Monthly Archives: julio 2010

>Benedicto XVI: “Los amigos de Jesús”

>”Los amigos de Jesús”, es el título del nuevo libro de Benedicto XVI, en el que el Papa cuenta al público infantil y juvenil la historia de los doce apóstoles y de San Pablo.

El volumen, de 48 páginas, ilustrado por el artista italiano Franco Vignazia y publicado por la editorial San Giuliano Milanese, recoge algunos pasajes de las catequesis de las audiencias generales de los miércoles, según informa el diario de la Santa Sede “L’Osservatore Romano”.

El prólogo ha corrido a cargo del sacerdote español Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación.

“Érase una vez un pequeño grupo de hombres que un día, hace dos mil años, encontró a un joven que caminaba por los senderos de Galilea. Cada uno tenía su trabajo y su familia, pero en un instante sus vidas cambiaron. Se llamaban Andrés, Juan, Pedro, Mateo, Tomás… Eran doce y hoy los conocemos como los “apóstoles”. En Jerusalén todos sabían que eran los amigos de Jesús. (…) Más tarde a ellos se unió San Pablo, (…) que de perseguidor de los cristianos pasó a ser el más grande testigo de Jesús”, escribe don Carrón.

El sacerdote explica que con este libro, Benedicto XVI “nos toma de la mano” y nos acompaña a descubrir quiénes eran los primeros compañeros de Cristo, cómo lo encontraron y cómo fueron conquistados por Él, hasta decidir que no lo abandonarían jamás”.

CIUDAD DEL VATICANO, 22 JUL 2010 (VIS)

Benedicto XVI: "Los amigos de Jesús"

“Los amigos de Jesús”, es el título del nuevo libro de Benedicto XVI, en el que el Papa cuenta al público infantil y juvenil la historia de los doce apóstoles y de San Pablo.

El volumen, de 48 páginas, ilustrado por el artista italiano Franco Vignazia y publicado por la editorial San Giuliano Milanese, recoge algunos pasajes de las catequesis de las audiencias generales de los miércoles, según informa el diario de la Santa Sede “L’Osservatore Romano”.

El prólogo ha corrido a cargo del sacerdote español Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación.

“Érase una vez un pequeño grupo de hombres que un día, hace dos mil años, encontró a un joven que caminaba por los senderos de Galilea. Cada uno tenía su trabajo y su familia, pero en un instante sus vidas cambiaron. Se llamaban Andrés, Juan, Pedro, Mateo, Tomás… Eran doce y hoy los conocemos como los “apóstoles”. En Jerusalén todos sabían que eran los amigos de Jesús. (…) Más tarde a ellos se unió San Pablo, (…) que de perseguidor de los cristianos pasó a ser el más grande testigo de Jesús”, escribe don Carrón.

El sacerdote explica que con este libro, Benedicto XVI “nos toma de la mano” y nos acompaña a descubrir quiénes eran los primeros compañeros de Cristo, cómo lo encontraron y cómo fueron conquistados por Él, hasta decidir que no lo abandonarían jamás”.

CIUDAD DEL VATICANO, 22 JUL 2010 (VIS)

>[Opus Dei] Camino

> «Lee despacio estos consejos. Medita pausadamente estas consideraciones. Son cosas que te digo al oído, en confidencia de amigo, de hermano, de padre. Y estas confidencias las escucha Dios».

Con estas palabras comienza Camino, el más conocido y popular de los libros de san Josemaría.

Esta obra, considerada por muchos autores como un clásico de la literatura espiritual, fue publicada en 1939. Era la reelaboración de “Consideraciones espirituales”, una publicación suya de años anteriores.

“Camino” consta de 999 puntos para la meditación personal. Aborda los diversos aspectos de la vida cristiana: carácter, apostolado, oración, trabajo, y virtudes.

Dice san Josemaría en la Introducción: «Voy a remover en tus recuerdos, para que se alce algún pensamiento que te hiera: y así mejores tu vida y te metas por caminos de oración y de Amor. Y acabes por ser alma de criterio».

