Monthly Archives: diciembre 2012

La beatificación del Fundador del Opus Dei

El Tiempo, Santa Fe de Bogotá, 8-V-92

UNA FECHA YA PRÓXIMA

La beatificación de Monseñor Escrivá

Por OCTAVIO ARIZMENDI POSADA

El proceso de beatificación de Monseñor Escrivá de Balaguer fue iniciado en 1981, seis años después de su fallecimiento, por decreto del Santo Padre, previo el Nihil Obstat (no objeción) de las Sagradas Congregaciones para la Doctrina de la Fe y para las Causas de los Santos. La evidencia de la fama de santidad de Monseñor Escrivá era patente: cerca de seis mil cartas enviadas a la Santa Sede por personas de más de 100 países, entre otras: 69 Cardenales, 241 Arzobispos, 987 Obispos (más de la tercera parte del episcopado mundial) y 41 superiores de órdenes y congregaciones religiosas.

Había cartas de jefes de Estado, de personalidades de la cultura y de la ciencia y de personas de todos los niveles sociales que, o habían conocido a Monseñor Escrivá, o habían leído sus obras o habían oído hablar de él a personas que lo conocían personalmente. Igualmente, se presentaron a la Sagrada Congregación varios volúmenes con testimonios escritos por muchas personas sobre el Siervo de Dios, entre los cuales había uno del Santo Padre Juan Pablo I, escrito y publicado por él un mes antes de ascender al Pontificado. También se presentaron colecciones de miles de relatos firmados, de favores obtenidos por los fieles, por su intercesión.

En ejecución del decreto de la Santa Sede se iniciaron dos procesos para la investigación sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios: uno en Roma y otro en Madrid. Dichos procesos se prolongaron durante seis años y medio; tuvieron 980 sesiones; la tercera parte de los testigos habían conocido y tratado al Siervo de Dios, por períodos entre 20 y 40 años. Más de la mitad de los testigos no pertenecían al Opus Dei y había 11 ex-miembros de la institución. Entre los testigos hubo cuatro Cardenales, cuatro Arzobispos, siete Obispos, 28 sacerdotes y cinco religiosos.

Como ocurre en todas las causas similares, no faltaron voces desfavorables. ¿Cuál personaje de importancia histórica no ha tenido contradictores, incluyendo a los santos?

Entre la documentación entregada a la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, el Postulador de la Causa presentó las publicaciones difamatorias contra el Siervo de Dios aparecidas hasta entonces. Las declaraciones de los testigos oídos comprendían 22 volúmenes con 11.000 páginas y los documentos presentados, 11 volúmenes.

Después de cumplir todo lo que manda el Derecho Canónico, para ser declarado beato, la Sagrada Congregación, por votación secreta, aprobó el decreto correspondiente y fue promulgado por el Papa el 9 de abril de 1990.

Posteriormente la Sagrada Congregación y el Santo Padre, mediante un decreto reconocieron como milagro atribuido a la intercesión del Siervo de Dios, unto entre los 21 presentados por el Postulador de la Causa, con toda la documentación, pruebas y dictámenes respectivos. Se trató de una curación instantánea y definitiva de un cáncer que estaba en un estado de desarrollo avanzadísimo y grave. Finalmente, el Santo Padre fijó la fecha del próximo 17 de mayo de 1992, para proclamar ante la Iglesia la santidad de vida del Siervo de Dios.

Veamos finalmente lo que Monseñor Escrivá opinaba de la santidad. Una vez dijo lo siguiente: “¿Cuántos santos hay sobre la Tierra? ¡Ninguno! Todos somos capaces de las mayores barbaridades. La santidad está en la lucha -me lo habéis oído decir tantas veces-; en saber que hay defectos y tratar de evitarlos. Nos moriremos así: estando camino de ser santos. Si no, ¡cualquiera nos aguantaría! No podríamos ser santos; seriamos unos soberbios. La santidad está en tener defectos y luchar contra ellos; pero nos moriremos con defectos”. (Tertulia del 13-VII 1968).

Carisma de fundador [Opus Dei]

EL UNIVERSAL, Viernes 8 de Mayo de 1992, Caracas, Venezuela

Carisma de fundador

Por Rafael Tomás Caldera

El 2 de octubre de 1928, Josemaría Escrivá, entonces un joven sacerdote desconocido, de’ veintiséis años, se halla recogido en un convento de los Padres Paúles, calle García de Paredes, en Madrid, haciendo unos días de retiro espiritual. En la quietud de su habitación, orando, repasa algunas anotaciones hechas a lo largo de los días, para retener luces de Dios para su vida y su actividad. Es el momento dispuesto -desde toda la eternidad- por la Providencia Divina para inspirar a aquel instrumento elegido. De improviso, Josemaría ve -así lo describirá siempre, cuando se refiera a ello el designio de Dios, esa obra, todavía sin nombre pero ya con perfil definido, que Dios quería suscitar para renovar el llamamiento universal a la santidad, abriendo un camino de santificación en medio del mundo, en los afanes de la vida ordinaria. “¡Qué poco ruido hacen-los verdaderos milagros! ¡Qué simples son los sucesos esenciales!”, podríamos decir con palabras de un escritor francés. O, como: lo formula un cartujo, al hablar de la Navidad: “Siempre que Dios quiere hacer algo grande, que quiere poner el comienzo de una vida nueva, prepara un lugar secreto, un asilo de pureza y de silencio, donde su acción pueda ser recibida por entero y no verse entorpecida por nada. Todo comienza así en el recogimiento y el misterio, como lo vemos en Belén”.

“Desde ese momento -dirá monseñor Escrivá años más tarde no tuve ya tranquilidad alguna, y empecé a trabajar, de mala ganó, porque me resistía a meterme a fundar nada; pero comencé a trabajar, a moverme, a hacer: a poner los fundamentos Aquel joven sacerdote no quería, no pensó ni deseó nunca hacer una Fundación. No eligió fundar; fue elegido. Se hizo claro entonces el sentido de la larga preparación a la que el Señor lo había sometido, desde su consagración, niño, por su madre a la Santísima Virgen, a quien debía la salud, hasta su ordenación como sacerdote para estar más disponible, con aquellos años de súplica incesante a Dios para conocer su voluntad: Señor, ¡qué vea! Se trataba de disponer adecuadamente el lugar donde debía insertarse la semilla. Como lo dirá muchas veces luego, cuando Dios quiere hacer una obró entre los hombres, primero escoge los instrumentos (…). los prepara -gracia y golpes de martillo- (…) los llama y los envía.

Esta inspiración, este haber visto en un momento dado lo querido por Dios, permite comprender, al considerar el Opus Dei, que no estarnos ante un fenómeno asociativo -un grupo de hombres que se reúnen para servir a Dios-, sino propiamente ante una obra de Dios: Dios que convoca a los hombres para unirlos con El. Por eso, todo está dado desde el inicio en el carisma -la gracia- del Fundador, y se irá desplegando en el tiempo, siempre con la intervención de la Divina Providencia. “La Sabiduría infinita me ha ido conduciendo, -escribía en 1950-, como si jugara conmigo, desde la oscuridad de los primeros barruntos, hasta la claridad con que veo cada detalle de la Obra…”. Y, en otra ocasión: “Dios. me llevaba de la mano, calladamente, poco a poco, hasta hacer su castillo (como un padre que juega con su hijo pequeño): da este paso -parece que decía-, pon esto ahora aquí, quita esto de delante y ponlo allá. Así ha ido el Señor construyendo su Obra, con trazos firmes y perfiles delicados, antigua y nueva como la Palabra de Cristo”.

Por otra parte, al tratarse de un principio de vida, no de una teoría, fruto de la reflexión, la Obra vista es -podríamos decir- como un código genético, capaz de transmitirse a muchos y de organizar la entera construcción del cuerpo. No es un troquel, para producir -por repetición objetos en serie. Es algo uno y unitario, que se refractará luego en los múltiples aspectos de la vida que toque su luz, aunando contrarios aparentes: amar al mundo sin ser mundano; tener alma de sacerdote y mentalidad laical; defender la libertad de las conciencias y seguir fielmente el Magisterio de la Iglesia. Por eso también quizás los escritos del Fundador del Opus Dei siguen ante todo una. lógica viva, el “orden de la caridad”” donde en cada tema parecen estar presentes, de alguna manera, todos los demás; escritos no compuestos, sino expresados bajo el impulso del Espíritu.

Al hablar de los dones de la contemplación y del encendimiento en amor de Dios, San Juan de la Cruz anota: “Pocas almas llegan a tanto como esto (que acaba de describir); mas algunas han llegado, mayormente las de aquellos cuya virtud y espíritu se había de difundir en la, sucesión, de sus hijos” (tiene ante los ojos, con seguridad, la vida de Santa Teresa), enunciando enseguida el principio general del carisma de fundador: “Dando Dios la riqueza y valor a las cabezas en las primicias del espíritu, según la mayor o menor sucesión que, habían de tener en su doctrina y espíritu” (Llama, 2, 12).

VIDA NUEVA, abogado del diablo

Vida Nueva, 11-18.IV.92, Madrid, España

ENTREVISTA a Flavio Capucci, postulador de la causa de beatificación

EL «BEATO» ESCRIVÁ DE BALAGUER, ¿SIGNO DE CONTRADICCIÓN?

