llegara. Yo viví el primer mes con él -en Mac-Iver, frente a La Merced- y el Arzobispo de Santiago fue una enorme ayuda para mí. Organizó, incluso, diversas reuniones en las que pude conocer a muchas personas. Me presentó a D. Carlos Casanueva, entonces rector de la Universidad Católica, y a través de él a hacer clases de Mecánica Racional en la Escuela de Ingeniería de esa universidad; hice otras clases en la U. de Chile y pude conocer a muchos jóvenes. También me pidió que ayudara a confesar a los alumnos de colegios de la Iglesia en la Fundación de Santo Tomás de Aquino. Todo ello fue muy útil para mi rápida y hermosa identificación con mi nuevo país. Guardo una inmensa gratitud para las muchas familias y personas que me ayudaron en aquellos primeros meses y más tarde, haciendo posible la labor que el padre esperaba de Chile.

En aquella época D. Adolfo necesitaba de toda la ayuda posible. Quienes lo conocieron por aquel entonces sabían que vivía momentos económicamente muy difíciles, pero recuerdan que no se le notaba. Su casa estaba siempre bien, limpia y acogedora. El primer año lo pasó solo -sin otros miembros de la obra- pero en un departamento en la Alameda que había arrendado y que convirtió en la primera Residencia Universitaria del Opus Dei en Chile. Según D. Adolfo, la casa era “pésima” y había mucho que hacer para mantenerla.

-¿Es verdad que Ud. hacía hasta las camas en esa primera residencia?

Las camas precisamente no… pero sí muchas cosas. Quien tuvo que hacer las camas de los residentes fue -en la primera residencia del Opus Dei nuestro padre, en Madrid.

-¿Cómo fue su relación con monseñor Escrivá durante los comienzos en Chile?

“El Padre me escribía con cierta frecuencia y en alguna carta me ayudaba a corregir algunas cosas, se preocupaba mucho de mí. Estaba pendiente de mí, no cabe duda. Era precisamente en la época en que él con D. Alvaro y el consejo estaban con mucho trabajo por la expansión de la obra, en Roma y en otros países, de modo que es de mucho agradecer esa preocupación”.

-Varios años después monseñor Escrivá viajó a Chile, concretamente en junio de 1974. Usted estuvo muy cerca de él durante la visita. ¿Qué opinión se formó de Chile y de los chilenos?

Él ya conocía a bastantes chilenos, hijos suyos que habían ido a estudiar a Roma. En su estadía en Santiago estaba muy contento y no lo ocultaba. Hizo una visita a las Carmelitas de Pedro de Valdivia, respondiendo a una carta que me escribieron pidiéndome que el padre las visitara. Estuvo hablando con ellas en su locutorio durante mucho rato y con especial fuerza y calor animándolas a ser fieles a su carisma carmelitano. Recuerdo que a la salida nos encontramos en un pasillo bastante oscuro con el que era entonces Obispo de Osorno, Mons. Valdés Subercaseaux, ya fallecido. Este se acercó a nosotros, se abrazaron con gran cariño y muy emocionado le dijo -revelando que había estado escuchando la charla del padre con las religiosas-: “Ahora no se usa hablar así de santidad…”

-¿Qué piensa Ud. cuando mira para atrás y ve sus años de trabajo y la expansión que la obra ha tenido aquí en Chile?

(Sonríe como para adentro)… Estoy muy contento.

Primer arquitecto mujer gallega

Construyendo edificios en Galicia
Memorias de Milagros Rey, primera arquitecta gallega

Lalos Rey en una imagen de 1961
Estoy escribiendo mis memorias y vienen a mi cabeza tantos recuerdos, que no sé si voy a terminar… Pasaron ya ochenta años de mi vida y, contando tantos acontecimientos pasados, me alegro y gozo al confirmar que no me aburrí ni un solo minuto.

Mi padre, arquitecto coruñés, mi madre ama de casa madrileña, con un montón de tíos y abuelos y, desde niña, jugando y dibujando con los delineantes, en el estudio de mi padre, mientras aprendía a leer y escribir. Mi padre quiso también que aprendiese alemán, en vez de ir a la escuela primaria, cuando ya hablaba gallego y castellano. Recuerdo como corregía Castelao mis expresiones en gallego… La maestra, Consuelito, me enseñó matemáticas en la casa y una abuela algo de música. Como enfermé al ir a la escuela, aprendí todo en casa y estudié por libre. Sobre todo aprendí a dibujar, en el estudio de mi padre, y esa fue ya mi gran pasión…