En 1966, durante una entrevista en Le Figaro, el Autor resumió el proceso de elaboración de Camino: «Escribí en 1934 una buena parte de ese libro, resumiendo para todas las almas que trataba —del Opus Dei o no— mi experiencia sacerdotal. No sospeché que treinta años después alcanzaría una difusión tan amplia —millones de ejemplares— en tantos idiomas».

Aconsejaba leerlo «con un mínimo de espíritu sobrenatural, de vida interior y de afán apostólico. No es un código del hombre de acción. Pretende ser un libro que lleva a tratar y amar a Dios y a servir a todos».

Actualmente se han publicado más de 4 millones y medio de ejemplares en 43 lenguas.

>>>Leer el libro (www.escrivaobras.org). También lo puedes encontrar aquí: Camino

[Opus Dei] Camino

«Lee despacio estos consejos. Medita pausadamente estas consideraciones. Son cosas que te digo al oído, en confidencia de amigo, de hermano, de padre. Y estas confidencias las escucha Dios».

Con estas palabras comienza Camino, el más conocido y popular de los libros de san Josemaría.

Esta obra, considerada por muchos autores como un clásico de la literatura espiritual, fue publicada en 1939. Era la reelaboración de “Consideraciones espirituales”, una publicación suya de años anteriores.

“Camino” consta de 999 puntos para la meditación personal. Aborda los diversos aspectos de la vida cristiana: carácter, apostolado, oración, trabajo, y virtudes.

Dice san Josemaría en la Introducción: «Voy a remover en tus recuerdos, para que se alce algún pensamiento que te hiera: y así mejores tu vida y te metas por caminos de oración y de Amor. Y acabes por ser alma de criterio».

En 1966, durante una entrevista en Le Figaro, el Autor resumió el proceso de elaboración de Camino: «Escribí en 1934 una buena parte de ese libro, resumiendo para todas las almas que trataba —del Opus Dei o no— mi experiencia sacerdotal. No sospeché que treinta años después alcanzaría una difusión tan amplia —millones de ejemplares— en tantos idiomas».

Aconsejaba leerlo «con un mínimo de espíritu sobrenatural, de vida interior y de afán apostólico. No es un código del hombre de acción. Pretende ser un libro que lleva a tratar y amar a Dios y a servir a todos».

Actualmente se han publicado más de 4 millones y medio de ejemplares en 43 lenguas.

Leer el libro (www.escrivaobras.org). También lo puedes encontrar aquí: Camino

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>Estudios sobre la Prelatura del Opus Dei

>La prelatura del Opus Dei , erigida el 28 de noviembre de 1982 e inaugurada solemnemente el 19 de marzo de 1983, ha celebrado su XXV aniversario. Con esa ocasión, la Pontificia Università della Santa Croce promovió una serie de estudios sobre las principales temáticas jurídicas y teológicas relacionadas con el fenómeno pastoral del Opus Dei, con el deseo de que la reflexión pudiera verse enriquecida con las aportaciones científicas producidas durante estos cinco lustros.

La iniciativa acabó concretándose en una Jornada de estudio, celebrada en Roma, en la sede de esa Universidad, el 10 de marzo de 2008, presidida por el Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, que pronunció una conferencia sobre la figura jurídica prevista por San Josemaría para el Opus Dei. Intervinieron también en la Jornada los Cardenales Camillo Ruini, Vicario del Papa para la diócesis de Roma, y Julián Herranz, Presidente emérito del Consejo Pontificio para los textos Legislativos; Mons. Fernando Ocáriz, Vicario General de la prelatura del Opus Dei; y los profesores Giuseppe Dalla Torre, Rector de la Libera Università Maria SS. Assunta (LUMSA) de Roma; Paul O’Callaghan, Decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Università della Santa Croce y Eduardo Baura, Ordinario de la Facultad de Derecho canónico de la misma Universidad.

Estudios sobre la Prelatura del Opus Dei

La prelatura del Opus Dei , erigida el 28 de noviembre de 1982 e inaugurada solemnemente el 19 de marzo de 1983, ha celebrado su XXV aniversario. Con esa ocasión, la Pontificia Università della Santa Croce promovió una serie de estudios sobre las principales temáticas jurídicas y teológicas relacionadas con el fenómeno pastoral del Opus Dei, con el deseo de que la reflexión pudiera verse enriquecida con las aportaciones científicas producidas durante estos cinco lustros.