Por Miguel Ángel VELASCO

La primavera romana ha llegado este año con varios días de antelación. Las mimosas de las elegantes villas que circundan el edificio dela sede central del Opus Dei, en la residencial zona romana del Parioli, viale Bruno Buozzi, 73-75, han florecido ya. En el kiosco de enfrente, los titulares de los periódicos gritan: «Massacrati due carabinieri»; en la pared de enfrente, alguien, en nombre de no se sabe qué rebeldía juvenil, ha escrito algo sobre el sueño de una revolución, con esta frase foral: «No alle catene dell’ipocrisia capitalista…». Por palabras que no quede.

Me hacen pasar a una pequeña sala de visitas en semipenumbra. Al lado de la chimenea, dos fotografías de un Alvaro del Portillo, jovencísimo estudiante en una, y ya con uniforme de ingeniero de Caminos y su bien recortado bigote de época, en la otra. Sobre una mesita, una gran fotografía de Juan Pablo II, dedicada «al diletto figlio Alvaro del Portillo», con la bendición apostólica, y en otra repisa, bajo una foto del padre Escrivá, un pequeño librito en inglés: «The way» (Camino). Don Flavio Capucci, postulador general del Opus Dei, me recibe con gran cordialidad. Vamos a hablar de la próxima beatificación de monseñor José María Escrivá de Balaguer, el «padre», como le llamaban en vida y le siguen llamando ahora a él y a su sucesor, los miembros de la Obra; así está escrito, sin más, sobre la lápida que cubre su tumba, en la cripta a la que continuamente llegan gentes de todo el mundo paró rezar.

-Se ha creado, don Flavio, un clima muy enrarecido en torno a esta beatificación. Por qué, a su juicio, una polémica tan fuerte? ¿La esperaban ustedes? ¿Creen que alguien tiene interés en suscitar una campaña exacerbada? ¿Por qué?

-Pues, la verdad, no lo sé. Yo creo que lo importante es no perder el sentido de la realidad que nos pone frente a un hecho ante el que la Iglesia, de modo abrumadoramente mayoritario, a mi entender, está reaccionando con una simpatía extraordinaria y yo diría que también con unidad.

-No sé aquí, pero para quien, como yo, viene de España, lo cierto es que cabe hablar de todo menos de unidad, don Flavio.

-Me hago cargo, pero no siempre son los más aquellos que más hablan y aparecen. Son, suelen ser siempre, muchos más los otros. Yo, desde aquí, puedo testimoniar que es inmenso el cariño hacia la persona y la obra de nuestro padre, demostrada en visitas, llamadas y miles de cartas provenientes de las espiritualidades y órdenes más diversas, que hablan de la alegría que les produce esta beatificación y de los beneficios indudables que tendrá en la Iglesia este acontecimiento eclesial. Sé, sin embargo, que hay pequeños grupos, muy claramente identificados, con nombres y apellidos, de teólogos más o menos disidentes, sin un gran relieve eclesial. Hablo de disidencia frente a la beatificación.

-¿Y por qué dice que son de poco relieve eclesial?

-Porque nosotros, ante ciertas críticas y oposiciones, vamos a los obispos respectivos, que es donde nos parece que debemos ir en la Iglesia, y todos nos dicen que son esos mismos grupos los que les están creando problemas en otros terrenos doctrinales. Nos tranquilizan y nos dicen que no nos preocupemos, porque lo que dicen está en sintonía con algunas otras actividades suyas en el ámbito moral y pastoral. Eso que están haciendo entronca, además, con un interés por parte de ciertos medios de comunicación pública, laicistas, que no se distinguen precisamente por su posición a favor de la Iglesia.

-El hecho, bien triste por cierto, es que, con polémicas de este tipo, se acaba mezclando a la Iglesia en general, al propio Papa…

-Yo prefería, francamente, no mezclar en nada de esto al Papa. Prefiero mil veces que me critiquen a mí, a nosotros. La verdad es que sí uno entra a examinar los argumentos que usan, se da uno cuenta en seguida de su poco peso y consistencia.

-Hagámoslo, don Flavio. Permítame hacer de abogado del diablo, esa figura tradicional en las causas de los santos que con las nuevas normas, si no ha desaparecido, por lo menos ha cambiado. Hay quien, en un reciente programa de televisión, en España, apuntó determinados argumentos (sobre la irascibilidad de monseñor Escrivá, en concreto, sobre su apego al dinero, a la riqueza, a los honores, al marquesado) que no acabaron de ser rebatidos. Hay quien, como el teólogo Martín Velasco, ha hablado, refiriéndose al padre Escrivá, de su «opción preferencial por los ricos, en vez de los pobres…»

-En cuanto a lo primero, he de señalar que hay también un grupo muy reducido de ex miembros de la Obra que andan repitiendo siempre las mismas cosas, la mayoría de las cuales son sencillamente falsas, meros infundios. Yo creo que, sinceramente, soy la persona que mejor conoce la vida del padre. Le conocí en vida y tras su muerte, por ser el postulador general, he dedicado mi vida a conocer su obra, su figura y sus actos y aseguro y estoy dispuesto a demostrarlo donde haga falta, que muchas de las cosas que van diciendo no tienen el menor fundamento real. En cuanto a lo segundo, también es una argumentación fácilmente desmontable. Se parte comúnmente de una reducción de lo religioso al ámbito de lo político. (Martín Velasco teme que «con esta beatificación serán más difíciles las relaciones Iglesia-izquierda española»). Se interpreta una beatificación como sí fuera un acto político de la Iglesia que consagra una línea pastoral de apoyo a los ricos. Eso lo explica todo. La Iglesia, al proponer una beatificación, no hace una opción política. Cada beatificación se injerta en la tradición espiritual de la Iglesia, en cuya universalidad caben todos los carismas. Con nuestro padre va a ser beatificada -y ello es un inmenso gozo para todos nosotros- una ex esclava negra sudanesa, Josefina Bakhita, convertida a la fe católica.

En la pluralidad de instancias espirituales que se dan en la vida de la Iglesia, en la variedad de los diversos carismas se confirma la unidad de la Iglesia; pero sí este hecho se analiza desde una óptica extraña, no teológica, se desfigura completamente su sentido y se acaba reduciendo la realidad eclesial al resultado del choque entre dos modos de vivir la fe. Así se presenta una beatificación como algo que divide y que privilegia a unos frente a otros, en vez de unir a todos. Ni Escrivá ni Bakhita pueden ser tomados como representantes de dos partidos contrapuestos, sino como dos ejemplos, entre muchos, de la multiforme santidad cristiana.

-Se critica, profesor Capucci, la presión ejercida por el Opus Dei para acelerar esta beatificación, la prisa con que se ha llevado a cabo; se habla de dinero, de influencias…

-Efectivamente; en una palabra: se buscan deficiencias y errores dentro del curso de la causa y se demuestra una gran ignorancia de la praxis canónica de las beatificaciones. Hay quien se mueve con la idea de que somos tan ingenuos en el Opus Dei que precisamente en la causa de nuestro fundador íbamos a hacer las cosas de manera superficial. Es fácil contestar tales objeciones, porque se trata de simplificaciones que se podrían entender, acaso, en gentes que no saben racionalizar en términos sobrenaturales: Escrivá y su opción por el poder, por la autoridad, por el miedo a la innovación, por el conservadurismo, no son más que clichés simplistas. Se ha estudiado y demostrado a fondo su heroicidad en la práctica de cada una de las virtudes. No fue sólo modelo en una cosa. Es el equilibrio propio de los santos entre aspectos aparentemente contradictorios. Vivió heroicamente la pobreza, y a la vez, la magnanimidad; simultáneamente, la humildad y la audacia. Quien no esté familiarizado con la espiritualidad -y no sólo teórica, sino vivida cada día- puede caer en determinados simplismos; pero en personas con espiritualidad no se entiende. En la eclesialidad de la figura de nuestro padre se encuentran, a diario, seglares y religiosas de clausura.

-Déjeme seguir en mi papel de abogado del diablo para recoger el sentir de determinados grupos que le dirían: «eso de que el padre Escrivá vivió heroicamente la pobreza no se lo cree ni usted…»

-Cada acto de cada virtud ha sido analizado en la causa para dar a los consultores la mayor certeza analítica. En la vida del padre hay momentos de estrechez enorme. No vale sólo un momento. En Burgos, a comienzos del 38, huye de Madrid ante el riesgo de muerte inmediata. No tiene un céntimo, ni para una sotana. Alguien le rasga la vieja y él se pasa la noche remendándola. En esas circunstancias decide renunciar a estipendios de misas y envía a los obispos el único medio que tenía de ingresos. No es un episodio aislado, sino una actitud constante de su vida, la de su austeridad. Hasta el año 64 no tendrá una colcha en su cama y la Obra ya se había desarrollado, pero el dinero que había lo dedicaba todo a obras apostólicas. Entiendo que, para algunos, sea difícil comprender la dignidad que siempre quiso para los lugares de culto. Él solía decir que con Dios se da lo que se debe, aunque se deba lo que se da.

