Monthly Archives: Agosto 2010

Benedicto XVI publicará un libro-entrevista con el periodista alemán Seewald

“La publicación será en breve, y está prevista que sea en italiano y alemán, aunque será posible su traducción a otros idiomas”, explicó el periodista…

Ciudad del Vaticano. (EFE).- Las largas conversaciones sobre diversas cuestiones que el papa Benedicto XVI tuvo durante este verano con el periodista alemán Peter Seewald serán recogidas en un libro que saldrá a finales de año, según informó hoy el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.

Lombardi explicó que del 26 al 31 de julio, mientras se encontraba en su residencia veraniega de Castel Gandolfo (cerca de Roma), Benedicto XVI “concedió al periodista alemán Peter Seewald una serie de entrevistas, respondiendo a sus preguntas sobre varios argumentos”. El periodista alemán ya había entrevistado al Papa cuando éste era cardenal y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y de estas conversaciones nacieron dos libros.
“La publicación del volumen será en breve, antes de final del año, y está prevista que sea en italiano y alemán, aunque será posible su traducción a otros idiomas”, añadió Lombardi. Cuando era cardenal, el papa Ratzinger ya publicó tres libros-entrevistas.
El primero en 1985 “Rapporto sulla fede” (Informe sobre la fe), fruto de las conversaciones con el periodista italiano Vittorio Messori, mientras que de las entrevistas con Seewald se publicó “Il sale della terra. Cristianesimo e Chiesa cattolica nel XXI secolo” (La sal de la tierra. Cristianismo e Iglesia católica en el Siglo XXI (1997) y “Dio é il mondo” (Dios y el mundo) (2001).
También se espera que, según los medios de comunicación italianos, salga en marzo del próximo año el segundo volumen del libro del Papa sobre Jesús de Nazaret, dedicado a la Pasión, Muerte y Resurrección. El primer libro sobre Jesús, dividido en dos volúmenes, se publicó en 2006.

Benedicto XVI invita a vivir con “el estilo de Dios”


Consejo a sus antiguos alumnos

CASTEL GANDOLFO, lunes 30 de agosto de 2010 (ZENIT.org).- Constatando que con frecuencia se vive según un “estilo pagano”, Benedicto XVI ha invitado a forjar la propia vida siguiendo otro camino, “el estilo de Dios”.
Fue la exhortación que dirigió al inicio de la misa que presidió este domingo, en el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo, con motivo del encuentro anual de sus antiguos alumnos, el Ratzinger Schülerkreis, que se celebró del 27 al 30 de agosto (Cf. ZENIT, 26 de agosto de 2010).
El pontífice, como refiere “Radio Vaticano”, intervino para comentar el evangelio de ese domingo, que hace referencia a quienes buscan el primer puesto en los banquetes (Lucas 14: 1-7, 14), recordando que en este pasaje “el Señor nos da a comprender que en realidad seguimos viviendo según el estilo de los paganos: invitamos por reciprocidad sólo a quien devolverá la invitación, damos sólo si se nos restiturá”.
“El estilo de Dios es diferente”, subrayó. “Nos invita a su mesa a nosotros, que somos cojos, ciegos y sordos; nos invita a nosotros que no tenemos nada que darle”.
El estilo divino, constató, se experimenta sobre todo en la Eucaristía, durante la cual se nos llama a dejarnos tocar por la gratitud hacia Dios, que nos invita a su mesa, a pesar de que estamos llenos de culpas.
“Pero queremos aprender también a experimentar la culpa de que salimos demasiado poco del estilo pagano, porque vivimos muy poco la novedad, el estilo de Dios”, observó el obispo de Roma.
“Y por esto comenzamos la santa misa pidiendo perdón: un perdón que nos cambie, que nos haga más semejantes a Dios, a su imagen y semejanza”.

En la homilía de la celebración, el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena y antiguo alumno del profesor Joseph Ratzinger, subrayó la importancia de la humildad que “transforma los insultos en una gracia”.

“Gracias, Santo Padre, porque usted encarna para nosotros la actitud de Cristo, que es manso y humilde de corazón”, exclamo. “¿No es algo maravilloso de la fe cristiana y de la experiencia cristiana? La alegría por el hecho de que los parámetros del Cielo son tan diferentes de los nuestros”.
El Ratzinger Schülerkreis de este año se concentró en el tema de la interpretación del Concilio Vaticano II.
Los participantes fueron unos cuarenta, todos ellos antiguos alumnos del profesor Ratzinger, que presentaron con él sus tesis de doctorado en los años en que era profesor en universidades de Alemania.

Libros de mujeres del Opus Dei

Para comprender el papel de la mujer en el Opus Dei, nos pueden servir de referencia algunos libros de/sobre mujeres del Opus Dei. No incluyo novelas, ensayos ni libros científicos escritos por ellas, sino sólo los que se refieren a la Obra o a su Fundador. Como la historia del Opus Dei todavía es corta, la lista puede ser casi completa.

Biográficos:
Montse Grases: la alegría de la entrega. Escrito por José Miguel Cejas
La paz y la alegría: María Ignacia García Escobar en los comienzos del Opus Dei. Escrito por José Miguel Cejas Arroyo
Guadalupe Ortiz de Landázuri: trabajo, amistad y buen humor. Escrito por Mercedes Eguíbar
Páginas de amistad: relatos en torno a Encarnita Ortega. Escrito por Maite del Riego Ganuza
Historia de un matrimonio: María y Fernando. Escrito por Luis Crespo de Miguel
Encarnita Ortega Pardo: hablando de tú a Dios. Escrito por Maite del Riego Ganuza
Autobiográficos:
En el corazón de Kenia: 25 años de mi vida en el Opus Dei. Escrito por Esther Toranzo Fernández
A la mitad del camino. Escrito por María Lourdes Díaz-Trechuelo Spínola
Con un sueño en África. Escrito por Olga Marlin
Una nueva partitura: México-Roma. Escrito por Margarita Murillo Guerrero
Ernestina de Champourcín, del exilio, a Dios. Escrito por Ernestina de Champourcin, Beatriz Comella
Sobre san Josemaría:
Tiempo de caminar: semblanza de Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer. Escrito por Ana Sastre
Una familia del Somontano. Escrito por Esther Toranzo Fernández, Gloria Toranzo Fernández, Lourdes Toranzo Fernández

Fuente: http://opusdei-libros.blogspot.com/2010/08/algunos-titulos-sobre-el-opus-dei-y-el.html

Estudios sobre el Opus Dei

Studia et Documenta, vol. 4 – 2010
Publicación: mayo 2010
Páginas: 538

INIZIATIVE PROMOSSE DAL FONDATORE DELL’Opus Dei IN AMBITO EDUCATIVO
Presentazione, Maria Carla Giammarco (pp. 9-13).
Los comienzos de la labor del Opus Dei con universitarias:
la Residencia Zurbarán de Madrid (1947-1950)
, Mercedes Montero (pp. 15-44).
Estudio sobre los tres primeros años de la Residencia universitaria Zurbarán, dirigida por mujeres del Opus Dei en Madrid. Se explican las diferencias entre esta iniciativa y la tradición residencial femenina española anterior a la Guerra Civil, y también entre el espíritu que movía Zurbarán y el que latía en los colegios mayores restaurados en España a partir de 1942-43. Narración de la expansión del mensaje del Opus Dei entre las mujeres (universitarias o no), desde la Residencia Zurbarán.
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Fuentes para la historia de la Academia y de la Residencia DYA, 
Constantino Ánchel (pp. 45-101).
DYA, sigla de Derecho y Arquitectura, es el nombre que dio san Josemaría a la primera iniciativa apostólica de carácter institucional de fieles del Opus Dei. Años después se refirió a ella como la primera obra corporativa. Comenzó en diciembre de 1933 en Madrid con la apertura de una academia, en la calle Luchana. En octubre de 1934 la Academia DYA se trasladó a la calle Ferraz y se amplió con una residencia universitaria. El Opus Dei creció y, desde DYA, se preparó la expansión a otras ciudades: Valencia y París. Cuando se estaban ultimando los pasos necesarios para establecer una residencia en Valencia, comenzó en España la Guerra Civil. En este artículo se describen las fuentes, procedentes fundamentalmente del Archivo General de la Prelatura del Opus Dei, necesarias para confeccionar una historia más extensa y documentada de aquellos primeros años de la Obra.
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San Josemaría y la promoción del Colegio Gaztelueta, Ramón Pomar (pp. 103-146).
En 1951, en una población cercana a Bilbao, comenzó su andadura el Colegio Gaztelueta, la primera obra de apostolado corporativo de enseñanza media del Opus Dei, cuyo sistema pedagógico ha influido en la configuración de otros centros docentes posteriores. Nació fruto de una iniciativa de san Josemaría Escrivá de Balaguer, secundada por algunas familias de Guecho deseosas de promover un centro educativo para sus hijos. El artículo aborda los inicios de la labor apostólica de la Obra en Bilbao, introduce a los protagonistas de la iniciativa y se detiene en el nacimiento y primer desarrollo del colegio, todo en conexión con la figura de san Josemaría.
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Like a Bridge over Troubled Water in Sydney: Warrane College and the Student Protests of the 1970s, José Manuel Cerda (pp. 147-181).
Questo articolo tratta una serie di eventi, avvenuti a Sydney tra il 1966 e il 1974, riguardanti la fondazione di Warrane College, una residenza universitaria affidata alla cura spirituale dell’Opus Dei e affiliata all’Università del Nuovo Galles del Sud. Lo studio si basa principalmente su fonti giornalistiche ed è diviso in tre parti: la descrizione del processo fondativo della residenza, l’analisi degli obiettivi formativi della stessa, e l’opposizione al progetto sorta in alcuni ambienti dell’università suddetta, con le proteste che ne derivarono nel 1971 e nel 1974.
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STUDI E NOTE
La relación personal entre san Josemaría Escrivá de Balaguer y mons. Juan Hervás a través de sus cartas, Francisca Colomer (pp. 185-213).
Se presenta un breve estudio del trato entre Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei y Juan Hervás Benet, obispo de Ciudad Real e impulsor de los Cursillos de Cristiandad. La reseña biográfica de ambos presenta el marco en el que se examinan desde el punto de vista cuantitativo, temporal y de contenido, las cartas que se conservan en el Archivo General de la Prelatura del Opus Dei en Roma, con la doble finalidad de trazar una cronología base de la relación entre Escrivá de Balaguer y Hervás, y de esbozar algunas ideas sobre su amistad, que sirvan de punto de partida para estudios sucesivos. 