Cuando le formulé a mi padre a idea de ir a Madrid a hacer Arquitectura, no le gustó nada, pero comprendió que estaba decida y me retó: “Si sacas a la primera el examen de estado, te costeo la carrera”. Estudié muchísimo, y saqué el nº 1, con premio extraordinario, en Santiago, así que no tuvo más remedio que darme permiso. También en Madrid tuve que afrontar muchos retos, pues en los cursos de licenciatura en Arquitectura era la única chica de la Universidad. Fueron años apasionantes, en los que descubrí muchas cosas y muchos países. Era una “niña de la guerra”, que había tenido que aprender en tiempos revueltos…

Comencé mi primer trabajo en La Coruña con un equipo de arquitectos. Después, fui trabajando en otros frentes: arquitecto municipal, Jefe de Bomberos, Catedrático de Arquitectura…. Muchos años de trabajo y más de 2300 encargos: polígono de Elviña, Iglesia de Santa Margarita, Torre de los Maestros, La Fuente de Cuatro Caminos, Iglesias de Combarro, Cambados… Mi obra preferida es, quizás, el local social del pescador en Fisterra. Dicen que era de armas tomar y a lo mejor llevan razón. En cualquiera caso, es mi manera de ser y trabajar.


Una de sus obras
También en mi vida personal tuve grandes retos. Pasé de ser agnóstica a creyente en poco tiempo, de forma imprevista. Dios entró un día en mi vida y desde entonces quise saber más… Me acerqué después a la Obra a través de un sacerdote gran amigo de mi padre, que me facilitó conocer un sacerdote de la Obra arquitecto, D. Ricardo Fernández Vallespín. Entonces comprendí que Dios me hacía descubrir mi vocación y pedí la admisión un mes y medio después, como Agregada del Opus Dei. Mi madre, al no conocer la Obra, quiso preguntar a un religioso, que le contestó que era “una organización bendecida por la Iglesia; más aún, puedo decir que es la perla de la corona de la Iglesia. Dé gracias a dios porque llamara su hija a tan hermosa vocación”. Mi madre me lo contó después, muy emocionada y alegre.

Mis trabajos tenían ahora una perspectiva nueva, apasionante. De cierto que la fe ilumina nuestras actividades y les da luces insospechadas. Comencé a trabajar con un sentido más profundo, viendo mejor los motivos para trabajar bien, a fondo, y hacer construcciones idóneas, estéticas, que resolvieran los problemas de la gente. En esta profesión encontraba muchas ocasiones para actuar de forma ética y no ceder ante propuestas confusas o actuaciones corruptas. En mi trabajo hace falta fijar bien las medidas y los presupuestos, y surgen situaciones que requieren una especial fortaleza para vivir una moral profesional. Algunos colegas me hacían consultas éticas y yo procuraba darles mi opinión, en las distintas cuestiones.

Me gustaba mucho dar clases a los futuros arquitectos y aparejadores. Dediqué muchas horas a enseñarles lo que yo aprendí con los años. Recuerdo también mis esfuerzos en temas deontológicos, para que fueran siempre buenos profesionales. Cuando me jubilé me nombraron profesora emérita.

Fui con mis padres a Roma y allí pude conocer a San Josemaría. Lo pasamos muy bien y me recomendó que descansara, pues trabajaba demasiado. Yo le hablé con entusiasmo de mis bomberos y recuerdo que se reía…

Claro que trabajaba mucho, pero también encontraba tiempo para otras actividades. Recuerdo unas reuniones que tenía, con otras profesionales, en el estudio, los viernes a última hora, y que llamábamos club de música. El gramófono nos permitió escuchar muchas sinfonías de Beethoven y otros músicos.

Fuente de Cuatro Caminos (A Coruña)

Aún ahora, gracias a las nuevas tecnologías puedo seguir, a mi edad, colaborando profesionalmente desde mi casa. Comencé un blog para escribir sobre temas de interés y mantener contacto con más personas. En el ordenador voy escribiendo recuerdos, para completar mis memorias. De vez en cuando vienen periodistas y me entrevistan, sobre temas que les parece de interés: ser la primera mujer arquitecto de Galicia y 3ª de España, primer Jefe de Bomberos, mis opiniones sobre edificaciones polémicas, los recuerdos sobre la catástrofe aérea del primero Reactor en A Coruña, etc.

Un momento de especial emoción fue la concesión de la Medalla Castelao en 1995. En el discurso, el presidente habló de Castelao como símbolo de unión entre gallegos y subrayó el “ferviente amor” de los galardonados a Galicia y su trabajo en favor del pueblo y la tierra. Efectivamente, toda mi vida fue un reto continuo, apasionante, que quiero transmitir en mis memorias, y que ofrezco con amor a Galicia y a todo el mundo, desde la web, para invitar a todos a aprovechar su vida trabajando bien y con entusiasmo ¡Vale la pena!