La construcción de esta sede central de la Obra donde estamos fue toda una odisea. No había dinero para comer e íbamos al Laterano andando para no gastar en tranvía. Luego viajó en un Mercedes, sí, pero que le regalaron. Así que todo eso de su apego al dinero y ala gente del poder, yo no lo acepto. Es una visión falsa de la realidad de la Obra y de su fundador. Siempre tuvo los brazos abiertos a todo el mundo. No tuvo amistad con los poderosos. Yo soy el que más ha estudiado su vida y obra e insisto: el lado social, por llamarlo de algún modo, del Opus Dei es infinitamente superior al del IESE y las universidades. Hay que ir a Hispanoamérica, a Perú y su centro para campesinos, a Guatemala y ver la labor social del Opus Dei, a las escuelas en Nagasaki; a la Ciudad de los Muchachos en México, de eso no se habla, o se habla poco. En la diócesis peruana de Abancay, el obispo catalán, del Opus Dei, monseñor Enrique Pelac, distribuye 40.000 comidas diarias entre los necesitados. En Madrid está Tajamar, que hoy es una cosa, una realidad maravillosa, pero en sus comienzos era algo muy distinto. Todo esto y en todo el mundo, cómo, sí no, existiera? El Opus Dei es una representación bastante fiel, en su composición, de lo que es la sociedad; eso sí, con una asombrosa unidad de espíritu y con la misma vocación de pobres y ricos a su santificación en la vida de cada día. Así que de relación preferencial con los poderosos…, ni mucho menos.

-Sin embargo, hay quien repite que en Burgos brujuleaba en torno a Franco, mientras que en 1964, en carta a Pablo VI, rechaza la acusación de filo franquismo y se muestra preocupado ya por el después de Franco. Hablan de «oportunismo».

-Te contaré una anécdota poco conocida: al final de una audiencia con Franco, le dijo: «Su excelencia ha pensado que un día se tiene que morir?». Franco, por lo visto, no daba crédito a lo que oía. Cuando el padre se lo contó al patriarca Eijo y Garay, éste le dijo: «José María, tú no harás nunca carrera». Lo importante de nuestro padre es que iba a las almas y les hablaba de Dios. No es menos cierto -y tampoco se suele tener demasiado en cuenta- que supo suscitar una gran sensibilidad social en personas de dinero, de modo poco corriente entre los hombres de Iglesia; supo suscitar en ellos sed de justicia frente a los problemas sociales. Hay muchos empresarios que han dado y dan dinero y son resortes que se hubieran quedado sin aprovechar en la Iglesia, aunque no es dinero sólo del Opus Dei, claro.

-¿Y en cuanto al carácter que a veces demostraba, según dicen algunos que le conocieron?

-Yo he convivido muchos años con él y puedo decirte que he llorado por su muerte más que por la de mí propio padre. Era un hombre que sufría cuando tenía que corregir a alguien. Pedía perdón y le quedabas agradecido. Es verdad que, como buen aragonés, tenía un carácter fuerte, pero, por ejemplo, eso que cuentan de las patadas a las puertas es una falsedad de arriba a abajo. Supo vencer su carácter. Hablaba muy claro, pero yo, por ejemplo, no consigo tratar a personas que trabajan conmigo con la misma paciencia y caridad. Insisto. Yo no he conocido a ese monseñor Escrivá que algunos describen y no sé qué les lleva a insistir en ello; pero no vamos a entrar a atacar a nadie, aunque parece que sí no atacas, es que tienes algo que ocultar. No tenemos que demostrar la inocencia de nadie, sino que hemos demostrado, en un proceso absolutamente objetivo y riguroso, la santidad personal de nuestro fundador. Quienes quieran atacar que den argumentos válidos.

Hasta ahora no ha habido ni uno solo que no haya sido fácilmente contestado y demostrada su falsedad.

-¿Qué consecuencias puede tener toda esta polémica, que va mucho más allá del sano y legítimo pluralismo cristiano, en el proceso, en la causa de beatificación?

-Como es natural -aunque el proceso ha terminado-, yo les tengo perfectamente al día de las objeciones, cuando me llegan o se publican; y veo que la cosa no tiene relieve. En la Congregación examinan el material y, hasta ahora, ven que no se añade nada a lo ya visto ampliamente, estudiado y refutado en la causa.

-¿Es impensable, pues, una suspensión o un retraso en la beatificación?

-Ciertamente. Cuanto algunos han hecho llegar al Papa o a la Congregación ha sido ya estudiado y contrastado con los estudios procesales y «nihil novum sub sole», no se encuentra nada nuevo digno de atención o de relieve.

-Perdóneme una pregunta de curiosidad histórica: ¿es cierto, como he oído a alguien, que hubo un momento en que el propio Juan Pablo II mandó parar, personalmente, el proceso?

-No, no es cierto. Hubo un momento en que se intentó mezclar esta beatificación con algo referente a Isabel la Católica. Un mes después, como mentís rotundo a rumores propalados, salió el decreto de aprobación del milagro y un diario italiano, La Repubblica, tituló: «El Opus ha logrado vencer la resistencia del Papa». Eso es falta de profesionalidad, por no hablar de ignorancia o malevolencia. ¿Alguien puede pensar seriamente que el Papa apruebe un milagro en un proceso de beatificación con ligereza y sin toda clase de pruebas y garantías? No saben de qué hablan.

-En cuanto al cumplimiento de los requisitos establecidos en la legislación canónica para la validez del proceso, tampoco faltan detractores y dudosos.

-Ha sido perfecta la validez y la regularidad del proceso. Es más: los consultores han reconocido la ejemplaridad del proceso.

-Es cierto que al día siguiente de la muerte de monseñor Escrivá fue presentada la petición de beatificación?

-No, no es cierto en absoluto. Sí es cierto que en seguida de su muerte, don Alvaro pidió que quienes lo hubiesen conocido escribieran un testimonio con sus recuerdos y empezaron a llegar a miles algunos altísimamente cualificados-, pero a mí me nombró postulador de la causa en febrero del 78, así que habían pasado casi tres años y sólo el 19 de febrero del 81 comienza oficialmente el proceso, de modo que casi cinco años y medio habían pasado: los necesarios para clasificar y poner orden en hechos, respaldados por documentos, uno por uno. Siete volúmenes de documentos, por mí parte, más de dos mil folios, sin una sola línea de comentario.

-También se dice que todo ha sido una iniciativa de vértice, no de la base.

Tampoco es cierto y es fácilmente demostrable. Una causa de beatificación no es nunca una iniciativa de vértice, de presión, sino una respuesta de la Iglesia a una petición del pueblo, de los fieles: pidieron la apertura de la causa 6.000 cartas de más de’ 100 países, entre ellos 69 cardenales, 1.228 obispos (más de un tercio de los obispos del mundo), de los cuales 59 españoles (34 de ellos habían conocido personalmente al padre, 41 superiores de órdenes religiosas, numerosos jefes de Estado y personalidades de la ciencia y de la cultura. Los testimonios personales de cardenales y obispos de todo el mundo son abrumadores, pero no lo es menos la abrumadora mayoría de personas de humilde condición social que habían conocido al padre y se sintieron más cerca de Dios.

-Hay quien dice que algunos obispos lo hicieron convencidos de que la causa no iba a seguir adelante o era algo que iba para largo, pero se arrepienten ahora.

-Dejando aparte tan arbitrario proceso a las intenciones, lo que se pone entonces en tela de juicio no es al Opus Dei ni a su fundador, sino a los obispos, la veracidad y honradez intelectual y moral de quienes gobiernan la Iglesia. Pero pidieron la apertura de la causa, además, más de 80.000 relaciones firmadas de favores obtenidos gracias a su intercesión, lo que atestigua la devoción ya en torno a su figura; es un fenómeno de piedad popular difundido entre personas de todas las condiciones sociales.

-No falta quien a eso replica que se trata más bien de un culto a la personalidad, característico de las sectas, respecto a la figura de su fundador…

-No hay tal. No es culto a la personalidad; es convencimiento de su santidad personal. No dudo en afirmarlo, como lo hacen quienes le conocieron personalmente y quienes han leído sus libros de espiritualidad. Eso nace de la experiencia. Era un hombre que te acercaba a Dios. Dios suscita a los santos porque tienen percepción inmediata de El, no como nosotros que le vemos como entre sombras, y a través de ellos Dios se nos descubre. A mí, a través del padre, se me ha descubierto un Dios amabilísimo, Padre, con una capacidad infinita de comprender y de querer. Así que nada de culto a la personalidad. En la Obra hay una profunda formación espiritual y ascética, adulta, madura, consciente, y yo doy fe de que nuestro padre sabía desaparecer para presentar á Cristo. Yo no quiero imitarle a él, sino a Cristo, que fue lo que me enseñó. Nos pedía perdón por sus faltas de correspondencia, por su mal ejemplo. Él no daba píe al culto alguno a la personalidad; de ningún tipo, y creo que mí -vivencia personal se puede extender a los miembros de la Obra y también a muchos ex miembros que siguen queriéndole y admirándole. Los críticos son un grupito reducidísimo, que se repiten mucho en lo que dicen.