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San Josemaría e il beato Ildefonso Schuster (1948-1954), Aldo Capucci (pp. 215-254)
San Josemaría Escrivá e il beato Alfredo Ildefonso Schuster, cardinale arcivescovo di Milano, si conobbero nel capoluogo lombardo il 14 gennaio del 1948. L’incontro e gli eventi successivi dimostrano non soltanto la piena sintonia fra il fondatore dell’Opus Dei e i vescovi delle città nelle quali intendeva espandere il lavoro apostolico, ma anche, in questo caso, la profonda e reciproca stima con il santo pastore di quella che allora era la diocesi più grande del mondo. La certezza dell’avvenuto incontro – messo in dubbio da una testimonianza della causa di canonizzazione del fondatore dell’Opus Dei, ma soprattutto dal riserbo dei protagonisti – viene qui acquisita e certificata attraverso documenti inediti, grazie ai quali è stato anche possibile ricostruirne i probabili contenuti, alla luce delle circostanze storiche di quegli anni.
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The Early Days of Opus Dei in Cambridge (U.S.) As Recalled by the First Generation (1956-1961), John Arthur Gueguen, Jr. (pp. 255-294).
Questo articolo è il seguito di “The Early Days of Opus Dei in Boston… (1946-1956)”, che è apparso nel vol. 1 (2007), 65-112. Tratta dei centri che hanno preceduto l’apertura di Elmbrook, a Cambridge, e dell’apostolato svolto principalmente con studenti e professori ad Harvard and Massachusetts Institute of Technology (M.I.T.). Le testimonianze delle persone che sono stati i personaggi di questa storia (1956-1961) sono integrati da materiale presente nell’Archivio Generale della Prelatura della Santa Croce e Opus Dei.
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Los inicios de la Prelatura de Yauyos (Perú) 1957-1968. Antecedentes y recuerdos documentados,
 Esteban Puig (pp. 295-338).
Estudio histórico sobre los inicios de la Prelatura territorial de Yauyos encomendada por la Santa Sede al Opus Dei y conformada por las Provincias civiles de Yauyos y Huarochirí, en un territorio de los Andes del Perú. El 2 de octubre de 1957, mons. Ignacio María de Orbegozo y Goicoechea, nombrado prelado de Yauyos, tomaba posesión de la Prelatura. Co
n él marcharon otros cinco sacerdotes de diferentes diócesis españolas, a los que sus ordinarios habían dado permiso para esta nueva tarea pastoral. Acomunaba a todos el hecho de pertenecer a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, asociación intrínsecamente unida al Opus Dei. Con la llegada de nuevos sacerdotes, el trabajo pastoral pudo extenderse por la Prelatura. En el año 1962, se anexionó a la Prelatura la Provincia civil de Cañete. Se fundó el seminario menor, se restauraron iglesias, casas parroquiales, salones comunales, capillas y se crearon centros asistenciales de promoción humana y social. Fueron once años de actividad profunda, intensa y extensa.
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Apuntes para una reseña biográfica de Narcisa González Guzmán, una de las primeras mujeres del Opus DeiFrancisca R. Quiroga (pp. 339-371).
Narcisa (Nisa) González Guzmán (1907-1998), fue una de las primeras mujeres del Opus Dei. El artículo se centra en el periodo 1907-1942 de su vida y aporta datos sobre su familia, la educación recibida y las actividades que desarrolló, así como su encuentro con el fundador del Opus Dei y su incorporación a esa institución. En el epílogo se presentan, de modo esquemático, las demás etapas de su vida, que permiten valorar su papel en el desarrollo del Opus Dei.
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DOCUMENTI
Cartas de Josemaría Escrivá de Balaguer a Dolores Fisac (21 de mayo de 1937 – 16 de noviembre de 1937), Yolanda Cagigas (pp. 375-409).
Se transcriben las dieciséis cartas que san Josemaría escribió a Dolores Fisac en un periodo de seis meses, desde el 21 de mayo –estando refugiado en la Legación de Honduras– hasta el 19 de noviembre de 1937, día en que inició desde Barcelona el paso a Francia por los Pirineos. A través de esa correspondencia, mantenida en una especial coyuntura, Dolores Fisac pidió la admisión en el Opus Dei. Se trataba de la primera mujer (después de Mª Ignacia García Escobar) en la que la llamada al Opus Dei se consolidó. Con el objeto de favorecer una mejor comprensión de las cartas, se ofrece una explicación previa del contexto histórico y se aporta información obtenida de las cartas escritas por Dolores Fisac y por Isidoro Zorzano, así como del diario de este último.
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Epistolario de san Josemaría Escrivá de Balaguer y mons. Javier Lauzurica (enero 1934 – diciembre 1940), Francisco Crosas (pp. 411-435).
Se edita la correspondencia entre san Josemaría Escrivá y mons. Javier Lauzurica, intentando ofrecer las coordenadas históricas y humanas de esa relación epistolar, mantenida en tiempos azarosos de la historia de España. En total son 23 cartas escritas entre enero de 1934 y diciembre 1940.
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NOTIZIARIO
La memoria di san Josemaría Escrivá nello spazio urbano in Italia, Aldo Capucci (pp. 439-451).

SEZIONE BIBLIOGRAFICA
Recensioni (pp. 455-469).
Schede bibliografiche (pp. 471-498).
Elenchi bibliografici: Bibliografia general sobre el Opus Dei (I), José Mario Fernández Montes, José Luis González Gullón, Santiago Martínez Sánchez (pp. 499-538).

Ser capaz para la amistad

* Segunda parte de la conferencia de la doctora Jutta Burggraf, pronunciada el 6 de noviembre de 2009 en el IV Congreso Internacional Provida, celebrado en Zaragoza (España).

Si deseamos que otro se desprenda, realmente, del error, de la equivocación, de la fealdad o de la maldad, y que se abra a nuevos conocimientos, es preciso entrar en una relación amistosa con él. Se acepta un consejo cuando hay confianza. Se sigue a un amigo y a nadie más.
La amistad proporciona un nuevo brillo a nuestra existencia y hace más amable nuestra vida.

Goethe lo expresa de un modo poético: “Nuestro mundo parece muy vacío —afirma—, si lo imaginamos sólo lleno de montañas, ríos y ciudades. Pero sabemos que aquí o allá hay alguien que está en sintonía con nosotros, alguien con quien seguimos viviendo, aunque sea en silencio. Esto, y solamente esto, hace que la tierra sea un jardín habitable”.


Precisamente ante la masificación y el anonimato, tan característicos de nuestra época, necesitamos lugares cálidos, espacios en los que podamos sentirnos como en casa. Donde hay amigos, surge la experiencia de la confianza, la experiencia del hogar. Para muchos contemporáneos, la amistad es su hogar y su patria en medio de una tierra sin patria y sin hogar.

Quien tiene amigos de otros partidos políticos, otras profesiones, religiones y nacionalidades, es una persona dichosa. Se le abre un mar sin orillas. Tratando y queriendo a la gente más variada, se amplía su mente y se ensancha su corazón. Recibe mucho y entrega mucho. Es quien mejor puede orientar a los que parecen estar en una situación sin salida.

Por supuesto, la amistad no se puede forzar. Es un don de lo alto. Pero podemos capacitarnos para recibir este don.

1. Una condición imprescindible
Para aventurarme en la vida del otro, debo estar en paz conmigo mismo. Debo llevarme bien conmigo mismo y llegar a ser, de alguna manera, “mi propio amigo“.
Conozco a una mujer que ha abortado varias veces y —después de un espectacular cambio de mente— trabajaba agresivamente a favor de la vida. En una ocasión, ella me confesó: ”Francamente, me odio. Y odio a todas las mujeres que abortan. Si una persona ha realizado este crimen, sólo le quedan dos caminos: luchar vehemente en pro o en contra de la vida, para callar la voz de su conciencia“.
Sin embargo, no defendemos la vida, en primer lugar, para solucionar problemas personales, sino para ayudar a los demás. No podremos hacerlo con eficacia, si no transmitimos nada más que nuestro caos interior, ahogando a los otros con nuestros sentimientos amargos y nocivos. Huirán de nosotros para protegerse.
Si no estoy a gusto conmigo mismo, no estoy a gusto en ningún lugar. Si no me he encontrado a mí, no puedo realizar un verdadero encuentro con ninguna otra persona. Si no estoy en armonía conmigo, no puedo sembrar paz a mi alrededor.
Cabe también una tercera posibilidad para los que han experimentado el aborto: pueden defender la vida serenamente, si han llegado a ser “su propio amigo“. Pero, ¿cómo es posible esto? La amistad reclama una actitud de profunda sinceridad. No se puede construir sobre una mentira. Así, para ser “mi amigo“, necesito comportarme con rectitud interior. No debo reprimir las grandes cuestiones que se plantean, con mayor o menor frecuencia, en mi interior. Tengo que ordenar mi propia alma, dirigirla hacia el bien y buscar el sentido completo de mi existencia.
Si una persona se ha reconciliado con Dios y con ella misma, tiene la oportunidad de dar al mundo su propio testimonio con especial convicción. Es una tarea hermosa, una ocasión para desagraviar y, por supuesto, también es un tratamiento para curar las propias heridas cada vez más hondamente.