La iniciativa acabó concretándose en una Jornada de estudio, celebrada en Roma, en la sede de esa Universidad, el 10 de marzo de 2008, presidida por el Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, que pronunció una conferencia sobre la figura jurídica prevista por San Josemaría para el Opus Dei. Intervinieron también en la Jornada los Cardenales Camillo Ruini, Vicario del Papa para la diócesis de Roma, y Julián Herranz, Presidente emérito del Consejo Pontificio para los textos Legislativos; Mons. Fernando Ocáriz, Vicario General de la prelatura del Opus Dei; y los profesores Giuseppe Dalla Torre, Rector de la Libera Università Maria SS. Assunta (LUMSA) de Roma; Paul O’Callaghan, Decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Università della Santa Croce y Eduardo Baura, Ordinario de la Facultad de Derecho canónico de la misma Universidad.

>[Opus Dei] Historia de un sí

>Años atrás, Isabel, maestra, sindicalista de la USO, hija de republicano, de familia obrera, encontró una columna en el diario Mundo obrero con este título, más o menos: “Josemaría, un hombre incomprendido”. A raíz de la aparición de Amigos de Dios, el periodista decía: “No se hizo justicia a la labor humanitaria que llevó a cabo Josemaría Escrivá de Balaguer, presentándolo como el que sólo busca a los más dotados de inteligencia o de buena posición económica, descuidando las capas sociales más pobres y necesitadas”.

Esta noticia sorprendió a Isabel, pues la imagen que tenía del Opus Dei era precisamente la que criticaba el autor. Creativa, tenaz y resuelta, se puso a investigar. Leyó todas las obras publicadas de Josemaría Escrivá de Balaguer -menos La Abadesa de las Huelgas, porque “era mucha abadesa”, dice con humor- y se convenció de la verdad del artículo. Sobre todo, cuando conoció los primeros años de San Josemaría en Madrid: con los niños de las barriadas, los enfermos del Hospital General y del Hospital del Rey, el patronato de las Damas Apostólicas… Y por el fruto posterior de esta actividad pastoral: las labores sociales en todos los países donde la Obra está presente.

El germen del libro
Como maestra, Isabel veía la necesidad de poner en manos de los niños buenas lecturas, que sirvieran de ejemplo para contrarrestar la marea de cómics y libros negativos para su formación. Deseaba “sembrar flores en la basura”.

“La vida de San Josemaría está llena de valores espirituales y humanos: amor apasionado por Cristo y su Madre, amor apasionado por el bien de la persona. Es alegre, buen amigo, con genio –los santos, gracias a Dios, también tienen defectos–; es la vida de un niño, un joven, un adulto, cada página de cuya historia lleva la huella del amor y la fidelidad a la voluntad del Señor. Los niños”, pensó, “tienen derecho a conocerla”.

De nuevo empezó a releer, esta vez las biografías publicadas sobre San Josemaría. Pero ninguna era fácil para niños. “Los autores son muy sabios, pero el lenguaje no llega fácilmente a todos”, pensaba.

Se dio cuenta de que una biografía como la que ella deseaba podría hacer mucho bien también a la gente sencilla. Y se puso a preparar un texto con unos esbozos, pensando que el Espíritu Santo le había soplado la idea a ella pero que la ejecutarían otros. Ella fue la primera sorprendida. “El verdadero autor del libro es el Espíritu Santo. Por eso esta biografía rompe todos los esquemas, pues una persona que no era ni es del Opus Dei escribe la primera biografía, con dibujos, del fundador de la Obra, dirigida a los niños y pensada para todas las edades”.

