Mons. Escrivá: sacerdote fiel a la Iglesia

Antonio Moreno Casamitjana, Arzobispo de Concepción (Chile), El Sur (Concepción), 27.6.90 y 14.5.92

“¡Qué alegría poder decir con todas las veras de mi alma: amo a mi Madre la Iglesia Santa!” (Camino, 518). Con estas palabras manifestaba Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer el profundo amor a la Iglesia que albergaba en su corazón de joven sacerdote.

Hoy la Iglesia, al beatificarlo, proclama la heroicidad de sus virtudes y lo propone como seguro intercesor en favor de los hombres. En efecto, el domingo tendrá lugar la ceremonia de Beatificación, que realizará en la Plaza de San Pedro, en Roma, el Papa Juan Pablo II.

Bien se puede afirmar que el Fundador del Opus Dei orientó toda su existencia al servicio de la Iglesia. Durante su vida, hasta el momento de su muerte -acaecida en Roma el 26 de junio de 1975 a la edad de 73 años- fue fiel a su propósito permanente de “servir a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida”. Mons. Escrivá comprendió que el mejor servicio que podía prestar a la Iglesia era secundar con fidelidad la voluntad de Dios, manifestada el 2 de octubre de 1928, fecha de la fundación del Opus Dei.

Se trataba de una llamada divina dirigida a todos los hombres para que alcancen la perfección cristiana, la santidad, sin abandonar el lugar concreto que ocupan en el mundo. Repitió por doquier y con don de lenguas esta llamada universal a vivir la plenitud de la vida cristiana en las circunstancias ordinarias del quehacer de cada fiel cristiano. Proclamaba que “la vida corriente y ordinaria no es cosa de poco valor: todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo, que nos llama a identificarnos con Él para realizar -en el lugar donde estamos- su misión divina”.

El Papa Juan Pablo II decía hace algunos años a miembros del Opus Dei: “Realmente es un gran ideal el vuestro, que desde los comienzos se ha adelantado a la teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del Concilio y del posconcilio. Tal es el mensaje y la espiritualidad del Opus Dei: vivir unidos a Dios en medio del mundo, en cualquier situación, cada uno luchando por ser mejor con la ayuda de la gracia, y dando a conocer a Jesucristo con el testimonio de la propia vida”. De esta manera quienes forman parte de esta institución, procurando vivir este espíritu tal como lo encarnó su fundador, sirven a la Iglesia en el sitio donde Dios los ha puesto.

En Camino había escritor “Gracias, Dios mío, por el amor al Papa que has puesto en mí corazón”. Este amor por el Vicario de Cristo estaba fundado en la certeza dé que el Santo Padre es el “dulce Cristo en la Tierra”, como decía Santa Catalina de Siena, o el “Vice-Cristo”, como él mismo le llamaba. Cada día ofreció al Señor su vida por la Iglesia y por el Papa, y acentuó aún más este ofrecimiento en sus últimos años pidiendo a Dios, con fe y con amor, que tomara su vida para que en la Iglesia hubiera una nueva floración de santidad, de buena doctrina y de espíritu sobrenatural.

Formaba parte inseparable de su amor a la Iglesia, la veneración y el cariño a los obispos, a quienes prestó personalmente muchos servicios, especialmente en favor de sus hermanos sacerdotes, a los que predicó incontables cursos de retiro espiritual. Así, inseparablemente unido al Opus Dei, erigió la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz para difundir entre los sacerdotes el afán de santidad en el desempeño de su ministerio y de unión con sus respectivos obispos. Esta solicitud por los sacerdotes y por las vocaciones sacerdotales se reflejó también en las innumerables reuniones informales, a modo de tertulias, que mantuvo con sacerdotes diocesanos, animándolos a vivir heroicamente su servicio a la Iglesia. Era para él un motivo de gozo contemplar que los frutos de la labor apostólica del Opus Dei quedaban en las diócesis donde su labor se realizaba. De eso se alegraba su alma de sacerdote diocesano, que había tenido además, repetidas veces, el consuelo de ver con qué cariño el Papa y los obispos bendecían, deseaban y favorecían el trabajo del Opus Dei.

El domingo, a 17 años de su muerte, la Iglesia llevará a Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer a los altares, confirmando así su mensaje de santidad y proponiéndolo como modelo de fidelidad al mensaje del Evangelio. Nosotros, como hijos de la Iglesia que él sirvió con toda su vida, es justo que nos alegremos con ella, tratemos de entender el mensaje que Dios ha querido dejarnos en la persona del beato Josemaría, y alegrémonos de tener entre nosotros a hijos suyos que enriquecen con su espíritu la común búsqueda eclesial de la santidad.