2. El valor de la amabilidad
Hay dos formas de mostrar nuestra fuerza en una conversación: podemos empujar al otro hacia abajo, o tirarle hacia arriba; podemos actuar de un modo destructivo o de un modo constructivo.
Un lenguaje ofensivo, unas palabras sarcásticas, cierta arrogancia, brusquedad, prepotencia y reproches son ejemplos para una conversación destructiva; producen resistencias y, en ocasiones, rebeliones abiertas.
No hacen falta habilidades para pisar al otro. Cualquiera puede hacerlo. Se hiere, a veces, todavía más con la frialdad que con el enfado. Pero el precio es alto. Si discutimos, nos enfrentamos y contradecimos, creamos distancias. Si nos dejamos llevar por la agitación interior, terminamos ofendiendo. Alguna vez, podremos lograr algún triunfo. Pero será una victoria vacía. Una persona forzada contra su voluntad no cambia de opinión. No sale del círculo vicioso en el que se encuentra y, con frecuencia, tiende a sabotear los esfuerzos de quien la frustra.
Es verdad, la coacción puede evitar, en ocasiones, un mal. Puede evitar, por ejemplo, la muerte de inocentes. Pero no es un medio adecuado para conducir a una persona hacia el bien. Un cambio violento, normalmente, no es profundo ni duradero. No se puede forzar a nadie a ser bueno.
Los chinos dicen: “Quien pisa con suavidad, va lejos“. Lo mismo expresa la famosa fábula del sol y del viento. Ambos discutieron acerca de cuál era más fuerte, y el viento dijo: “¿Ves aquel chico envuelto en una capa? Te apuesto a que le haré quitar la capa más rápido que tú”.Comenzó a soplar, con una fuerza enorme, hasta ser casi un ciclón. Pero cuanto más soplaba, tanto más el chico se envolvía en su capa. Por fin, el viento se calmó y se declaró vencido. Entonces salió el sol y sonrió benignamente sobre el chico. No pasó mucho tiempo hasta que éste, acalorado, se quitó la capa.
Realmente, la suavidad es más poderosa que la furia. Sólo a través del corazón podemos llegar a la razón de otra persona. Si ella nos rechaza, no podemos hacer nada. Pero si nota que la queremos de verdad, que es especial e importante para nosotros, y que deseamos que sea plenamente feliz, entonces se abre la posibilidad de una relación amistosa, en la que —como ya hemos visto— cada uno escucha al otro y cada uno aprende del otro.
La amistad surge y se acrecienta cuando rompemos las imágenes que nos hemos hecho de otra persona. Es una experiencia muy íntima, que necesita tiempo, calma y mucha sensibilidad.
El que ama, da algo de sí mismo, de su propia vida, de lo que está vivo en él. Comparte sus alegrías y sus penas, sus ilusiones y desilusiones, sus experiencias y proyectos, sus reflexiones y, no en último lugar, la verdad que ha encontrado; en una palabra: se da a sí mismo. En este ambiente no es difícil hablar de todo, también de las propias faltas, aunque sean muy graves.

3. Transmitir la verdad
Para elevar al otro hacia una comunicación constructiva, conviene que profundicemos en la relación positiva que ya existe entre nosotros. Es importante ver lo bueno en el otro, porque todos tendemos a comportarnos según las expectativas de los demás. En este sentido, aconseja la sabiduría popular: “Si quieres que los otros sean buenos, trátales como si ya lo fuesen”.
Tendríamos que hablar siempre con un sello personal. Cuando los otros escuchan frases trilladas, hay quien deja de escuchar. No deberíamos olvidar que las palabras —y hasta los mejores ejemplos— se desgastan con el uso excesivo. Dado que los argumentos a favor de la vida se utilizan con frecuencia y en tantos contextos, puede ser que dejen de causar impresión. Necesitamos una fidelidad creativa a principios comunes.
Quien quiere al otro de verdad, no palia ni encubre el mal que éste h
aya hecho. Intentará transmitir las exigencias éticas con toda claridad, adaptadas a las circunstancias de cada caso.
No buscará compromisos falsos, porque sabe que ellos no pueden llevar a nadie a una paz estable. “No es honesto eludir principios éticos elementales —afirman Natalia Horstmann yEnrique Sueiro—. Hay cosas buenas y cosas malas, y su bondad o maldad es independiente de consensos. El tabaco no mata porque lo diga la cajetilla…; ni la violencia machista es aberrante porque la condene el Gobierno. Son realidades dañinas en sí mismas, lo diga quien lo diga o aunque no lo diga nadie”.
El otro tiene derecho a conocer toda la verdad, aun allí donde a primera vista puede resultarle amarga. Por esto, tenemos la obligación grave de hacerle partícipe de la luz que tenemos, probablemente por la generosidad de otros.
Asimismo, para ganar en sinceridad en cualquier relación humana, es conveniente y necesario dar a conocer la propia identidad. El otro quiere saber quién soy yo, tal como yo quiero saber quién es él. Si reprimimos las diferencias y nos acostumbramos a callarlo todo, tal vez podamos gozar durante algún tiempo de una armonía aparente. Pero en el fondo, no nos aceptaríamos mutuamente tal como somos en realidad, y nuestra relación se tornaría cada vez más superficial, más decepcionante, hasta que, antes o después, se rompería.
Si creamos un ambiente de confusión, no ayudamos a nadie. Por esto es preciso exponer la verdad tan clara e íntegramente como sea posible. Cuando actuamos de esta manera, no obstaculizamos la amistad sino, muy al contrario, la fomentamos, si guardamos la delicadeza y el respeto. “No aceptéis como verdad nada que carezca de amor. Y no aceptéis como amor nada que carezca de verdad. El uno sin lo otro se convierte en una mentira destructora“. Estas palabras, inspiradas en la filósofa Edith Stein, me parecen especialmente aptas para la defensa de la vida. Toda verdad mezclada con veneno se vuelve, sin más, falsa.

4. Ayudar a salir de las dificultades
Según Sócrates, no conviene enseñar nada a nadie. El gran maestro conducía a sus contemporáneos sabiamente a verdades que ellos mismos encontraban. Su método refleja un conocimiento hondo del corazón humano. Muchas veces, realmente, estamos más convencidos de las verdades que hemos descubierto por cuenta propia, que de aquellas que otros nos sirven en bandeja de plata.
En la psicología se habla —análogamente— de la “intención robada“: si quiero hacer algo — incluso con mucho afán—, y otra persona me dice que debo hacer justamente esto, puede ser que disminuyan mis ganas. Me siento un mandado, no el protagonista de la obra. A nadie le agrada recibir órdenes sobre cosas que ha decidido hacer.
Así, conviene apelar a los motivos más nobles del otro y ayudarle a que él mismo quiera realizar el bien o arrepentirse del mal. Él mismo puede y debe decidirse a salir del pozo en el que ha caído. En la proximidad de un amigo, esto es posible. Junto al amigo, una persona puede entrar en relación con su auténtico yo; puede percibir lo sincero y lo verdadero en su propio corazón.
Puede sentirse como envuelto en el aire de la montaña, gracias al cual puede respirar de forma diferente a como lo hace normalmente; y ese aire le lleva a entrar en contacto con lo más sublime y elevado que hay en él.
Nuestra tarea consiste, sobre todo, en poner al otro en relación con sus sentimientos más íntimos y auténticos, y en incitarle a expresar los silenciosos impulsos de su corazón. Podemos asegurarle nuestra cercanía, echarle una mano y transmitir la creencia firme de que el camino hacia la salvación es viable.
Un buen amigo da ánimo, luz y esperanza, aunque la noche sea oscura. Ayuda al otro a salir de una depresión, después de una gran caída. Le da valor para levantarse, y fuerza para asumir la propia culpa —con todas sus consecuencias—. Y, no en último lugar, le despierta la ilusión de decidirse, nuevamente, por la vida. Un proverbio japonés afirma: “Con un amigo a mi lado no hay ningún camino que sea demasiado largo”.

NOTA FINAL
El amor a la vida se expresa, muchas veces, en la valentía, en la fortaleza y en la justicia. Y se muestra, al mismo tiempo, en la humildad, en la escucha y en la compasión. Siempre defiende la verdad y, en el mejor de los casos, llega a construir una auténtica amistad.
Queremos dar la vida a todos, tanto a los que están en peligro material de perderla, como a los que están en peligro espiritual de robarla. Todos necesitan nuestra solicitud, y no debemos olvidar que aquel que hace el mal se daña aún más que aquel que lo sufre.
Por esto, hemos puesto nuestra mirada en las víctimas quizá todavía más destrozadas que los niños que no nacerán, o los ancianos que mueren antes de tiempo. Queremos dar vida también a los responsables del aborto y de la eutanasia. Queremos ofrecerles nuestra ayuda para salir de su error y revisar sus actitudes. Con ello, tenemos muy claro que “la verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad”.
Si un “defensor” se acostumbra a descubrir el núcleo bueno de todos los hombres, y a realizar un encuentro con quien ha actuado mal, entonces aumentará incluso su propia vida. En el trato sincero con los demás crece su vitalidad. Se le ocurren más ideas, relucen más valores. El “defensor” se hace, sobre todo, cada vez más capaz de amar, más apto para orientar. Adquirirá, en medio de un mundo caótico, sabiduría para comprender, paciencia para luchar, y una alegría inexpresable, que es fruto del empeño de conducir a otros desde la oscuridad a la luz. Su estilo de vida se resume en el famoso lema de Antonio Machado: “Pensar alto, sentir hondo, hablar claro”.
Fuente Otro blog sobre el Opus Dei: Aprendiendo a vivir

Actitudes del defensor de la vida

(Fragmento de la conferencia de la doctora Jutta Burggraf, pronunciada el 6 de noviembre de 2009 en el IV Congreso Internacional Provida, celebrado en Zaragoza (España).