-Está el testimonio de su sobrino que se queja de que no fue escuchado en el proceso, siendo así que se exige oír a quienes le trataron, ¿no?

-Me alegro de esa pregunta para aclarar algunas cosas; se exige no interrogar a los parientes, como él dice, sino a los que más le hubieran tratado, y por eso fueron interrogados sus padres (los padres de ese sobrino), hermanos de monseñor Escrivá, su hermano que había tenido mucho más trato con el padre que el sobrino. Cuando éste escribió la carta quejándose al Papa, el proceso había terminado y no es serio decir entonces, a proceso terminado: yo quiero declarar. La Congregación, de todos modos, habrá examinado su carta al Papa y si sus quejas no han cambiado la decisión de la beatificación, quiere decir que no les han encontrado fundamento. Yo tengo los testimonios firmados por sus padres y algunos de sus hermanos y dicen justamente, respecto al padre, todo lo contrario de lo que dice él.

-¿Y por qué tanta prisa y rapidez? No estamos acostumbrados en la Iglesia a que 17 años después de morir una persona pueda ser beatificada.

-La causa de monseñor Escrivá ha sido una de las más densas y particularizadas que se haya instruido nunca: ha constado de 980 sesiones; han intervenido 92 testigos, de los que 47 no pertenecen al Opus Dei y ex miembros, y se han hecho 265 preguntas a cada testigo.

La vida del padre ha sido analizada casi al microscopio. El resultado ha sido once mil páginas mecanografiadas a un espacio y once volúmenes de documentos compulsados en 390 archivos. No es casualidad que los consultores hayan alabado la exhaustividad del aparato probativo. Cuantos han participado en la causa, á todos los niveles, desde que el cardenal Tarancón la abrió en Madrid hasta hoy, no sólo no han encontrado irregularidad alguna, sino que han elogiado el rigor ejemplar con que ha sido llevada a cabo.

Ha habido, eso sí, una reforma que ha reducido los trámites de las causas; pero todo se ha hecho minuciosamente de acuerdo con la legislación. Por supuesto que yo no he perdido el tiempo. Al día siguiente que concluyera un plazo, tenía presentada la documentación necesaria. Trabajar, hemos trabajado.

-Se ha escrito también que los votos de algunos consultores (De Magistris, Fernández Alonso, por ejemplo) fueron negativos.

-Los nombres de los consultores son secretos. Los designa la Congregación y no la postulación, que no es informada de ello precisamente para defender, de cualquier hipotética presión, la libertad de los consultores.

-Entonces usted, ¿cuándo ha conocido los nombres de los consultores?

-Yo no sólo no los he conocido, sino que no los conozco. Es contradictorio hablar de presiones del Opus Dei y afirmar, a la vez, que ha habido votos contrarios; la existencia de ellos demostraría que no había habido presiones. Mi interlocutor es la Congregación y el día que se sepa el nombre de un consultor que ha dado un voto negativo, nadie querrá darle una causa. La presión de la prensa mundial sería enorme. No sé las fuentes que ha tenido quien eso afirma, pero yo sólo puedo añadir que la Congregación publica los votos de los consultores sin decir su nombre y, en el proceso del padre, hubo siete votos positivos y un voto que proponía «dilata»: esperar; luego esos argumentos no son válidos. El resto de los consultores, a favor, es de una mayoría apabullante.

-¿Cuál es su opinión sobre las declaraciones de personas como el cardenal Tarancón, Feltzman, Fisac, etc.?

-El cardenal Tarancón no sólo inició, como arzobispo de Madrid, el proceso de la causa de beatificación, sino también el del milagro. No me meto a calificar lo que dicen que dice ahora de que se creía que las cosas irían para mucho más largo, pero me sorprendería que lo hubiese dicho. Sus testimonios, cuando era arzobispo de Madrid, a favor del padre, están escritos.

En cuanto a Feltzman, no es cierto que él fuera, como asegura, el ojito derecho del padre, o poco menos. Además, en el 81 era del Opus Dei y había escrito su testimonio irreprochable en favor de la beatificación. Ahora se queja de que no fue testigo. Entre los testigos que yo podía elegir, elegí a otras personas que habían conocido al padre mucho más y mucho mejor que él; y con testimonios de cientos de páginas, no de diez, como el suyo.

-Está la cuestión del presunto nazismo y de la presunta idea del padre Escrivá de pasar a la Iglesia ortodoxa.

-Hay testimonios bien precisos, que ya han sido examinados e incorporados a la causa, que demuestran sin lugar a duda alguna las ideas del padre y su convencimiento sobre la inconciliabilidad entre cristianismo y nazismo. Es de una ingenuidad sorprendente, a decir poco, pensar que la postulación, en doce tomos de epistolario del padre, no haya estudiado eso, o lo de su viaje a Grecia. Quedó, a su tiempo, perfectamente claro que lo hizo en estrecho contacto con el entonces sustituto en Secretaría de Estado, monseñor Dell’Acqua, que ni se le pasó por la cabeza la idea de hacerse ortodoxo, sino que fue un viaje para ver posibilidades de apostolado en aquel país. De verdad que es ingenuo pensar que no tengamos documentos o hayamos estudiado tan poco la vida de nuestro padre. Es hasta ofensivo.

-En definitiva, profesor Capucci: lo que de veras interesa a un buen cristiano en todo este asunto es que de la beatificación del fundador del Opus Dei, como de la de cualquier otro f el cristiano, se deriven beneficios y no daños para la Iglesia, para el pueblo de Dios; gracia y unidad, en vez de división y escándalo.

-Eso depende ya del «sensus fidei» de la gente. A mí, te lo digo con absoluta sinceridad, me preocupa muy poco lo que griten cuatro a los que se les oye mucho porque disponen de altavoces torpemente interesados. Quien tenga la mente libre de prejuicios y una fe firme sabe que la Iglesia estudia una causa de santidad hasta el extremo, que no es una cosa de aficionados. Yo pienso que a los fieles de buena fe no les importará el escándalo más o menos buscado, promovido y artificial. La gente no es tan simple como algunos creen; sobre todo en el ámbito religioso. Se pueden tener distintas opiniones legítimas sobre la figura de un santo o su espiritualidad, pero un católico debería tener claro un punto: lo que ha llegado a la Santa Sede no es una opinión interesada, y con espíritu de parte, sino que se ha conseguido el máximo grado de certeza analítica minuciosamente documentada y fundada.

Un cristiano sincero no se debe formar una idea sobre el padre Escrivá a base de lo que lee por ahí, sin más, sino a base de lo que dice la Iglesia.

-Teológicamente hablando, ¿una beatificación quiere decir algo más que el reconocimiento oficial de la Iglesia de que Dios ha salvado a aquella persona?

-Desde luego que sí. Quiere decir que la Iglesia señala su ejemplaridad, que puede ser presentado como modelo, y el reconocimiento asimismo -la aprobación del milagro lleva a esa conclusión- de que es valiosa su intercesión ante Dios. El juicio sobre sus virtudes heroicas es un juicio humano y la Iglesia tiene perfecta conciencia de ello y va poniendo filtros para garantizar la solidez de ese juicio humano, mediante declaraciones con juramento, etc.; pero beatificarlo es que la Iglesia pretende y desea que Dios -nada menos- confirme ese juicio humano y pide para ello un milagro. Es una lógica sobrenatural . muy audaz, una cosa muy seria, que no se puede despachar con cuatro ingenuidades. Ello supone que se puede introducir a una persona en el culto oficial de la Iglesia.

-Por cierto: se ha hablado de falta de imparcialidad, de reservas sobre ese milagro que se atribuye al padre Escrivá en la persona de la religiosa sor Concepción Boullón, de las Carmelitas de la Caridad de El Escorial (Madrid), enferma de lipocalcinosis tumoral y que sanó, sin que por medios naturales sea explicable su curación.

-Se dicen muchas superficialidades al respecto; no se ve qué tiene que ver que la religiosa fuese prima de dos miembros de la Obra, ni cómo puede haber influido tal circunstancia en un proceso fisiológico y anatómico constatable por radiografía y biopsia. La tarea de verificar la inexplicabilidad de la curación no ha recaído, como se dice, sobre ningún médico de la Universidad de Navarra, sino sobre los peritos de la Congregación de las Causas de los Santos, que no han encontrado ningún elemento que pudiese poner en duda lo milagroso de esa curación por la intercesión de nuestro padre. Una vez más, el autor de tales declaraciones desconoce los hechos. Cuando un médico de la Universidad de Navarra le hizo la biopsia y otro, el doctor Ortíz de Landázuri le hace análisis para comprobar la curación, en esa fase ni se pensaba siquiera en un milagro, ni en una beatificación. Todos los requisitos que se piden para el decreto de aprobación de un milagro se han cumplido con exquisito rigor: Hay afirmaciones por ahí de algunos teólogos que denotan más bien poca familiaridad con el Derecho Canónico. Los cinco médicos nombrados por la Congregación se manifestaron a favor del milagro, por unanimidad, en las tres fases que se siguen en ese proceso.