+ Antonio Moreno Casamitjana, Arzobispo de la Ssma. Concepción

Papa Bergoglio – Francisco I

bergoglio

Jorge Mario Bergolio – Francisco I, Papa

Nació el 17 de diciembre de 1936, en Buenos Aires. Se recibió de técnico químico en la Escuela Industrial nª 12. Ingresó en la Compañía de Jesús el 12 de marzo de 1958. Magisterio en el Colegio de la Inmaculada (Santa Fe) y en el Colegio del Salvador. En 1967 inició sus estudios teológicos en San Miguel.

El cardenal Jorge Mario Bergoglio, S.I., arzobispo de Buenos Aires (Argentina), Ordinario para la Fe de Rito Oriental de los residentes en Argentina y desprovisto de Ordinario del mismo rito, nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Estudió y se diplomó como Técnico Quimico, para después escoger el camino del sacerdocio y entrar en el seminario de Villa Devoto.

El 11 de marzo de 1958 ha ingresado en el noviciado de la Compañía de Jesús, ha realizado estudios humanísticos en Chile, y en 1963, de regreso a Buenos Aires, se ha licenciado en Filosofía en la Facultad de Filosofía del Colegio «San José» de San Miguel.

De 1964 a 1965 fue profesor de Literatura y Psicología en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe, y en 1966 enseñó la misma materia en el colegio de El Salvador de Buenos Aires.

De 1967 a 1970 estudió Teología en la Facultad de Teología del Colegio «San José», en San Miguel, donde se licenció.

El 13 de diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote.

En el curso 1970-71, superó la tercera probación en Alcalá de Henares (España) y el 22 de abril hizo la profesión perpetua.

Fue maestro de novicios en Villa Barilari, en San Miguel (1972-1973), profesor de la Facultad de Teología, Consultor de la Provincia y Rector del Colegio Massimo. El 31 de julio de 1973 fue elegido Provincial de Argentina, cargo que ejerció durante seis años.

Entre 1980 y 1986, fue rector del Colegio Massimo y de la Facultad de Filosofía y Teología de la misma casa y párroco de la parroquia del Patriarca San José, en la diócesis de San Miguel.

En marzo de 1986, se trasladó a Alemania para concluir su tesis doctoral, y sus superiores lo destinaron al colegio de El Salvador, y después a la iglesia de la Compañía de Jesús, en la ciudad de Cordoba, como director espiritual y confesor.

El 20 de mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio del mismo año recibió en la catedral de Buenos Aires la ordenación episcopal de manos del cardenal Antonio Quarracino, del Nuncio Apostólico Monseñor Ubaldo Calabresi y del obispo de Mercedes-Luján, monseñor Emilio Ogñénovich.

El 13 de junio de 1997 fue nombrado arzobispo coauditor de Buenos Aires, y el 28 de febrero de 1998, arzobispo de Buenos Aires por sucesión, a la muerte del cardinal Quarracino.

Josemaría Escrivá de Balaguer: 15 años de su marcha al cielo

Ignacio de Orbegozo, obispo de Chiclayo (Perú)

La Industria, CHICLAYO (PERU), JUEVES 19 DE JULIO DE 1990

Hugo Caliens B.

El 26 de junio se recordó el decimoquinto aniversario del fallecimiento del venerable siervo de Dios, monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.

En Chiclayo así como en otras setenta ciudades de 10, cinco continentes se ofició una misa de acción de gracia, al haber sido proclamado Venerable el pasado 9 de abrir por la Santa Sede reconociéndose que existen las pruebas de que monseñor Escrivá de Balaguer vivió en grado heroico las virtudes cristianas.

En nuestra ciudad el acto litúrgico fue concelebrado por el obispo de la Diócesis monseñor Ignacio María de Orbegozo y Goicoechea, y por otros sacerdotes de la Prelatura Personal Opus Dei.

En este artículo reproducimos algunos párrafos de la homilía que el obispo pronunció la noche del 26 de junio en la Iglesia Catedral:

“Los años pasan y lo hacen de prisa. Ya son 15 los años que han transcurrido desde que el siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, se fue al cielo, lugar al que dirigid cada uno de sus pasos mientras vivió con nosotros en la tierra. Su vida fue la de un hombre profundamente enamorado, lleno de fortaleza y de ternura, que supo amar a Dios por sobre todas las cosas, que amó y sirvió a la Iglesia con toda su alma y todas sus fuerzas, por amor a Dios. Que fue siempre un hijo fidelísimo del romano pontífice, al que solía referirse como a su “dulce Cristo en la tierra”. Amó con inmensa ternura a la Santísima Virgen. Dedicó empeñosamente, cada instante de su vida, a ganas almas para Dios entre las muchísimas que trató personal mente y las innumerables a las que alcanzaron -y siguen alcanzando- el ejemplo de su vida santa y la eficacia de sus obras y de sus escritos.