Es Profesora de Teología Dogmática y de Ecumenismo en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra).

Todos somos muy distintos los unos de los otros, y también las circunstancias en las que nos encontramos. Es bueno, además, que las diferentes personas tengamos diferentes maneras de actuar. Sin embargo, podemos destacar algunos rasgos comunes que, de un modo u otro, debería desarrollar cada “defensor”.

1. Fortaleza
Hace falta una buena dosis de valentía y de fortaleza para trabajar a favor de la vida en nuestra era de las dictaduras ocultas o manifiestas. Les voy a contar unos hechos que lo muestran con toda claridad.
Cuando cayó el Muro de Berlín, Alemania Oriental fue, de repente, un Estado libre, en el que regían nuevas leyes. Entonces, se abrieron los archivos de la policía secreta, y se descubrieron —entre miles de otros asuntos vergonzosos— algunos hechos especialmente considerables, que apenas fueron dados a conocer a los ciudadanos. La policía secreta de la Alemania comunista había estado muy pendiente de la destrucción de la moral pública y privada en Alemania Occidental. Empleó métodos muy precisos para frenar la defensa de la dignidad humana, del matrimonio y de la familia. Así, por ejemplo, cada vez que alguien se pronunciaba a favor de la vida —en la televisión, en la radio o en algún periódico—, recibía severas críticas en casi todos los medios. Era llamado “fascista”, intolerante y arrogante; fue despreciado, ridiculizado y — finalmente— callado. Muchas de las críticas llegaron con un nombre falso de Alemania comunista.
Si estamos dispuestos a trabajar a favor de la vida, necesitamos un corazón libre y fuerte.
Tenemos que llegar a ser cada vez más independientes de los juicios de los otros. Un auténtico “defensor” acepta serenamente ser tomado por loco. En realidad, es más sano que una persona considerada “normal” en razón de su buena adaptación en nuestra sociedad, porque no renuncia a su capacidad de pensar por cuenta propia, ni a su espontaneidad; sigue, a pesar de los obstáculos, su propia luz interior, y se opone a todo lo que empequeñece al hombre, le masifica o cosifica, le manipula y engaña.
Antes de la despenalización de la eutanasia en los Países Bajos (1-IV-2002), ya era costumbre, en muchos hospitales, “hacer desaparecer” a los enfermos terminales clandestinamente, cuando a alguien le parecía oportuno. En esos tiempos, la madre de Piet, un conocido mío, estaba muriendo de una enfermedad dolorosa. En sus últimos días sufría enormemente y, estando toda la familia reunida en su habitación, el médico jefe entró, miró a la gente, llamó a Piet y le dijo en el pasillo: “Mira, yo daría ahora una inyección a tu madre, para provocarle una buena muerte. Pero sé que tú tienes otras convicciones. Por eso, necesito tu consentimiento; no quiero tener líos“. Piet no dio el permiso, y el médico no pudo aplicar la eutanasia. La madre sufrió una larga agonía. “Fue traumático —me comentó Piet después—.Ves morir a tu madre y no puedes ayudarla. Y, por encima de eso, toda la familia te echa la culpa por sus sufrimientos, y te reprocha la dureza de tu corazón“.
Realmente, hay situaciones sumamente duras. Existe el peligro de tambalearse, y es posible que caigamos, si no tenemos convicciones fuertes, muy personalizadas y arraigadas en una visión completa de la existencia.

2. Humildad
El “defensor de la vida” está dispuesto a oponerse —contra viento y marea— al mal en nuestro mundo. Por esta causa, vale la pena perder el prestigio social y gastar hasta las últimas energías.
Sin embargo, tenemos que reconocer que todos somos débiles y podemos cansarnos. Todos participamos en el mal. Durante la II Guerra Mundial, el escritor trapense Thomas Mertonafirmó con contrición, desde América: “Que cada uno reconozca su propia gran culpa, ya que todos somos, de algún modo, culpables de esta guerra… Nosotros somos un árbol del cual Hitler es uno de sus frutos, y todos le alimentamos“.
Según uno de sus biógrafos, Merton sabía muy bien “que el pecado, el mal y la violencia que veía en el mundo, era el mismo pecado, el mismo mal y la misma violencia que había descubierto en su propio corazón… La impureza del mundo era un espejo de la impureza en su propio interior“. En la soledad y en el silencio, Merton tomó conciencia de que en él vivía la humanidad entera, con toda su miseria, pero también con su anhelo de amor: encontró el mundo en su propio territorio.
Estas experiencias nos invitan a mirar hondamente la condición humana, y a hacer menos radicales nuestros juicios sobre situaciones complejas. No hay sólo dos colores, el blanco y el negro: el mundo no está lleno de pecadores, por una parte, y de mártires que mueren cantando, por otra.
Este hecho lo ilustró Juan Pablo II en su visita al campo de concentración, en Auschwitz.Cuando el papa entró en ese lugar de espanto, donde habían muerto muchos de sus amigos y compañeros de la infancia, no dio ningún sermón, ninguna amonestación. Comenzó a rezar la oración del “Yo confieso” pidiendo perdón a Dios por sus propios pecados.
Todos estamos profunda y personalmente involucrados en los acontecimientos de nuestro mundo. Si aceptamos humildemente este hecho y miramos al centro más íntimo de nuestro ser, podemos mejorar, al menos, una pequeña porción de la sociedad, de la que formamos parte. Y entonces podemos ver, con ojos más limpios, que, aparte de todos los errores, hay mucho bueno y bello en los demás.
Se cuenta que el general Robert Lee habló, en alguna reunión, en los términos más elogiosos sobre algún oficial bajo su mando. Otro militar que estaba presente quedó atónito: “General — le dijo— ¿no sabe que el hombre del que habla con tanta admiración es uno de sus peores enemigos, que no pierde ocasión de denigrarle?” “Sí —respondió el general Lee—. Pero me pidieron mi opinión de él, no la opinión que él tiene de mí“.
Sólo cuando luchamos por ser sinceramente humildes, existe la posibilidad de que otra persona nos abra su corazón. A veces conviene hablar primero de nuestras propias faltas, de los propios errores. El sabio chino Laotse dijo hace 25 siglos: “La razón por la cual los ríos y los mares reciben el homenaje de cien torrentes de la montaña es que se mantienen por debajo de ellos. Así son capaces de reinar sobre todos los torrentes de la montaña“. De modo parecido tendría que actuar quien quiere transmitir una verdad: debe colocarse debajo de los hombres. Así, los otros no sienten su peso, y no toman sus palabras como insulto.
Aparte de ello, cada hombre es, realmente, superior a nosotros en varios aspectos. En este sentido, podemos aprender de todos.

3. Saber escuchar
Una de las consecuencias inmediatas de la humildad es la capacidad de acoger y escuchar al otro. A veces, se necesita mucho carácter y dominio de sí mismo para no exasperarse inmediatamente. Sin embargo, el enfado y los reproches son inútiles, porque ponen a la otra persona a la defensiva y, por lo común, hacen que trate de justificarse
. Herir al otro con críticaspunzantes, no sólo no corrige, sino que agrava la situación. Las heridas pueden crear resentimientos que, a veces, perduran décadas y siguen ardiendo hasta la muerte.
Cuando alguien se equivoca, quizá lo admita para sus adentros. Y si le sabemos llevar, con suavidad y con tacto, quizá lo admita también ante nosotros. Pero no ocurre así cuando tratamos de convencerle a toda costa de que no tiene razón.
El secreto para actuar con tranquilidad consiste en no identificar a la persona con su obra. Todo ser humano es más grande que su culpa. Un ejemplo elocuente nos da Albert Camus, que se dirige en una carta pública a los nazis, y habla de los crímenes cometidos en Francia: “Y a pesar de ustedes, les seguiré llamando hombres… Nos esforzamos en respetar en ustedes lo que ustedes no respetaban en los demás“. Cada persona está por encima de sus peores errores.
Casi todos hablamos demasiado, cuando tratamos de atraer a los demás a nuestro modo de pensar. Primero tiene que hablar la otra persona. Ella sabe más que nosotros acerca de sus problemas, de sus luchas y sus sufrimientos. Es preciso crear un clima en el que puede hablar sin medir sus palabras, puede mostrar sus debilidades sin temor alguno a que se le censure.
Estamos llamados a empeñarnos en el difícil arte de ir al fondo con los demás, de no quedarnos en lo que dicen, sino llegar a lo que quieren decir, de no oír solamente palabras, sino mensajes.
Con frecuencia, conviene asumir la función de papelera o de cubo de basura. Tal vez la escasez de estos “oyentes papelera” sea la causa de una soledad angustiosa de tantas personas: están llenas de sentimientos destructivos y de experiencias horribles, que no pueden compartir con nadie.
Si nos vemos en desacuerdo con la persona que habla, podemos estar de interrumpirla. Pero es mejor no hacerlo; así no la ayudamos. Ella no nos prestará atención, mientras tenga todavía una cantidad de ideas y vivencias propias que reclaman expresión. Lo primero no es dar consejos, sino estar al lado del otro.
Tenemos que escuchar, tranquilamente, hasta el final. La palabra que se queda dentro de una persona puede ser la decisiva. Y justamente esta palabra tiene que salir. Por eso —advierte Guardini—, hemos de ejercitarnos para “ver, escuchar, sentir cómo, detrás de un sentimiento que se muestra, detrás de un pensamiento que se expresa, hay mucho más que permanece oculto; y cuando lo que ha estado oculto es finalmente conocido, puede ser que detrás de ello exista todavía más“.
Los mejores conversadores no son los que hablan bien, sino las personas que se interesan por lo que dicen los demás.