-Bien, don Flavio: el 17 de mayo está, como quien dice, a la vuelta de la esquina. ¿Qué esperan, cuáles son sus previsiones? ¿Habrá una delegación del Gobierno es pañol como en todas las beatificaciones o canonizaciones de españoles? El presidente de las Cortes de Aragón, que se declara agnóstico, ha manifestado que asistirá…

-Mira, yo de eso no sé nada. Nuestra actitud ha sido la de no organizar nada. La gente es muy libre de hacer lo que quiera. No sé qué número de personas pueden venir. Pienso que en torno a ochenta mil. El Opus Dei no pretende lucirse. Yo no represento al Opus Dei y nada tengo que decir por lo que preguntas de vuestro Gobierno. Sé, a título personal, que asistirán autoridades públicas del Gobierno italiano que, como el presidente Cossiga o el señor Andreotti, han manifestado ya su intención en ese sentido. No son de la Obra. El padre Escrivá es un español, ciertamente, pero también una figura universal, por otra parte.

En resumidas cuentas, yo lo que quisiera de todo corazón es que la beatificación de nuestro padre fuese del mayor fruto eclesial. Hoy que la teología se ha adelantado a la historia, a una historia que ha decretado la caída de una ideología que pretendía fabricar hombres de una sola dimensión, pienso que la Iglesia nunca ha concebido santos de una sola dimensión y ha anunciado para el próximo 17 de mayo el gozo de dos beatificaciones: la de nuestro padre, maestro de la vida espiritual que, con su mensaje de santificación a través del trabajo en medio del mundo, ha proporcionado una respuesta cristiana actualísima al fenómeno de la secularización, que no tiene por qué ser irreversible, como tantos creen, y Josefina Bakhita, que con su vida escondida dio testimonio de la fecundidad de la renuncia a las realidades temporales: dos instancias espirituales aparentemente lejanas y, sin embargo, convergentes.

El esplendor de la primavera romana ha estallado cuando compro los periódicos (españoles e italianos) en el kiosco y veo que Umbral habla de que «el Opus, más bien es nazismo de paisano» y, al día siguiente canoniza por su cuenta al benemérito padre Llanos: «un santo con boina», como él dice. Es una pena que seamos así, pero así somos y, sin embargo, Vittorio Gassman, vuelve de España a su Italia fascinado: «España -declara a la prensa- es una experiencia única, aconsejable especialmente a los italianos. Es el único país de Europa capaz de cultivar una ilusión de euforia, de vitalidad. La gente te da la sensación de estar viva…».

¿Sí…? ¿Seguro, Gassman? ¿También por dentro?

EL «BEATO» ESCRIVÁ DE BALAGUER, ¿SIGNO DE CONTRADICCIÓN?

Vida Nueva, 11-18.IV.92, Madrid, España

ENTREVISTA a Flavio Capucci, postulador de la causa de beatificación

EL «BEATO» ESCRIVÁ DE BALAGUER, ¿SIGNO DE CONTRADICCIÓN?

Por Miguel Ángel VELASCO

La primavera romana ha llegado este año con varios días de antelación. Las mimosas de las elegantes villas que circundan el edificio dela sede central del Opus Dei, en la residencial zona romana del Parioli, viale Bruno Buozzi, 73-75, han florecido ya. En el kiosco de enfrente, los titulares de los periódicos gritan: «Massacrati due carabinieri»; en la pared de enfrente, alguien, en nombre de no se sabe qué rebeldía juvenil, ha escrito algo sobre el sueño de una revolución, con esta frase foral: «No alle catene dell’ipocrisia capitalista…». Por palabras que no quede.

Me hacen pasar a una pequeña sala de visitas en semipenumbra. Al lado de la chimenea, dos fotografías de un Alvaro del Portillo, jovencísimo estudiante en una, y ya con uniforme de ingeniero de Caminos y su bien recortado bigote de época, en la otra. Sobre una mesita, una gran fotografía de Juan Pablo II, dedicada «al diletto figlio Alvaro del Portillo», con la bendición apostólica, y en otra repisa, bajo una foto del padre Escrivá, un pequeño librito en inglés: «The way» (Camino). Don Flavio Capucci, postulador general del Opus Dei, me recibe con gran cordialidad. Vamos a hablar de la próxima beatificación de monseñor José María Escrivá de Balaguer, el «padre», como le llamaban en vida y le siguen llamando ahora a él y a su sucesor, los miembros de la Obra; así está escrito, sin más, sobre la lápida que cubre su tumba, en la cripta a la que continuamente llegan gentes de todo el mundo paró rezar.

-Se ha creado, don Flavio, un clima muy enrarecido en torno a esta beatificación. Por qué, a su juicio, una polémica tan fuerte? ¿La esperaban ustedes? ¿Creen que alguien tiene interés en suscitar una campaña exacerbada? ¿Por qué?

-Pues, la verdad, no lo sé. Yo creo que lo importante es no perder el sentido de la realidad que nos pone frente a un hecho ante el que la Iglesia, de modo abrumadoramente mayoritario, a mi entender, está reaccionando con una simpatía extraordinaria y yo diría que también con unidad.

-No sé aquí, pero para quien, como yo, viene de España, lo cierto es que cabe hablar de todo menos de unidad, don Flavio.

-Me hago cargo, pero no siempre son los más aquellos que más hablan y aparecen. Son, suelen ser siempre, muchos más los otros. Yo, desde aquí, puedo testimoniar que es inmenso el cariño hacia la persona y la obra de nuestro padre, demostrada en visitas, llamadas y miles de cartas provenientes de las espiritualidades y órdenes más diversas, que hablan de la alegría que les produce esta beatificación y de los beneficios indudables que tendrá en la Iglesia este acontecimiento eclesial. Sé, sin embargo, que hay pequeños grupos, muy claramente identificados, con nombres y apellidos, de teólogos más o menos disidentes, sin un gran relieve eclesial. Hablo de disidencia frente a la beatificación.

-¿Y por qué dice que son de poco relieve eclesial?

-Porque nosotros, ante ciertas críticas y oposiciones, vamos a los obispos respectivos, que es donde nos parece que debemos ir en la Iglesia, y todos nos dicen que son esos mismos grupos los que les están creando problemas en otros terrenos doctrinales. Nos tranquilizan y nos dicen que no nos preocupemos, porque lo que dicen está en sintonía con algunas otras actividades suyas en el ámbito moral y pastoral. Eso que están haciendo entronca, además, con un interés por parte de ciertos medios de comunicación pública, laicistas, que no se distinguen precisamente por su posición a favor de la Iglesia.

-El hecho, bien triste por cierto, es que, con polémicas de este tipo, se acaba mezclando a la Iglesia en general, al propio Papa…

-Yo prefería, francamente, no mezclar en nada de esto al Papa. Prefiero mil veces que me critiquen a mí, a nosotros. La verdad es que sí uno entra a examinar los argumentos que usan, se da uno cuenta en seguida de su poco peso y consistencia.

-Hagámoslo, don Flavio. Permítame hacer de abogado del diablo, esa figura tradicional en las causas de los santos que con las nuevas normas, si no ha desaparecido, por lo menos ha cambiado. Hay quien, en un reciente programa de televisión, en España, apuntó determinados argumentos (sobre la irascibilidad de monseñor Escrivá, en concreto, sobre su apego al dinero, a la riqueza, a los honores, al marquesado) que no acabaron de ser rebatidos. Hay quien, como el teólogo Martín Velasco, ha hablado, refiriéndose al padre Escrivá, de su «opción preferencial por los ricos, en vez de los pobres…»

-En cuanto a lo primero, he de señalar que hay también un grupo muy reducido de ex miembros de la Obra que andan repitiendo siempre las mismas cosas, la mayoría de las cuales son sencillamente falsas, meros infundios. Yo creo que, sinceramente, soy la persona que mejor conoce la vida del padre. Le conocí en vida y tras su muerte, por ser el postulador general, he dedicado mi vida a conocer su obra, su figura y sus actos y aseguro y estoy dispuesto a demostrarlo donde haga falta, que muchas de las cosas que van diciendo no tienen el menor fundamento real. En cuanto a lo segundo, también es una argumentación fácilmente desmontable. Se parte comúnmente de una reducción de lo religioso al ámbito de lo político. (Martín Velasco teme que «con esta beatificación serán más difíciles las relaciones Iglesia-izquierda española»). Se interpreta una beatificación como sí fuera un acto político de la Iglesia que consagra una línea pastoral de apoyo a los ricos. Eso lo explica todo. La Iglesia, al proponer una beatificación, no hace una opción política. Cada beatificación se injerta en la tradición espiritual de la Iglesia, en cuya universalidad caben todos los carismas. Con nuestro padre va a ser beatificada -y ello es un inmenso gozo para todos nosotros- una ex esclava negra sudanesa, Josefina Bakhita, convertida a la fe católica.

En la pluralidad de instancias espirituales que se dan en la vida de la Iglesia, en la variedad de los diversos carismas se confirma la unidad de la Iglesia; pero sí este hecho se analiza desde una óptica extraña, no teológica, se desfigura completamente su sentido y se acaba reduciendo la realidad eclesial al resultado del choque entre dos modos de vivir la fe. Así se presenta una beatificación como algo que divide y que privilegia a unos frente a otros, en vez de unir a todos. Ni Escrivá ni Bakhita pueden ser tomados como representantes de dos partidos contrapuestos, sino como dos ejemplos, entre muchos, de la multiforme santidad cristiana.