>Entrevista con el Prelado del Opus Dei

>De la Misa a la vida

VIDEO: El Prelado del Opus Dei y la Eucaristía

Link a la revista
En la sede central de la Prelatura del Opus Dei, que comprende la iglesia de Santa María de la Paz, donde reposa el fundador San Josemaría Escrivá, entrevistamos a su sucesor, el obispo Javier Echevarría, con motivo de la publicación de su libro Vivir la Santa Misa” (click a 15 min de audio del libro).

Monseñor Echevarría, poner la Misa en el centro de la jornada es un hermoso reto. ¿Por qué vale la pena dar prioridad a la Misa y cuál es el secreto para vivirla bien? 


El Prelado, en la audiencia que recientemente le concedió Benedicto XVI.

La Misa es acción de Dios, que nos permite participar en la pasión, muerte y resurrección de Cristo, no como espectadores u observadores, sino como co-protagonistas. Por eso, en el título del libro he querido usar la expresión “vivir” la Santa Misa, que expresa bien la implicación total, humana y espiritual, que la Misa exige.

En su libro habla del peligro del ritualismo. ¿Cómo podemos evitarlo?

Ritualismo significa olvidar el contenido de aquello que ocurre sobre el altar. ¿Qué haríamos si nos dijeran: “hoy tienes la oportunidad de estar en el Calvario junto a Jesús”?; o “hoy te encontrarás a Cristo resucitado”. En esos casos, ¿cómo nos prepararíamos? Y, en cambio, ¿cómo nos preparamos para la Misa?

Usted ha vivido más de 20 años junto a San Josemaría. ¿Qué aspecto de su personalidad le sorprendía más? 

San Josemaría sabía querer a las personas de un modo extraordinario. Le bastaba una mirada para comprender las necesidades de cada uno. Tenía esa intuición que sólo las madres poseen. Al mismo tiempo, era un verdadero padre: no nos enseñaba nada si antes no nos lo había mostrado con su ejemplo. Resultaba evidente que era un sacerdote que buscaba al Señor en todo momento.

¿Cómo celebraba la Misa? 

Era consciente de que en la Eucaristía el protagonista es Cristo, no elsacerdote. Eso le llevaba a celebrar el rito fielmente, sin buscar originalidades, de forma que sólo Jesús se luciese, no él. Decía que para él la Misa era “un trabajo” que le requería gran esfuerzo, un esfuerzo en ocasiones extenuante, dada la intensidad con que lo vivía. En cada pequeño gesto sabía transmitir todo el sentido sobrenatural de la celebración.

¿La Misa continúa en la vida?

La Misa no termina con la celebración. Nos acompaña todo el día. El alimento material nos nutre porque lo transformamos en parte de nosotros mismos, pero la Eucaristía –alimento espiritual- nos transforma en Jesús. De esa forma, nuestra jornada, unida al Sacrificio del altar, se transforma en una Misa continua que convierte todo lo que hacemos –el trabajo, el descanso, las relaciones familiares y sociales- en una obra agradable a Dios.


“Famiglia Cristiana” es la revista que ha publicado la entrevista a Mons. Javier Echevarría.

¿En qué consiste el Opus Dei?

El Opus Dei en la Iglesia tiene la tarea de recordar que los bautizados estamos llamados a la santidad a través de la vida cotidiana. San Josemaría decía que hay algo divino escondido en las situaciones más comunes, y que toca a cada uno de nosotros descubrirlo. Ninguna acción humana puede resultar un obstáculo para la amistad con Dios. Es más, es precisamente en las circunstancias del día a día donde Dios nos llama para que le encontremos.

La prelatura del Opus Dei en el mundo, ¿puede equipararse a una gran diocesis global que depende directamente del Papa?

Esa afirmación podría causar algún malentendido, dando pie a pensar, por ejemplo, que la prelatura personal es una Iglesia particular separada de la Iglesia local. Por el contrario, la Prelatura está al servicio de la comunión entre las Iglesias locales, y el trabajo que realizan los fieles del Opus Dei, laicos y sacerdotes, supone siempre una colaboración activa con cada diocesis. Los fieles laicos del Opus Dei dependen también del obispo local, al igual que el resto de católicos.

Tras el fundador, san Josemaría Escrivá, y su primer sucesor, el obispo Álvaro del Portillo, de quien está en marcha el proceso de beatificación, desde hace quince años usted dirige la Obra. ¿Cómo vive la herencia de dos santos?

Cuando se vive con personas santas, se comprende cuál es el secreto para tener paz en el corazón: mantener un diálogo constante con el Señor. Así, por muy evidentes que sean nuestras carencias, nuestros defectos, Él estará siempre a nuestro lado, dispuesto a subsanarlos. Este “factor Dios” es lo que distingue la vida del cristiano, haciéndolo immune a tantas preocupaciones y angustias que afligen al hombre contemporáneo.