4. Comprensión
Recuerdo a una adolescente desesperada que se había quedado embarazada y sufría fuertes presiones para abortar. Durante varias semanas, había buscado ayuda, pero no sabía a quién dirigirse. Cuando hablé con ella, le pregunté por qué no había dicho nada a su amiga que colaboraba fervorosamente en una asociación pro vida. “Imposible —me respondió—. No puedo hablar con ella sobre estos temas. Sería un escándalo para ella. Nuestra amistad acabaría“. Pero, cuando alguien ha caído en las profundidades del dolor, ¿no es precisamente el amigo, la amiga, quien debe luchar por él y con él? “Sé solidario con los otros, sobre todo cuando sean culpables“, reza un proverbio francés.
En un momento de desaliento, de fracaso o de angustia, es tremendamente importante encontrar a una persona que comprenda, que no riña, que no clasifique fríamente, sino que sea capaz de compartir los sentimientos —tantas veces contradictorios—, que se encuentran en el corazón humano. Hay momentos en los que cada hombre —incluso el más cruel asesino— necesita consuelo y alivio. El criminal americano Crowley, condenado a la silla eléctrica por matar a mucha gente, escribió poco antes de su muerte: “Tengo bajo la ropa un corazón fatigado, un corazón bueno: un corazón que a nadie haría daño“.
¿Sabemos lo que ese hombre ha vivido? ¿Conocemos las manipulaciones y presiones a las que estaba expuesto desde su infancia, su vacío interior, su aburrimiento? ¿Qué ha provocado su desesperación y su odio? Hay una razón oculta por la que cada persona piensa y procede cómo lo hace. Si descubrimos esa razón, tendremos la llave de sus acciones, y quizá la de su personalidad.
En medio de un mundo lleno de situaciones terribles, estamos llamados a descubrir la posibilidad de una compasión. El gran escritor británico Graham Greene afirma: “Si conociéramos las cosas hasta el fondo, tendríamos compasión hasta con las estrellas“.
No me refiero, por supuesto, al ejercicio de la justicia pública; no se trata de saldar un castigo. Hablo sencillamente de la actitud de una persona concreta frente a otra, que se ha hecho culpable. En la vida diaria, no nos compete condenar a otros, ni juzgar sobre sus intenciones.
Cuando estos actos se realizan “en la calle“, a menudo no están exentos de una gran dosis de morbo farisaico. Además, inician un nuevo ciclo de violencia y de opresión. La única liberación verdadera es aquella que toca el corazón y mueve a cambiarlo, con la gracia de Dios.
Un comentario mordaz o cínico no ayuda nada, sino que hunde al otro todavía más en la miseria. En cambio, si éste nota un verdadero interés, una auténtica preocupación por su persona y situación, puede ser que reaccione favorablemente. La comprensión tiene un efecto sanante.
Es preciso comprender que cada uno necesita más amor del que “merece“; cada uno es más vulnerable de lo que parece. Y hasta la persona más violenta puede arrepentirse de sus faltas, puede cambiar y crecer mientras viva. “No hay pecador sin futuro, ni santo sin pasado”, dice la sabiduría popular.
Comprender es tener la firme convicción de que cada persona, independientemente de todo el mal que haya hecho, es un ser humano capaz de hacer el bien. Nadie está totalmente corrompido; en cada uno brilla una luz. Al comprender, decimos a alguien: “No, tú no eres así. ¡Sé quién eres! En realidad eres mucho mejor“. Queremos todo el bien posible para el otro, su pleno desarrollo, su dicha profunda, y nos esforzamos por quererlo desde el fondo del corazón, con gran sinceridad.
Existen, realmente, estas personas que saben dar cariño y esperanza a los demás. Su presencia engendra una sensación de bienestar. Los otros saben que están en buenas manos, cuando están con ellas; saben que son estimados y queridos, a pesar de todos sus fallos. Pueden dejar sus cargas, descansar y descubrir valores que, quizá, nunca hayan conocido.

Fuente: Otro blog sobre el Opus DeiAprendiendo a vivir

El Opus Dei en Galicia [Vigo, Coruña, Lugo, Orense, Santiago, Ferrol, Pontevedra]

Algunos rasgos de esta realidad de la Iglesia Católica en tierras gallegas

1. San Josemaría en Galicia
2. Los primeros miembros del Opus Dei en Galicia
3. El carisma del Opus Dei en Galicia
4. Luchar cada día por mejorar
5. ¿Qué persigue el Opus Dei?
6. Camino y Via Crucis en gallego
7. Cooperadores gallegos del Opus Dei
8. Beatificación y canonización del Fundador
9. El Prelado del Opus Dei en Galicia, 1995
10. Algunas iniciativas de evangelización en Galicia
11. Al servicio de la mujer gallega
12. Para la formación y educación de los hijos
13. Buscando soluciones de futuro para el campo gallego

1. San Josemaría en Galicia

San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, estuvo por primera vez en Galicia en julio de 1938, con motivo de una peregrinación a Santiago para ganar el jubileo del Año Santo de 1937, que se había ampliado un año más a causa del conflicto.
Antes de partir para Santiago dijo: “Pedid por mí: que este Jubileo jacobeo me limpie y encienda el alma“.
S la derecha altorrelieve de la parroquia de san Jorge (Coruña)
San Josemaría hizo numerosos viajes a Galicia para dar los primeros pasos del Opus Dei en estas tierras. Vino en septiembre de 1943, en febrero, junio y septiembre de 1945, en 1946, en 1947 y 1948. La última vez que estuvo en Galicia fue en julio de 1961. En febrero de 1945 se entrevistó con sor Lucia y desde allí pasó a Portugal.Mantuvo gran amistad con el vigués don Leopoldo Eijo y Garay, que era obispo de Madrid cuando se fundó el Opus Dei, y con el obispo de Tui-Vigo, fray José López Ortíz, al que había conocido cuando estudiaba en la universidad de Zaragoza.

2. Los primeros miembros del Opus Dei en Galicia

Los primeros miembros del Opus Dei, sacerdotes y laicos, llegaron a Santiago en 1943. Uno de ellos fue el que sería años después un conocido canonista, el sacerdote Amadeo de Fuenmayor.
Poco a poco fue creciendo la labor apostólica entre mujeres y hombres de diversos ámbitos sociales de la capital.
En 1945 se instaló el primer centro del Opus Dei en la compostelana Rúa Nueva.
En 1948, algunos miembros y cooperadores del Opus Dei pusieron en marcha un empeño educativo y apostólico de carácter universitario -el Colegio Mayor La Estila– con el deseo de servir a la Universidad y la cultura gallega.

Esta iniciativa académica ha ido adquiriendo, con el paso del tiempo, un notable arraigo académico y cultural. Celebró su cincuentenario hace unos años, con la asistencia de numerosos antiguos residentes de casi todas las promociones.

3. El carisma del Opus Dei en Galicia

En toda la sociedad gallega
El mensaje del Opus Dei se ha ido difundiendo a lo largo de los años entre los ambientes más variados de Galicia: entre personas del medio rural, de la universidad, de la mar, del mundo del arte, de la cultura, de la diversión, de la educación, etc.
Para atender espiritualmente a estas personas, dispersas a todo lo largo y ancho de la geografía gallega, se han ido abriendo durante las últimas décadas diversos centros del Opus Dei en diversas ciudades: al principio en Vigo y A Coruña; luego, enOurense, Ferrol, Pontevedra y Lugo.
Han aparecido en diversos medios de comunicación algunos testimonios de gallegos que cuentan su experiencia en el Opus Dei, como Carlos García Estraviz, un méd
ico especialista en cuidados intensivos; el pintor Fernando Artal.
Paco Sánchez Toucedo, marinero, que se dedica al cultivo del mejillón en las bateas de la Ría de Arousa cuenta su experiencia vital.
La contribución más importante del Opus Dei es la vivificación de la vida cristiana de muchos fieles de la Iglesia Católica y la ayuda a muchas personas que sin tener la fe, buscan sinceramente a Dios.
Como señalaba san Josemaría, las iniciativas sociales que han puesto en marcha los fieles y cooperadores del Opus Dei en el mundo -algunos de ellos no cristianos o no católicos- “son lo de menos: la labor principal del Opus Dei es el testimonio personal, directo, que dan sus socios en medio del propio trabajo ordinario. Y, para esto, la enumeración no sirve.
Numerosos gallegos -padres y madres de familia, sacerdotes, profesionales jóvenes, personas del campo, gentes del mar y de los ámbitos sociales más variados- han ido incorporando en su vida el carisma del Opus Dei: la santificación del trabajo y el encuentro con Cristo en medio de las actividades cotidianas.
Encarnita Ortega, una de las primeras mujeres del Opus Dei, de Puente Caldelas, Pontevedra

La finalidad del Opus Dei

El Opus Dei difunde en el mundo el mensaje de la santidad en la vida cotidiana, por medio de la santificación del trabajo ordinario y ayuda a las mujeres y hombres que se forman al calor de su espíritu -solteros y casados, sacerdotes y laicos, jóvenes y ancianos- a fortalecer su encuentro personal con Dios, de forma que cada uno, cada una, asuma con responsabilidad y libertad sus compromisos bautismales.
Recuerda el sentido de la filiación divina y enseña a vivir con la alegría de los hijos de Dios; enseña las consecuencias del riesgo de la libertad ayudando a cristianos y no cristianos a vivir con un profundo sentido de su propia responsabilidad como bautizados, como ciudadanos.
Ese sentido de la responsabilidad les debe llevar a luchar cada día por unirse más con Dios y a servir mejor a los demás, asumiendo los propios errores personales, y a luchar, día tras día, con la ayuda de la gracia, por mejorar y superar los propios defectos; y construir, junto a sus conciudadanos, un mundo más justo, más libre y más humano.