-Se critica, profesor Capucci, la presión ejercida por el Opus Dei para acelerar esta beatificación, la prisa con que se ha llevado a cabo; se habla de dinero, de influencias…

-Efectivamente; en una palabra: se buscan deficiencias y errores dentro del curso de la causa y se demuestra una gran ignorancia de la praxis canónica de las beatificaciones. Hay quien se mueve con la idea de que somos tan ingenuos en el Opus Dei que precisamente en la causa de nuestro fundador íbamos a hacer las cosas de manera superficial. Es fácil contestar tales objeciones, porque se trata de simplificaciones que se podrían entender, acaso, en gentes que no saben racionalizar en términos sobrenaturales: Escrivá y su opción por el poder, por la autoridad, por el miedo a la innovación, por el conservadurismo, no son más que clichés simplistas. Se ha estudiado y demostrado a fondo su heroicidad en la práctica de cada una de las virtudes. No fue sólo modelo en una cosa. Es el equilibrio propio de los santos entre aspectos aparentemente contradictorios. Vivió heroicamente la pobreza, y a la vez, la magnanimidad; simultáneamente, la humildad y la audacia. Quien no esté familiarizado con la espiritualidad -y no sólo teórica, sino vivida cada día- puede caer en determinados simplismos; pero en personas con espiritualidad no se entiende. En la eclesialidad de la figura de nuestro padre se encuentran, a diario, seglares y religiosas de clausura.

-Déjeme seguir en mi papel de abogado del diablo para recoger el sentir de determinados grupos que le dirían: «eso de que el padre Escrivá vivió heroicamente la pobreza no se lo cree ni usted…»

-Cada acto de cada virtud ha sido analizado en la causa para dar a los consultores la mayor certeza analítica. En la vida del padre hay momentos de estrechez enorme. No vale sólo un momento. En Burgos, a comienzos del 38, huye de Madrid ante el riesgo de muerte inmediata. No tiene un céntimo, ni para una sotana. Alguien le rasga la vieja y él se pasa la noche remendándola. En esas circunstancias decide renunciar a estipendios de misas y envía a los obispos el único medio que tenía de ingresos. No es un episodio aislado, sino una actitud constante de su vida, la de su austeridad. Hasta el año 64 no tendrá una colcha en su cama y la Obra ya se había desarrollado, pero el dinero que había lo dedicaba todo a obras apostólicas. Entiendo que, para algunos, sea difícil comprender la dignidad que siempre quiso para los lugares de culto. Él solía decir que con Dios se da lo que se debe, aunque se deba lo que se da.

La construcción de esta sede central de la Obra donde estamos fue toda una odisea. No había dinero para comer e íbamos al Laterano andando para no gastar en tranvía. Luego viajó en un Mercedes, sí, pero que le regalaron. Así que todo eso de su apego al dinero y ala gente del poder, yo no lo acepto. Es una visión falsa de la realidad de la Obra y de su fundador. Siempre tuvo los brazos abiertos a todo el mundo. No tuvo amistad con los poderosos. Yo soy el que más ha estudiado su vida y obra e insisto: el lado social, por llamarlo de algún modo, del Opus Dei es infinitamente superior al del IESE y las universidades. Hay que ir a Hispanoamérica, a Perú y su centro para campesinos, a Guatemala y ver la labor social del Opus Dei, a las escuelas en Nagasaki; a la Ciudad de los Muchachos en México, de eso no se habla, o se habla poco. En la diócesis peruana de Abancay, el obispo catalán, del Opus Dei, monseñor Enrique Pelac, distribuye 40.000 comidas diarias entre los necesitados. En Madrid está Tajamar, que hoy es una cosa, una realidad maravillosa, pero en sus comienzos era algo muy distinto. Todo esto y en todo el mundo, cómo, sí no, existiera? El Opus Dei es una representación bastante fiel, en su composición, de lo que es la sociedad; eso sí, con una asombrosa unidad de espíritu y con la misma vocación de pobres y ricos a su santificación en la vida de cada día. Así que de relación preferencial con los poderosos…, ni mucho menos.

-Sin embargo, hay quien repite que en Burgos brujuleaba en torno a Franco, mientras que en 1964, en carta a Pablo VI, rechaza la acusación de filo franquismo y se muestra preocupado ya por el después de Franco. Hablan de «oportunismo».

-Te contaré una anécdota poco conocida: al final de una audiencia con Franco, le dijo: «Su excelencia ha pensado que un día se tiene que morir?». Franco, por lo visto, no daba crédito a lo que oía. Cuando el padre se lo contó al patriarca Eijo y Garay, éste le dijo: «José María, tú no harás nunca carrera». Lo importante de nuestro padre es que iba a las almas y les hablaba de Dios. No es menos cierto -y tampoco se suele tener demasiado en cuenta- que supo suscitar una gran sensibilidad social en personas de dinero, de modo poco corriente entre los hombres de Iglesia; supo suscitar en ellos sed de justicia frente a los problemas sociales. Hay muchos empresarios que han dado y dan dinero y son resortes que se hubieran quedado sin aprovechar en la Iglesia, aunque no es dinero sólo del Opus Dei, claro.

-¿Y en cuanto al carácter que a veces demostraba, según dicen algunos que le conocieron?

-Yo he convivido muchos años con él y puedo decirte que he llorado por su muerte más que por la de mí propio padre. Era un hombre que sufría cuando tenía que corregir a alguien. Pedía perdón y le quedabas agradecido. Es verdad que, como buen aragonés, tenía un carácter fuerte, pero, por ejemplo, eso que cuentan de las patadas a las puertas es una falsedad de arriba a abajo. Supo vencer su carácter. Hablaba muy claro, pero yo, por ejemplo, no consigo tratar a personas que trabajan conmigo con la misma paciencia y caridad. Insisto. Yo no he conocido a ese monseñor Escrivá que algunos describen y no sé qué les lleva a insistir en ello; pero no vamos a entrar a atacar a nadie, aunque parece que sí no atacas, es que tienes algo que ocultar. No tenemos que demostrar la inocencia de nadie, sino que hemos demostrado, en un proceso absolutamente objetivo y riguroso, la santidad personal de nuestro fundador. Quienes quieran atacar que den argumentos válidos.

Hasta ahora no ha habido ni uno solo que no haya sido fácilmente contestado y demostrada su falsedad.

-¿Qué consecuencias puede tener toda esta polémica, que va mucho más allá del sano y legítimo pluralismo cristiano, en el proceso, en la causa de beatificación?

-Como es natural -aunque el proceso ha terminado-, yo les tengo perfectamente al día de las objeciones, cuando me llegan o se publican; y veo que la cosa no tiene relieve. En la Congregación examinan el material y, hasta ahora, ven que no se añade nada a lo ya visto ampliamente, estudiado y refutado en la causa.

-¿Es impensable, pues, una suspensión o un retraso en la beatificación?

-Ciertamente. Cuanto algunos han hecho llegar al Papa o a la Congregación ha sido ya estudiado y contrastado con los estudios procesales y «nihil novum sub sole», no se encuentra nada nuevo digno de atención o de relieve.

-Perdóneme una pregunta de curiosidad histórica: ¿es cierto, como he oído a alguien, que hubo un momento en que el propio Juan Pablo II mandó parar, personalmente, el proceso?

-No, no es cierto. Hubo un momento en que se intentó mezclar esta beatificación con algo referente a Isabel la Católica. Un mes después, como mentís rotundo a rumores propalados, salió el decreto de aprobación del milagro y un diario italiano, La Repubblica, tituló: «El Opus ha logrado vencer la resistencia del Papa». Eso es falta de profesionalidad, por no hablar de ignorancia o malevolencia. ¿Alguien puede pensar seriamente que el Papa apruebe un milagro en un proceso de beatificación con ligereza y sin toda clase de pruebas y garantías? No saben de qué hablan.

-En cuanto al cumplimiento de los requisitos establecidos en la legislación canónica para la validez del proceso, tampoco faltan detractores y dudosos.

-Ha sido perfecta la validez y la regularidad del proceso. Es más: los consultores han reconocido la ejemplaridad del proceso.

-Es cierto que al día siguiente de la muerte de monseñor Escrivá fue presentada la petición de beatificación?

-No, no es cierto en absoluto. Sí es cierto que en seguida de su muerte, don Alvaro pidió que quienes lo hubiesen conocido escribieran un testimonio con sus recuerdos y empezaron a llegar a miles algunos altísimamente cualificados-, pero a mí me nombró postulador de la causa en febrero del 78, así que habían pasado casi tres años y sólo el 19 de febrero del 81 comienza oficialmente el proceso, de modo que casi cinco años y medio habían pasado: los necesarios para clasificar y poner orden en hechos, respaldados por documentos, uno por uno. Siete volúmenes de documentos, por mí parte, más de dos mil folios, sin una sola línea de comentario.

-También se dice que todo ha sido una iniciativa de vértice, no de la base.