“Hace apenas tres meses -dentro del rigor con que la Iglesia estudia las circunstancias que deben darse, en la vida y en las obras, de aquellos, que por. la perfección con que respondieron a la llamada divina, merecieron pública fama de santidad- la Congregación para las Causas de los Santos elaboró por mandato del romano pontífice el decreto acerca de las virtudes heroicas de nuestro santo fundador y poco tiempo después, el propio Santo Padre Juan Pablo II ha declarado pública y oficialmente que “existen las pruebas de las virtudes teologales de la Fe, Esperanza y Caridad, tanto hacia Dios como hacia el prójimo, y también de las virtudes cardinales de la Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza, con las otras anejas en grado heroico del siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote, fundador de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei, en el caso y para los efectos de que se trata”.

¡Es inmensa la eficacia de los santos! Lo fueron mientras vivieron en la tierra y lo siguen siendo, aún más, desde el cielo. Toda eficacia y fecundidad espiritual tiene como fuente a Cristo y la vida de los que se identifican plenamente con Cristo es, por eso, formidablemente fecunda, como lo fue la de nuestro Padre.

Dios lo eligió para fundar el Opus Dei y cada instante de su vida fue una respuesta fidelísima a ese querer de Dios.. Todos los aspectos de su vida son realmente edificantes. Entre tantos recuerdos, guardo uno que siempre me removió mucho y que se refiere al hecho de que jamás escuché salir de sus labios nada que fuera indiferente, una sola frase que no tuviera un sentido afirmativo y sobrenatural. De las cosas más insignificantes una noticia, un comentario gracioso o alguna anécdota divertida con que, en ocasiones, tratábamos de aliviar con nuestro cariño la enorme carga que Dios había puesto sobre sus hombros -y que él agradecía mucho- tomaba ocasión para elevar su pensamiento al Señor, hacer algún comentario sobrenatural y ofrecernos alguna reflexión con la que enriquecer nuestra vida de hijos de Dios.` Era una clara manifestación de cómo toda su vida giraba en torno de la vida y de las palabras de Jesús,.que él conocía profundamente y meditaba a diario. Y es que su vida estaba como anclada en una profunda conciencia de su “filiación divina”, que le llevaba a vivir una permanente “presencia de Dios”. Quienes le escuchaban, aunque sólo fuera por unos instantes, tenían la sensación de escuchar a Jesús, de haber disfrutado, de una experiencia a lo Emaús (…)

(…) Hizo de su vida una incansable y fecunda catequesis. Hablar de Dios -oportune e inoportune- con ocasión o sin ella, con el afán de atraer a todas las almas al conocimiento y al amor de Dios, era como una divina obsesión. Espíritu apostólico que con tanto afán procuró inculcar a sus hijos y que Dios bendijo con tan abundantes frutos a lo largo de los cinco continentes; decenas de miles de hijas e hijos suyos en el Opus Dei, y centenares de miles de otras almas que, atraídas por la santidad de su vida y por su espíritu, viven cerca de nosotros y participan de nuestros bienes espirituales y de nuestra alegría. Y el Señor quiso premiar, ya en vida su espíritu apostólico, permitiéndole conocer los frutos de este divino milagro del crecer, hasta hacerse árbol frondoso, de aquella pequeña semilla que el. Señor plantó, en su alma; al son de las campanas de “Nuestra Señora de los Ángeles”, caso único en la historia de los grandes fundadores… Luchar por poner a Cristo -“Regnare Christum Volumus”- en la cumbre de todos los trabajos y todas las actividades humanas honestas. Y nos señalaba el solo camino posible: responder, sin cálculo ni cicatería, a la santidad a la que todos los hombres hemos sido llamados por Dios. Esta llamada universal a la santidad, que nuestro santo fundador proclamó y que años después, reafirmó la Iglesia durante el Concilio Vaticano II. Queridísimos, que su ejemplo, e intercesión nos ayuden en nuestra lucha diaria por la santidad. Y que acudamos confiadamente a la Santísima Virgen, Madre de la Iglesia y “Señora Nuestra de la Paz”, para que esté siempre en nuestro camino y a nuestro lado. ¡Que ella nos alcance de su Hijo, conservar siempre nuestras almas en gracia y nuestras vidas llenas de alegría y de paz!”