5. ¿Qué persigue el Opus Dei?

La finalidad del Opus Dei es, como recordaba su fundador, netamente espiritual. Josemaría Escrivá contestaba así a la pregunta de un periodista, recogida en un libro de entrevistas Conversaciones:

Todo interés que no sea puramente espiritual está radicalmente excluido, porque la Obra pide mucho —desprendimiento, sacrificio, abnegación, trabajo sin descanso en servicio de las almas—, y no da nada.

Quiero decir que no da nada en el plano de los intereses temporales; porque en el plano de la vida espiritual da mucho: da medios para combatir y vencer en la lucha ascética, encamina por caminos de oración, enseña a tratar a Jesús como un hermano, a ver a Dios en todas las circunstancias de la vida, a sentirse hijo de Dios y, por tanto, comprometido a difundir su doctrina.

Una persona que no progrese por el camino de la vida interior, hasta comprender que vale la pena darse del todo, entregar la propia vida en servicio del Señor, no puede perseverar en el Opus Dei, porque la santidad no es una etiqueta, sino una profunda exigencia.
Por otra parte, el Opus Dei no tiene ninguna actividad de fines políticos, económicos o ideológicos: ninguna acción temporal. Sus únicas actividades son la formación sobrenatural de sus socios y las obras de apostolado, es decir, la continua atención espiritual a cada uno de sus socios, y las obras corporativas apostólicas de asistencia, de beneficencia, de educación, etcétera.
Los socios del Opus Dei se han unido sólo para seguir un camino de santidad, bien definido, y colaborar en determinadas obras de apostolado.
Sus compromisos recíprocos excluyen cualquier tipo de interés terreno, por el simple hecho deque en este campo todos los socios del Opus Dei son libres, y por tanto cada uno va por su propio camino, con finalidades e intereses distintos y en ocasiones contrapuestos.

Fieles del Opus Dei en Galicia. Algunos datos

De los 85.000 miembros que tiene la Prelatura en todo el mundo, unos dos milviven en Galicia, que cuentan en sus afanes evangelizadores con la ayuda de cientosde cooperadores y amigos en numerosas villas, pueblos y aldeas de la Comunidad Autónoma.

El Vicario de la Delegación del Opus Dei en Galicia es Ángel Lasheras Presas. Nació en La Coruña en 1955 y pertenece a la primera promoción (1972) del Colegio Peñarredonda de esa ciudad.
Es licenciado en Medicina por la Universidad de Santiago de Compostela.
Tras acabar los estudios universitarios llevó a cabo tareas formativas y de dirección en labores con gente joven, primero en la Asociación Albeiro de Vigo (1978-1983) y luego en la Asociación Roiba de Ferrol (1983-1991) ciudad en la que también trabajó como médico y orientador en el Colegio Montefaro.
Durante sus años en Roma (1991-1998) se doctoró en Filosofía por la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. En esa ciudad recibió en 1997 la ordenación sacerdotal. Tras dos años de labor pastoral universitaria en Madrid, se trasladó a Valladolid, donde ha sido Vicario del Opus Dei para Castilla-León, Cantabria y Asturias durante los últimos 9 años.

6. Camino y Via Crucis, en gallego

Camino, en lengua gallega
Ha ayudado a la difusión del mensaje cristiano del Opus Dei la publicación en Galicia de “Camiño”, hace casi cuarenta años.
La primera edición en lengua gallega de este libro, el más conocido del Fundador del Opus Dei, es de 1968.
Se celebró en Santiago de Compostela, con un acto conmemorativo, los 25 años de su aparición en lengua gallega.
Via Crucis, en gallego
Via Crucis, un libro fruto de la oración personal de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, ha sido publicado en lengua gallega cuando se cumplían 25 años de la fecha de su aparición.
Se trata de la segunda obra de San Josemaría traducida al gallego tras la publicación de Camiño en 1968. En 1991 hubo una segunda edición de esta obra, traducida, como la que ahora se presenta, por Luciano Armas.
Consta de breves comentarios a las catorce estaciones del camino de Jesús al Calvario. Está editado por la Editorial Rialp.
La primera edición de Via Crucis apareció en 1981. Desde entonces se han publicado más de 400.000 ejemplares en 20 idiomas, el último de los cuales fue, en el año 2006, la lengua malayalam, hablada en la India.
En el prólogo de la obra, Mons. Álvaro del Portillo, primer sucesor de San Josemaría, escribía: “El Via Crucis no es un ejercicio triste. Muchas veces enseñó Mons. Escrivá de Balaguer que la alegría cristiana tiene sus raíces en forma de cruz. Si la Pasión de Cristo es camino de dolor, también es la ruta de la esperanza y de la victoria segura”.
La edición gallega fue presentada en Santiago de Compostela en marzo de 2006 en la Fundación Caixa Galicia (Rúa del Villar), en un acto en el que intervino el traductor del libro, el sacerdote lucense Luciano Armas; el Catedrático de Derecho Romano y Presidente del Patronato del Colegio Mayor La Estila, Ángel Gómez-Iglesias; yMaría Luisa López, especialista en cultura gallega.
El acto de presentación también tuvo lugar en Lugo, con la presencia del Sr. Obispo, Mons. José Gómez; en Vigo y en Ourense.

7. Cooperadores del Opus Dei

¿Quiénes son?

Los cooperadores del Opus Dei son hombres y mujeres, católicos y no católicos, creyentes y no creyentes de todo el mundo, que participan o sintonizan con los empeños apostólicos y de los ideales cristianos -o de los empeños apostólicos, en su vertiente simplemente humana- de las mujeres y los hombres del Opus Dei.
Es decir, son personas que, sin ser miembros de la Prelatura, ayudan a la misión del Opus Dei –llevar la felicidad del anuncio de Cristo- de diversas maneras.
Pueden ser parientes, amigos, colegas o vecinos de las personas el Opus Dei, o de otros cooperadores. O personas que han participado en la labor apostólica del Opus Dei, y desean poner su granito de arena en la tarea de promoción humana y social que realizan los miembros y cooperadores de la Prelatura.—–
En la práctica, ser cooperador del Opus Dei supone un afán de apoyo y colaboración con unas iniciativas en servicio del hombre y de la sociedad que promueve el Opus Dei, se participe o no del sentido cristiano que empapa esas iniciativas.
¿Cómo se puede cooperar?

Se puede cooperar rezando a Dios por el Opus Dei y sus empeños evangelizadores en servicio de Dios y de los hombres, con el deseo de construir una sociedad más humana y más digna del hombre; o ayudando la acción apostólica, resolviendo las dificultades que debe superar cualquier empeño.
Unos cooperadores ayudan con donativos; otros realizan una gestión determinada; otros, ayudan a enviar unas cartas; otros, ceden su casa durante unas horas o unos días para una actividad evangelizadora, etc.

Los cooperadores se benefician de la oración que los fieles del Opus Dei ofrecen diariamente por todos los que ayudan o han ayudado de cualquier forma en esta e tarea de acercar el mundo a Dios. La Santa Sede ha concedido indulgencias que los cooperadores pueden ganar en unas determinadas fechas del año, si cumplen las condiciones establecidas por la Iglesia —confesión sacramental unida a la conversión del corazón, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa— y por devoción, sus obligaciones como cooperadores.
En Galicia
Numerosos gallegos, trabajadores de los más diversos ámbitos sociales -como José Sande, un ginecólogo de El Ferrol- cooperan con las actividades de esta Prelatura personal de la Iglesia Católica.

8. Beatificación y canonización del Fundador, 1992 y 2002

La Beatificación del fundador fue un motivo de gran alegría entre las personas que participan de la formación cristiana de la Prelatura del Opus Dei.

Algunos gallegos organizaron en Tuy una exposición sobre el mensaje de san Josemaría. Ese mensaje lleva a luchar por indentificarse con Cristo en medio de la vida cotidiana, esforzándose por santificar el trabajo y las obligaciones familiares y sociales.
Unos cuatro mil gallegos acudieron a Roma con motivo de la Beatificación en 1992 y una cifra similar acudió a Roma, en octubre de 2002, con motivo de la canonización de san Josemaría.

9. El Prelado del Opus Dei en Galicia, 1995

Junio de 1995
El Prelado del Opus Dei, Javier Echevarría, visitó Galicia en junio de 1995, donde se reunió con un gran número de parsonas en un viaje de hondo sentido pastoral.
Firmó en el libro de Oro de la Catedral de Santiago -escena que recoge la fotografía- a la que peregrinó por primera vez, desde Burgos, el Fundador del Opus Dei en 1938, para ganar el Jubileo.
Un diálogo de amor
Durante su estancia en tierras gallegas el prelado saludó al Obispo-Administrador diocesano, rezó ante la tumba del Apóstol y dio el tradicional abrazo al Santo.
Se celebraron con motivo de su visita varios encuentros en diversas ciudades gallegas en los que los asistentes -personas que participan en la labor evangelizadora del Opus Dei, miembros, cooperadores y amigos, cristianos y no cristianos- le fueron formulando cuestiones sobre temas candentes del mundo actual -siempre en clave espiritual- y de la vida cristiana.
¡Qué gran posibilidad tiene cada uno de vosotros -dijo en uno de esos encuentros- de convertir toda su existencia cotidiana en un diálogo continuo de amor!
En A Coruña

Más de 13.000 personas -en su mayoría, familias- participaron en el encuentro que tuvo lugar en el “Coliseum” de A Cor
uña.
Fue un encuentro entrañable, con numerosas muestras de afecto hacia el Prelado: por ejemplo, los vecinos de Puenteareas prepararon ante el estrado del Coliseo una alfombra de flores y le recibieron a su llegado los gaiteros de Maniños.
Refiriéndose a aquella alfombra, una obra de arte, dijo: “pienso que detrás de cada uno de estos trabajos habrá mucha oración. Ofrezco a Dios la tarea que han realizado aquí como oración, y pido al Señor que bendiga a todos los que la han trabajado materialmente”.
Muchos padres del Colegio Peñarredonda, cercano al Coliseum -un colegio que cuenta con la asistencia espiritual de sacerdotes del Opus Dei- participaron en la preparación del acto.
Diversos padres de familia hicieron preguntas sobre cómo podían mejorar como esposos o en la educación de sus hijos. En la fotografía siguiente, con la familia de Roberto y Laura.
El Prelado les recordó las enseñanzas de la Encíclica Evangelium vitae que había aparecido recientemente y les animó a vivir con un fuerte sentido de solidaridad y cooperación con todos.