¿Podría contar algún episodio inédito de la vida de San Josemaría?

A menudo ayudaba a San Josemaría mientras celebraba la Misa. Me impresionó la primera vez que me pidió que rezase para que nunca se acostumbrara a celebrar una acción tan sublime. Es algo que me repitió con frecuencia.

¿En qué dirección se difunde actualmente la presencia del Opus Dei?


El Santo Padre celebra la Misa en el Vaticano.

Gracias a Dios, hay fieles y cooperadores del Opus Dei en los mas variados lugares del mundo: desde los rascacielos de Wall Street a las favelas de Brasil. En todas partes se percibe una gran sed de Dios. También en diversas ciudades de China hay fieles de la Prelatura. El año pasado comenzó el trabajo apostólico estable de la Obra en Indonesia, y hay otros países de población mayoritariamente musulman donde también el Opus Dei está presente gracias a los fieles que tienen que viajar allí por motivos profesionales. No faltan los retos en Oriente Medio, Tierra Santa y el Líbano, así como en África: pienso ahora en Costa de Marfil, y también en el Congo y Nigeria. En todas partes, los problemas se superan gracias a una fe vivida de modo concreto, pensando en el bien común, con una actitud de fondo constructiva que permite superar las diferencias.

¿Cómo ve la difusión de la fe en el mundo actual?

Actualmente hacen falta testigos. Ante el relativismo que parece imponerse en Occidente, así como ante las divisiones, guerras y pobreza que azotan diversas áreas del mundo, hacen falta personas dispuestas a arremangarse y mostrar la realidad del Evangelio, no con discursos o teorías, sino en la vida de todos los días.

¿Cómo es la relación del Opus Dei con el mundo de los jóvenes?

Cuando San Josemaría comenzó la Obra, tenía a su lado sólo un grupo de jóvenes universitarios y trabajadores. Las actividades de formación con los jóvenes son una de nuestras prioridades. Existen en Italia y en todo el mundo numerosas residencias universitarias y centros culturales en los que chicos y chicas encuentran oportunidades para crecer humana y espiritualmente: aprendiendo a estudiar y a ser buenos amigos, enriqueciendo su personalidad, formando un espíritu crítico y constructivo, y comportándose como hijos de Dios. Este trabajo educativo se realiza siempre con la colaboración de las familias. Es más, son principalmente los padres que pertenecen al Opus Dei quienes promueven escuelas, clubs juveniles y otras iniciativas que puedan ser útiles a sus propios hijos: así sucede, por ejemplo, en tantas ciudades italianas.

El Opus Dei… ¡entre verduras!

“Como otros muchos días, vengo al mercado de abastos de Santiago desde mi pueblo, para vender productos de la huerta”. Mercedes trabaja en el mercado de abastos de Santiago de Compostela.

Un testimonio de una paisaniña de Santiago.

Como otros muchos días, vengo al mercado de abastos de Santiago desde mi pueblo, para vender productos de la huerta. Me suelo colocar en el mismo sitio, desde hace años, y rezo cada día para vender todo lo que traigo.

Pasamos bastante frío a veces; otras nos mojamos, pues nuestro puesto está en la calle y en Santiago llueve mucho. A veces pienso que así puedo ofrecer algo por mis clientes y por tantas personas que tienen necesidades.


“Todo comenzó con un sacerdote de mi pueblo que me presentó a unas mujeres de Valencia del Opus Dei cuando yo era joven” Continuar leyendo “El Opus Dei… ¡entre verduras!”

Las mujeres del Opus Dei

Sobre información y noticias de mujeres del Opus Dei existen muchas páginas. Las más importantes son la web oficial del Opus Dei, y otras como www.mujeresdelopusdei.com. En este artículo, nos limitamos a recoger una entrevista publicada en Zenit. Podéis ver aquí un post sobre libros de mujeres del Opus Dei.

Esposas, madres y hermanas que viven un carisma

Nos hemos encontrado con Marie Oates en la sede del Opus Dei en Nueva York. Su deseo de mostrar cómo viven las mujeres el carisma del Opus Dei ha dado como resultado su libro “Women of Opus Dei: In Their Own Words” (Mujeres del Opus Dei, según sus propias palabras).

Escrito en colaboración con Linda Ruf y Jenny Driver (Crossroad Publishing, 2009), los perfiles del libro presentan desde una doctora por Harvard a mamás amas de casa, pasando por una graduada en el Massachusetts Institute of Technology (MIT).

De este modo el volumen presenta a las “mujeres de la más intrigante organización del catolicismo”. Continuar leyendo “Las mujeres del Opus Dei”