Tampoco es cierto y es fácilmente demostrable. Una causa de beatificación no es nunca una iniciativa de vértice, de presión, sino una respuesta de la Iglesia a una petición del pueblo, de los fieles: pidieron la apertura de la causa 6.000 cartas de más de’ 100 países, entre ellos 69 cardenales, 1.228 obispos (más de un tercio de los obispos del mundo), de los cuales 59 españoles (34 de ellos habían conocido personalmente al padre, 41 superiores de órdenes religiosas, numerosos jefes de Estado y personalidades de la ciencia y de la cultura. Los testimonios personales de cardenales y obispos de todo el mundo son abrumadores, pero no lo es menos la abrumadora mayoría de personas de humilde condición social que habían conocido al padre y se sintieron más cerca de Dios.

-Hay quien dice que algunos obispos lo hicieron convencidos de que la causa no iba a seguir adelante o era algo que iba para largo, pero se arrepienten ahora.

-Dejando aparte tan arbitrario proceso a las intenciones, lo que se pone entonces en tela de juicio no es al Opus Dei ni a su fundador, sino a los obispos, la veracidad y honradez intelectual y moral de quienes gobiernan la Iglesia. Pero pidieron la apertura de la causa, además, más de 80.000 relaciones firmadas de favores obtenidos gracias a su intercesión, lo que atestigua la devoción ya en torno a su figura; es un fenómeno de piedad popular difundido entre personas de todas las condiciones sociales.

-No falta quien a eso replica que se trata más bien de un culto a la personalidad, característico de las sectas, respecto a la figura de su fundador…

-No hay tal. No es culto a la personalidad; es convencimiento de su santidad personal. No dudo en afirmarlo, como lo hacen quienes le conocieron personalmente y quienes han leído sus libros de espiritualidad. Eso nace de la experiencia. Era un hombre que te acercaba a Dios. Dios suscita a los santos porque tienen percepción inmediata de El, no como nosotros que le vemos como entre sombras, y a través de ellos Dios se nos descubre. A mí, a través del padre, se me ha descubierto un Dios amabilísimo, Padre, con una capacidad infinita de comprender y de querer. Así que nada de culto a la personalidad. En la Obra hay una profunda formación espiritual y ascética, adulta, madura, consciente, y yo doy fe de que nuestro padre sabía desaparecer para presentar á Cristo. Yo no quiero imitarle a él, sino a Cristo, que fue lo que me enseñó. Nos pedía perdón por sus faltas de correspondencia, por su mal ejemplo. Él no daba píe al culto alguno a la personalidad; de ningún tipo, y creo que mí -vivencia personal se puede extender a los miembros de la Obra y también a muchos ex miembros que siguen queriéndole y admirándole. Los críticos son un grupito reducidísimo, que se repiten mucho en lo que dicen.

-Está el testimonio de su sobrino que se queja de que no fue escuchado en el proceso, siendo así que se exige oír a quienes le trataron, ¿no?

-Me alegro de esa pregunta para aclarar algunas cosas; se exige no interrogar a los parientes, como él dice, sino a los que más le hubieran tratado, y por eso fueron interrogados sus padres (los padres de ese sobrino), hermanos de monseñor Escrivá, su hermano que había tenido mucho más trato con el padre que el sobrino. Cuando éste escribió la carta quejándose al Papa, el proceso había terminado y no es serio decir entonces, a proceso terminado: yo quiero declarar. La Congregación, de todos modos, habrá examinado su carta al Papa y si sus quejas no han cambiado la decisión de la beatificación, quiere decir que no les han encontrado fundamento. Yo tengo los testimonios firmados por sus padres y algunos de sus hermanos y dicen justamente, respecto al padre, todo lo contrario de lo que dice él.

-¿Y por qué tanta prisa y rapidez? No estamos acostumbrados en la Iglesia a que 17 años después de morir una persona pueda ser beatificada.

-La causa de monseñor Escrivá ha sido una de las más densas y particularizadas que se haya instruido nunca: ha constado de 980 sesiones; han intervenido 92 testigos, de los que 47 no pertenecen al Opus Dei y ex miembros, y se han hecho 265 preguntas a cada testigo.

La vida del padre ha sido analizada casi al microscopio. El resultado ha sido once mil páginas mecanografiadas a un espacio y once volúmenes de documentos compulsados en 390 archivos. No es casualidad que los consultores hayan alabado la exhaustividad del aparato probativo. Cuantos han participado en la causa, á todos los niveles, desde que el cardenal Tarancón la abrió en Madrid hasta hoy, no sólo no han encontrado irregularidad alguna, sino que han elogiado el rigor ejemplar con que ha sido llevada a cabo.

Ha habido, eso sí, una reforma que ha reducido los trámites de las causas; pero todo se ha hecho minuciosamente de acuerdo con la legislación. Por supuesto que yo no he perdido el tiempo. Al día siguiente que concluyera un plazo, tenía presentada la documentación necesaria. Trabajar, hemos trabajado.

-Se ha escrito también que los votos de algunos consultores (De Magistris, Fernández Alonso, por ejemplo) fueron negativos.

-Los nombres de los consultores son secretos. Los designa la Congregación y no la postulación, que no es informada de ello precisamente para defender, de cualquier hipotética presión, la libertad de los consultores.

-Entonces usted, ¿cuándo ha conocido los nombres de los consultores?

-Yo no sólo no los he conocido, sino que no los conozco. Es contradictorio hablar de presiones del Opus Dei y afirmar, a la vez, que ha habido votos contrarios; la existencia de ellos demostraría que no había habido presiones. Mi interlocutor es la Congregación y el día que se sepa el nombre de un consultor que ha dado un voto negativo, nadie querrá darle una causa. La presión de la prensa mundial sería enorme. No sé las fuentes que ha tenido quien eso afirma, pero yo sólo puedo añadir que la Congregación publica los votos de los consultores sin decir su nombre y, en el proceso del padre, hubo siete votos positivos y un voto que proponía «dilata»: esperar; luego esos argumentos no son válidos. El resto de los consultores, a favor, es de una mayoría apabullante.

-¿Cuál es su opinión sobre las declaraciones de personas como el cardenal Tarancón, Feltzman, Fisac, etc.?

-El cardenal Tarancón no sólo inició, como arzobispo de Madrid, el proceso de la causa de beatificación, sino también el del milagro. No me meto a calificar lo que dicen que dice ahora de que se creía que las cosas irían para mucho más largo, pero me sorprendería que lo hubiese dicho. Sus testimonios, cuando era arzobispo de Madrid, a favor del padre, están escritos.

En cuanto a Feltzman, no es cierto que él fuera, como asegura, el ojito derecho del padre, o poco menos. Además, en el 81 era del Opus Dei y había escrito su testimonio irreprochable en favor de la beatificación. Ahora se queja de que no fue testigo. Entre los testigos que yo podía elegir, elegí a otras personas que habían conocido al padre mucho más y mucho mejor que él; y con testimonios de cientos de páginas, no de diez, como el suyo.

-Está la cuestión del presunto nazismo y de la presunta idea del padre Escrivá de pasar a la Iglesia ortodoxa.

-Hay testimonios bien precisos, que ya han sido examinados e incorporados a la causa, que demuestran sin lugar a duda alguna las ideas del padre y su convencimiento sobre la inconciliabilidad entre cristianismo y nazismo. Es de una ingenuidad sorprendente, a decir poco, pensar que la postulación, en doce tomos de epistolario del padre, no haya estudiado eso, o lo de su viaje a Grecia. Quedó, a su tiempo, perfectamente claro que lo hizo en estrecho contacto con el entonces sustituto en Secretaría de Estado, monseñor Dell’Acqua, que ni se le pasó por la cabeza la idea de hacerse ortodoxo, sino que fue un viaje para ver posibilidades de apostolado en aquel país. De verdad que es ingenuo pensar que no tengamos documentos o hayamos estudiado tan poco la vida de nuestro padre. Es hasta ofensivo.

-En definitiva, profesor Capucci: lo que de veras interesa a un buen cristiano en todo este asunto es que de la beatificación del fundador del Opus Dei, como de la de cualquier otro f el cristiano, se deriven beneficios y no daños para la Iglesia, para el pueblo de Dios; gracia y unidad, en vez de división y escándalo.

-Eso depende ya del «sensus fidei» de la gente. A mí, te lo digo con absoluta sinceridad, me preocupa muy poco lo que griten cuatro a los que se les oye mucho porque disponen de altavoces torpemente interesados. Quien tenga la mente libre de prejuicios y una fe firme sabe que la Iglesia estudia una causa de santidad hasta el extremo, que no es una cosa de aficionados. Yo pienso que a los fieles de buena fe no les importará el escándalo más o menos buscado, promovido y artificial. La gente no es tan simple como algunos creen; sobre todo en el ámbito religioso. Se pueden tener distintas opiniones legítimas sobre la figura de un santo o su espiritualidad, pero un católico debería tener claro un punto: lo que ha llegado a la Santa Sede no es una opinión interesada, y con espíritu de parte, sino que se ha conseguido el máximo grado de certeza analítica minuciosamente documentada y fundada.

Un cristiano sincero no se debe formar una idea sobre el padre Escrivá a base de lo que lee por ahí, sin más, sino a base de lo que dice la Iglesia.