En los encuentros de catequesis, le hicieron numerosas preguntas sobre la vida cristiana. En la fotografía, Rodolfo, un supernumerario del Opus Dei, arquitecto y orientador familiar le pregunta al Prelado por la familia, contándole que había venido su familia al completo a aquel encuentro: su mujer, sus siete hijos, sus cuatro nueras… Le contó que tenía catorce nietos y uno en camino.
El Prelado del Opus Dei, le dijo, al final de su respuesta:
Familias crisianas de Galicia, no se trata de que no os separéis, sino de que lo llevéis al plano positivo. ¡Uníos, quereos más, mucho más!
Que no solamente os necesitan vuestros hijos, sino también vuestros amigos, vuestros colegas y los hijos de vuestros amigos, vuestros colegas ylos hijos de vuestros amigos, de vuestras amigas y vuestros colegas.
Vivid cristianamente en familia: daréis mucha paz a vuestra vida y a vuestros hijos, y seréis punto de referencia donde se cobijarán y aprenderán muchas otras familias.

10. Algunas iniciativas de evangelización en Galicia

Han ido surgiendo en las últimas décadas, diversos empeños educativos, de solidaridad y de promoción social en diversos puntos de Galicia, promovidos por personas del Opus Dei y cooperadores.
Entre ellos están el Colegio Mayor Arosa en Santiago (en la fotografía); el Centro de Formación Profesional Aloya (Vigo) o las Asociaciones Culturales Aguia, en A Coruña, El Club Albeiro en Vigo, etc.
Participan en las actividades de Olbeira sacerdotes y laicos, personas maduras, ancianos y jóvenes; padres y madres de familia, estudiantes, personas del sector agrario, intelectuales, de toda Galicia.
Esas actividades de evangelización, de perfeccionamiento educativo y humano se van acomodando a las diversas circunstancias, necesidades y perfiles culturales de los asistentes: retiros espirituales, cursos profesionales, ciclos de conferencias, jornadas universitarias, convivencias de verano, etc.

11. Al servicio de la mujer gallega

El Prelado del Opus Dei habla sobre la mujer

Juan Pablo II —en la Carta que dirigió a las mujeres en el mes de junio pasado— señalaba que el feminismo ha sido una realidad sustancialmente positiva. Es cierto que algunos excesos se han mostrado, a la postre, dañinos para la mujer. Pero podríamos decir que han sido los efectos secundarios. Lo importante es que se han conseguido muchas mejoras relativas a la condición de la mujer en el mundo.
Cuando he hablado de feminismo auténtico he querido referirme a todo aquello que supone servir a la causa de la mujer. Pienso que en el camino del feminismo se han atravesado otras reivindicaciones (la revolución sexual, el miedo demográfico) que han terminado por desviar el movimiento para la liberación de la mujer de sus verdaderos fines.
Por eso, considero que el verdadero feminismo tiene todavía muchos objetivos que alcanzar. Son aún frecuentes las situaciones degradantes para la mujer, que han de ser modificadas: violencia —en el ámbito social y en el ámbito doméstico—, discriminación en el acceso a la educación y a la cultura, situaciones de dominación o falta de respeto, etc.
El núcleo del verdadero feminismo es, como resulta obvio, la progresiva toma de conciencia de la dignidad de la mujer. Muy distinto es, en cambio, el núcleo de otros feminismos —de ordinario, agresivos—, que lo que pretenden es afirmar que el sexo es antropológicamente y socialmente irrelevante, limitándose su relevancia a lo puramente fisiológico.
La toma de conciencia de la dignidad de la mujer ha de difundirse entre las propias mujeres, erradicando toda forma de complejo de inferioridad. Y teniendola valentía de llamar a las cosas por su nombre: rebelándose también, por ejemplo, ante los estragos que causa el vergonzoso negocio de la pornografía; ante la triste y equivocada afirmación del derecho a provocar el aborto; ante la desgracia social —no es otra cosa, además de la ofensa a Dios— del divorcio.
Pero esa toma de conciencia de la dignidad de la mujer ha de difundirse también entre los hombres, hasta eliminar todo engañoso pensamiento de superioridad y todo deseo de dominio. Es cierto que el feminismo está configurando un nuevo modelo de mujer, pero —en el fondo— está interpelando al hombre, que tiene que aprender a mirar y a tratar a la mujer de un modo nuevo.

12. Para la formación y educación de los hijos

En San Pantaleón das Viñas

En Montecelo, en San Pantaleón das Viñas (Paderne) tienen lugar desde 1972 numerosas actividades dirigidas a la juventud gallega.

En esas actividades se se muestran, junto con el mensaje del Evangelio (vida cristiana, de sacramentos y oración), muchos valores importantes para los jóvenes actuales, como la autoeducación en el propio uso de la libertad, el sentido de la solidaridad, el cultivo de la sobriedad, la responsabilidad social del estudio, el respeto a lo diferente, la capacidad para rectificar los propios errores, la búsqueda de la paz, etc.
Están alentadas por padres de familia gallegos -miembros del Opus Dei, cooperadores, amigos- que coinciden en la necesidad de dar a sus hijos una educación en valores humanos y cristianos.
Formando en el espíritu de convivencia

Los padres y los preceptores que coordinan estas actividades se esfuerzan para que, además de ofrecer actividades de ocio y tiempo libre, estimulen a sus hijos en su sentido de convivencia y les ayuden en un espíritu de apertura y acogida a los demás, genuinamente cristiano, frente a ciertas actitudes sociales de violencia, discriminación y rechazo social al otro, que tienen una influencia tan negativa en la juventud.

Las actividades que se llevan a cabo en Montecelo tienen formulaciones muy variadas, en funci

¡Aboal ya tiene página web!

Después de mucho tiempo, ¡Aboal ya tiene página web! Podéis visitarla en www.aboal.org.
Aboal es un club juvenil, como tantos que existen en Vigo (Doira, Albeiro, Beiramar, etc.), que encomendaron la responsabilidad de la actividad formativa al Opus Dei. Pero dejemos que nos expliquen ellas su ambicioso proyecto cultural, educativo, de tiempo libre con la juventud…
¿Qué es Aboal?
Aboal es una idea genial que tuvieron un grupo de padres con la preocupación de cubrir la formación de sus hijos en el tiempo libre.
No solo nos dedicamos al ámbito educativo sino que pretendemos colaborar en todo lo que la familia quiere y le importa.
Por eso promocionamos actividades de carácter asistencial, cultural, educativo y social, que se ordenan a la promoción y el desarrollo de la mujer; a la protección de la familia como núcleo social básico para el enriquecimiento mutuo y la construcción común de la sociedad.
¿Quienes lo organizan?
Los padres son los máximos responsables y colaboradores de la asociación por eso son los que dirigen y coordinan la gestión de todas las áreas en las que trabajamos.
¿A quién va dirigida?
En Aboal participan todos: padres, madres, hijas, familiares, etc…. para cada uno hay una opción. Todas las personas de Vigo y alrededores pueden disfrutar con nosotros. Por eso las cuotas de inscripción son muy bajas, buscando facilitar la asistencia.
La Financiación de la asociación se hace a través de las cuotas de asociados y de donativos y subvenciones que se solicitan tanto a organismos públicos como privados.
El participar en las actividades no implica estar vinculado a ninguna otra entidad, ni que al participar de las actividades de Aboal, uno quede vinculado a la Prelatura del Opus Dei ya que la Prelatura sólo se encarga de aportar la formación Cristiana a quienes lo deseen.
Aboal y el Opus Dei
Dirigidas tanto a hijas como a padres, las actividades que se organizan cubren todas las necesidades de tiempo libre y ocio.
A la vez que se les facilita, a quienes quieran, la posibilidad de recibir formación cristiana encomendando esta tarea a la Prelatura Opus Dei.
Aboal, es una obra corporativa del Opus Dei como muchas otras que existen por todo el mundo. Su finalidad es facilitar a los padres todo lo que necesitan para la educación cristiana y humana de sus hijas así como crear un ambiente de diversión y de solidaridad con el entorno.

Humildad: la verdad sobre uno mismo

“La humildad es el rechazo de las apariencias y de la superficialidad; es la expresión de la profundidad del espíritu humano; es condición de su grandeza”
Juan Pablo II

En la vida se presenta a veces dos caminos: el de la humildad o el de la soberbia; el primero siempre tiene un final feliz, el segundo acaba mal. Este valor lleva a la persona a conocer y aceptar la realidad de su vida, sin subestimarse ni creerse superior a los demás.

La humildad es la actitud derivada del conocimiento de las propias limitaciones y que lleva a obrar sin orgullo. Este valor lleva a la persona a conocer y aceptar la realidad de su vida, sin subestimarse ni creerse superior a los demás. Es la verdad sobre uno mismo.

Humildad no quiere decir “flojera”, falta de carácter o debilidad -pues no se le puede llamar así a la virtud que denota pureza de alma y paz interior-, como tampoco la soberbia es signo de fortaleza.

Recordamos entonces las palabras de Santo Tomás: “La soberbia consiste en el desordenado amor de la propia excelencia”. La soberbia enceguece al hombre, pues no le permite aceptar o ver sus defectos y por eso mismo, no puede corregirlos. El hombre humilde en cambio, cuando detecta una rama torcida, puede enderezarla, aunque le duela.

Los beneficios de la humildad

Covadonga O´Shea, en su libro “En busca de los valores”, hace un interesante análisis en su apartado sobre la humildad. La autora con base en su experiencia, conocimientos y aprendizaje de otras personas, dice que la humildad provee un estado de alerta y de admiración hacia el trabajo de los demás. De igual manera, afirma: “quien tiene una actitud humilde en la vida diaria está siempre abierto a pedir consejo, no porque no nos fiemos de nuestra inteligencia, sino porque tenemos en mucho la de los demás. Otra consecuencia positiva de quien trata de ser humilde es que esta virtud no nos deja creer que hemos llegado a la cumbre en ningún sentido, ni nos ciega hasta el punto de no ver lo mucho que nos queda por recorrer hacia adelante y la ventaja que nos llevan otros”.

Por tanto, la humildad es una vía hacia la felicidad, pues se vive en armonía con los demás, se valora a sí mismo de la misma forma que se valora a quienes le rodean, se experimenta serenidad, tranquilidad y se desarrolla la capacidad de admitir las equivocaciones, se facilita el perdón, hace que la crítica se transforme en una posibilidad de crecimiento, y finalmente, se elimina la presión externa y el miedo a mostrarse como un ser perfecto, lo cual no es posible bajo ningún punto de vista.

La humildad en acción

La humildad va más allá de las palabras. Vivir con humildad es reconocer los propios errores y además comunicárselo a quien fue ofendido. Un ejemplo claro de esto, es cuando los padres de familia se equivocan en cualquier actuar con los hijos, donde es válido y necesario pedirles disculpas, lo que está lejos de ser un declive de autoridad. Este gesto de humildad, además del crecimiento personal que representa, les enseñará a los hijos que aunque los seres humanos se equivocan, tienen derecho a rectificar sus errores, logrando así superar las dificultades sin afectar el cauce natural de la vida.

También se es humilde, cuando en el rol de líderes (dentro de grupos sociales, trabajo, etc.) se aprende de los demás y se reconoce en el otro su valor como ser humano. Asimismo, se reconocen las propias fortalezas pero no se enaltecen aplastando las de los otros.

Claves para estimular la humildad

El libro “Pequeña Guía de los Valores Humanos”, presenta las siguientes claves para no caer en comportamientos que denoten falta de humildad o de modestia:

  • Ser consciente de que se poseen virtudes, pero también defectos, y reconocerlos con total naturalidad sin menospreciarse por ello.
  • Diferenciar una crítica constructiva de un ataque injustificado y no dejarse amedrentar por reproches sin fundamento.
  • Saber qué lugar nos corresponde dentro de la familia, sociedad, etc., e intentar cumplir nuestra misión lo mejor posible sin pretender sustituir a otras personas.
  • Intentar en todo momento mejorar y superarnos sin dejarnos abatir por las adversidades.
  • Mostrar siempre nuestra auténtica cara sin máscaras ni disfraces.
  • Ser laboriosos e insistentes en nuestro intento de mejorar y crecer.
  • Amarnos a nosotros mismos y a quienes nos rodean para perdonarnos y perdonar los errores.
  • Ser delicados y tiernos con el prójimo.
  • Conservar la sencillez y accesibilidad que pueda ganarnos el respeto y cariño de quienes nos rodean.
Fuentes: Libro En busca de los valores, Covadonga O´Shea. Ediciones La Esfera de los Libros. Madrid, 2006.
Libro Pequeña Guía de los Valores Humanos, Leslie Rosen. Ediciones Robinbook. España, 1998.
corazones.org

Más sobre este tema: La virtud de la humildad explicada a los hijos

El Prelado del Opus Dei habla sobre los sacerdotes

PARA SER TESTIGOS DEL EVANGELIO EN EL MUNDO
EL FUTURO DEL AÑO SACERDOTAL



El Año sacerdotal concluyó el pasado 16 de junio. Nos separa un lapso tan breve, que cabe afirmar su actualidad. Por esto, más que proceder a una valoración, miremos las reacciones personales ante lo que la Iglesia ha promovido. ¿Qué ha ocurrido en este Año sacerdotal? ¿Qué impacto ha producido en nosotros, sacerdotes, convocados por el Romano Pontífice a recorrerlo ayudados por la figura de ese ejemplar hermano, san Juan María Vianney?
Estas preguntas reclaman respuestas que cada uno puede darse a sí mismo ante Dios, en la intimidad de su oración. Sin llegar a ese nivel, que trasciende los límites de un artículo, vayamos por un camino menos personalizado, no menos exigente: evocar los objetivos señalados por Benedicto XVI y, desde ahí, sacando consecuencias, orientar el pensamiento hacia el futuro.
“Este año -escribía el Papa en la carta de convocación- desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo”. Citaba también unas palabras que repetía con frecuencia el Cura de Ars y que elCatecismo de la Iglesia ha acogido: “el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”. Para comprenderse a sí mismo, el sacerdote no ha de limitarse a considerar su tarea pastoral; ha de ir mucho más allá, hasta llegar a Cristo, en cuya humanidad reverbera todo el vivir trinitario y en quien ese vivir trinitario se abre a los hombres.
Desde ahí se comprende la hondura de otras palabras de san Juan María Vianney, citadas por el Romano Pontífice: el sacerdote “no se entenderá a sí mismo sino en el cielo”. Sólo en el cielo, al advertir el don infinito e inefable de la entrega de Dios al hombre, el sacerdote saboreará su propia y plena realidad. Dios no sólo ha querido comunicarse a los hombres; ha tomado nuestra misma naturaleza en Cristo Jesús; ha instituido la Iglesia y llamado a hombres determinados a quienes, con el sacramento del orden, convierte en sus ministros e instrumentos. La “audacia de Dios”, que “aún conociendo nuestras debilidades, considera a los hombres capaces de actuar y de presentarse en su lugar”, que confía en nosotros hasta “abandonarse en nuestras manos”, esa audacia es “la grandeza que se oculta en la palabra «sacerdocio»” (Benedicto XVI, homilía en la clausura del Año sacerdotal).
Con homilías, cartas y alocuciones pontificias, celebraciones, congresos y reuniones de reflexión, jornadas de oración, se han reiterado por el orbe esas grandes verdades, convocando a todos y especialmente a los sacerdotes a una nueva, profunda y gozosa conversión. Porque no se saborea ese exceso de amor divino propio del sacerdocio, sin sentirse personalmente comprometidos a ser –como solía decir san Josemaría Escrivá de Balaguer- “sacerdotes cien por cien” (homilía Sacerdote para la eternidad,13-4-1973).


¿Qué supone esta invitación? Responder a esta pregunta requeriría una larga exposición sobre la teología y la espiritualidad del sacerdocio, pero no resulta aventurado detenerse en tres consideraciones fundamentales:
a) reclama ser conscientes de la dignidad del sacerdocio, del valor y la riqueza que implica esa condición, para que esa realidad impregne la totalidad de la conducta; dote de autenticidad los momentos de la existencia, con la certeza de que, a pesar de nuestra pequeñez, Cristo quiere utilizarnos para comunicar al género humano los frutos de su obra redentora;
b) pide al presbítero identificarse con Cristo, alimentar sus “mismos sentimientos” (cfr. Flp 2, 5), morir a sí mismo para que Él habite en nosotros (cfr. Gal 2, 20): sentirse urgido a ser hombre de Eucaristía, vivir la Santa Misa con la fe de que en cada celebración se perpetúa el sacrificio de Cristo, muerto y resucitado, que viene al encuentro de su Iglesia y del sacerdote, para atraerlos hacía Sí y conducirlos con el Espíritu hasta la intimidad filial con Dios Padre;
c) entraña el afán de servir, cum gaudio en Cristo y por Cristo, a la propia grey, a la Iglesia y a la humanidad, de modo que en su ser, como en el de Jesús, no se dé cabida al egoísmo o a la indiferencia ante las necesidades de los demás. Implica dedicarse con empeño, aunque cueste, a cuanto contribuye al bien de las almas, con una efectiva caridad, en la predicación de la Palabra de Dios y en el sacramento de la reconciliación donde, en nombre y con la autoridad de Cristo, el sacerdote otorga el don divino del perdón.
El Año sacerdotal nos ha situado, en el tiempo y desde el tiempo, ante lo eterno, ante un amor de Dios que no pasa, que no cesa, sino que es siempre joven y activo; con la realidad –feliz, sorprendente, y hondamente verdadera- de que ese amor, visible en Cristo Jesús, trasciende a través de la Iglesia, de cada cristiano y de cada sacerdote. El Año sacerdotal está llamado, sin duda, a producir muchos y variados frutos en la predicación, en la catequesis, en la atención a la liturgia, en los diversos campos de la pastoral, y básicamente en la renovación interior de cada sacerdote, también con el aumento de seminaristas en las diócesis. La “audacia de Dios” de la que habló Benedicto XVI en su homilía del 11 de junio, nos convoca a todos –como señalaba el Romano Pontífice- “esperando nuestro sí”.

+ Javier Echevarría
Prelado del Opus Dei
de opusdei.es