-Teológicamente hablando, ¿una beatificación quiere decir algo más que el reconocimiento oficial de la Iglesia de que Dios ha salvado a aquella persona?

-Desde luego que sí. Quiere decir que la Iglesia señala su ejemplaridad, que puede ser presentado como modelo, y el reconocimiento asimismo -la aprobación del milagro lleva a esa conclusión- de que es valiosa su intercesión ante Dios. El juicio sobre sus virtudes heroicas es un juicio humano y la Iglesia tiene perfecta conciencia de ello y va poniendo filtros para garantizar la solidez de ese juicio humano, mediante declaraciones con juramento, etc.; pero beatificarlo es que la Iglesia pretende y desea que Dios -nada menos- confirme ese juicio humano y pide para ello un milagro. Es una lógica sobrenatural . muy audaz, una cosa muy seria, que no se puede despachar con cuatro ingenuidades. Ello supone que se puede introducir a una persona en el culto oficial de la Iglesia.

-Por cierto: se ha hablado de falta de imparcialidad, de reservas sobre ese milagro que se atribuye al padre Escrivá en la persona de la religiosa sor Concepción Boullón, de las Carmelitas de la Caridad de El Escorial (Madrid), enferma de lipocalcinosis tumoral y que sanó, sin que por medios naturales sea explicable su curación.

-Se dicen muchas superficialidades al respecto; no se ve qué tiene que ver que la religiosa fuese prima de dos miembros de la Obra, ni cómo puede haber influido tal circunstancia en un proceso fisiológico y anatómico constatable por radiografía y biopsia. La tarea de verificar la inexplicabilidad de la curación no ha recaído, como se dice, sobre ningún médico de la Universidad de Navarra, sino sobre los peritos de la Congregación de las Causas de los Santos, que no han encontrado ningún elemento que pudiese poner en duda lo milagroso de esa curación por la intercesión de nuestro padre. Una vez más, el autor de tales declaraciones desconoce los hechos. Cuando un médico de la Universidad de Navarra le hizo la biopsia y otro, el doctor Ortíz de Landázuri le hace análisis para comprobar la curación, en esa fase ni se pensaba siquiera en un milagro, ni en una beatificación. Todos los requisitos que se piden para el decreto de aprobación de un milagro se han cumplido con exquisito rigor: Hay afirmaciones por ahí de algunos teólogos que denotan más bien poca familiaridad con el Derecho Canónico. Los cinco médicos nombrados por la Congregación se manifestaron a favor del milagro, por unanimidad, en las tres fases que se siguen en ese proceso.

-Bien, don Flavio: el 17 de mayo está, como quien dice, a la vuelta de la esquina. ¿Qué esperan, cuáles son sus previsiones? ¿Habrá una delegación del Gobierno es pañol como en todas las beatificaciones o canonizaciones de españoles? El presidente de las Cortes de Aragón, que se declara agnóstico, ha manifestado que asistirá…

-Mira, yo de eso no sé nada. Nuestra actitud ha sido la de no organizar nada. La gente es muy libre de hacer lo que quiera. No sé qué número de personas pueden venir. Pienso que en torno a ochenta mil. El Opus Dei no pretende lucirse. Yo no represento al Opus Dei y nada tengo que decir por lo que preguntas de vuestro Gobierno. Sé, a título personal, que asistirán autoridades públicas del Gobierno italiano que, como el presidente Cossiga o el señor Andreotti, han manifestado ya su intención en ese sentido. No son de la Obra. El padre Escrivá es un español, ciertamente, pero también una figura universal, por otra parte.

En resumidas cuentas, yo lo que quisiera de todo corazón es que la beatificación de nuestro padre fuese del mayor fruto eclesial. Hoy que la teología se ha adelantado a la historia, a una historia que ha decretado la caída de una ideología que pretendía fabricar hombres de una sola dimensión, pienso que la Iglesia nunca ha concebido santos de una sola dimensión y ha anunciado para el próximo 17 de mayo el gozo de dos beatificaciones: la de nuestro padre, maestro de la vida espiritual que, con su mensaje de santificación a través del trabajo en medio del mundo, ha proporcionado una respuesta cristiana actualísima al fenómeno de la secularización, que no tiene por qué ser irreversible, como tantos creen, y Josefina Bakhita, que con su vida escondida dio testimonio de la fecundidad de la renuncia a las realidades temporales: dos instancias espirituales aparentemente lejanas y, sin embargo, convergentes.

El esplendor de la primavera romana ha estallado cuando compro los periódicos (españoles e italianos) en el kiosco y veo que Umbral habla de que «el Opus, más bien es nazismo de paisano» y, al día siguiente canoniza por su cuenta al benemérito padre Llanos: «un santo con boina», como él dice. Es una pena que seamos así, pero así somos y, sin embargo, Vittorio Gassman, vuelve de España a su Italia fascinado: «España -declara a la prensa- es una experiencia única, aconsejable especialmente a los italianos. Es el único país de Europa capaz de cultivar una ilusión de euforia, de vitalidad. La gente te da la sensación de estar viva…».

¿Sí…? ¿Seguro, Gassman? ¿También por dentro?

ALFONSO DAVILA ORTIZ, en la beatificación del fundador del Opus Dei

EL TIEMPO, Santafé de Bogotá, Colombia, VIERNES 31 DE JULIO DE 1992

UN MENSAJE TRASCENDENTAL

La beatificación del fundador del Opus Dei.

Por ALFONSO DAVILA ORTIZ

El pasado 17 de mayo, la beatificación de Monseñor José María Escrivá reunió en la Plaza de San Pedro; en Roma, unas 250 mil personas. Este suceso ha producido un eco poco común para actos de carácter estrictamente sobrenatural. Beatificaciones y canonizaciones son de habitual ocurrencia en la sede del Papa. Sin embargo, según observadores del mismo Vaticano, en más de 50 anos no veían tan grande muchedumbre participando en la elevación a los altares de un hijo de la Iglesia.

La prensa y la radio destacaron la trascendencia del hecho. Por la televisión, millones de personas de los cinco continentes presenciaron la transmisión -en directo o diferido- de la ceremonia presidida por Juan Pablo II.

¿Qué razón puede darse para esta movilización universal alrededor de un acontecimiento que, en sí mismo, sólo tiene trascendencia espiritual? Porque la beatificación de un hombre no influye directamente en ninguno de los campos en los que las agencias mundiales de noticias se interesan: la economía, la política, la guerra y la paz; la violencia, el deporte…

Quizá la respuesta podamos encontrarla en el mensaje espiritual del nuevo beato, un mensaje que, en los comienzos de su tarea sacerdotal suscitó tal sorpresa que llegó a ser calificado, aunque hoy nos parezca irracional, como una de las mayores herejías de comienzos del siglo XX. La llamada universal a la santidad; la posibilidad -más aún el deber- de alcanzar la plenitud de la vida cristiana, las cumbres de la perfección, a través de la vida ordinaria, en los asuntos corrientes en los que trajinan los hombres y mujeres normales: el hogar, el trabajo, el deporte, la música, el arte, la política, y el dolor, el cansancio, las alegrías de lo cotidiano.

Parece mentira. Pero llegó a afirmarse qué esta doctrina era contraria a la tradición dos veces milenaria de la Iglesia y, por tanto, nociva para la mente y el alma de quienes pretendieron seguirla. Olvidaban, los que así reaccionaron, la vida de trabajo de Cristo, el hogar de Nazareth, la normalidad de la vida de María, la más santa de todas las criaturas humanas.

Ahora, sin embargo, y después de las afirmaciones solemnes del Concilio Vaticano II, del cual el Fundador del Opus Dei fue auténtico precursor, es doctrina común, poseída pacíficamente -aunque todavía no bien comprendida en su totalidad- por el pueblo de Dios. Obispos, sacerdotes y laicos hablan con naturalidad de la posibilidad -y la obligación- de ser santo en el trabajo diario, en la vida familiar.

Por esta razón, la beatificación de Monseñor Escrivá tiene trascendencia; universal y no solo eclesiástica o religiosa. Porque el trabajo y la familia, como la amistad y las dificultades diarias, son el ámbito natural de todo ser, humano. Y a cada uno llega, entonces, como una sacudida sobrenatural, la llamada a no desperdiciarlos, a encontrarles el sentido divino, como medio necesario y suficiente para alcanzar el Cielo.

Es lo que Juan Pablo II afirmaba con claridad en su homilía en la Misa de Beatificación: “Con sobrenatural intuición, el beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por ello, el trabajo. es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se vive en unión con Cristo, pues el Hijo dé Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre, a toda la creación”.

En una sociedad en la que el afán desenfrenado de poseer cosas materiales las convierte en un ídolo y motivo de alejamiento de Dios, el nuevo beata nos recuerda que estas mismas realidades, criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para gloria del Creador y al servicio de los hermanos, pueden ser camino para el encuentro de los hombres con Cristo. “Todas las cosas de la Tierra -enseñaba-, también las actividades terrenas y temporales de los hombres, han de ser llevadas a Dios”.

Esta doctrina, si se aplica oportunamente, es capaz de transformar el mundo. Y eso es lo que se refleja en el eco universal producido por la beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.