Elaboró, pues, el primer texto, con esbozos de los posibles dibujos. “Me enganchaba. Todos los textos los escribí en el oratorio del centro de la Obra en Lleida. Por la noche, dibujaba en mi taburete. Era agotador, pero estaba muy contenta. Es un libro salido del sacrificio convertido en felicidad”. Isabel lo tenía todo muy pensado: por ejemplo, dejó en el texto algunas palabras que son más complejas, a sabiendas de que los niños no las entenderían. “Lo hice con toda intención. Así, los pequeños acuden a sus padres para que estos les expliquen el significado de los términos y los padres acaban leyendo el libro”.

Más adelante, se decidió a escribir a don Álvaro del Portillo, entonces Prelado del Opus Dei, y a enviarle el material. Así empezó una correspondencia sobre el proyecto que duró varios años. Después de escribir esa primera carta a don Álvaro, Isabel se sintió liberada: el Espíritu Santo le había soplado la idea, y ella ya la había transmitido. Don Álvaro sería el principal impulsor de la obra desde entonces.

Recibió puntualmente su respuesta. “Me senté por si acaso…”, recuerda con humor. “El Prelado me contestaba con estas palabras: Rezo por este trabajo, del que el Señor –estoy seguro– se servirá para remover a un buen número de almas. Él vio el libro como lo veía yo, pero con más carisma y una gran visión de futuro. Me indicó que me pusiera en contacto con la sede del Opus Dei en España, en Madrid”. Isabel viajó a la capital española y expuso el proyecto ante varias personas, que lo acogieron con entusiasmo. “Yo iba repitiendo: Dios se ha valido de mí para dar a luz el proyecto, ahora ustedes realícenlo”. Sin embargo, un espontáneo respondió “Es usted quien ha tenido la idea, nosotros colaboraremos. Además, era voluntad de don Álvaro que yo llevara a término el trabajo”.

Al regresar a Lleida, su ciudad, reelaboró y perfeccionó el proyecto y lo envió al vicepostulador de la Causa de Beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer “para su revisión y corrección, para no caer en ningún error referente al carisma del Opus Dei o a la Iglesia”.
Vinieron un par de años de trabajo duro e idas y venidas: la reelaboración del texto, las gestiones para conseguir un ilustrador adecuado (Giorgio Del Lungo), las relaciones con la editorial (Rialp) y con la vicepostulación…. Cada novedad se la contaba Isabel a don Álvaro. En junio de 1993, por fin, don Álvaro le agradeció por carta a Isabel los dos ejemplares de Historia de un sí que acababa de recibir.

Mover a que se diga ‘sí’
Pienso que, desde el cielo, nuestro Fundador se habrá alegrado por esa obra y le recompensará con su poderosa ayuda. Además, intercederá eficazmente ante Dios, nuestro Señor, para que el texto y los dibujos de esas páginas sean un buen instrumento para remover las almas de las personas que las lean. Esto le escribía don Álvaro en 1993, y se ha cumplido.

Actualmente, hay ediciones de Historia de un sí en castellano, catalán, portugués, italiano, inglés, francés, alemán, holandés, polaco húngaro, chino (ediciones para Singapur y para Hong-Kong, Macao y Taiwán) y japonés. Sabe que Juan Pablo II recibió el ejemplar en polaco que le envió en el año 2003.

A través de las cartas que llegan a la editorial, Isabel constata la verdad de las palabras de don Álvaro. “El objetivo de la biografía era muy evidente: facilitar que, a partir de las respuestas afirmativas de San Josemaría a la voluntad de Dios, cada lector pueda hacer de su vida otra historia de un sí al amor, a Dios y a los demás”.

En un colegio de Córdoba, por ejemplo, los alumnos de 11 y 12 años realizaron un trabajo de comprensión lectora con Historia de un sí. Sus conclusiones eran de lo más diverso: “Me ha parecido un libro que te hace comprender cómo creer en Dios. Y también, que cuando estés en un apuro escuches la Santa Misa, como cuando ellos estaban cruzando los Pirineos”; “el libro me ha hecho pensar muchas cosas. Yo creía que mi vida era dura, pero después de ver la vida de don Josemaría pienso que soy afortunado donde los haya”; “he aprendido el respeto que hay que guardar con los padres, la importancia de usar bien el dinero y, sobre todo, el amor que hay que tenerle al Señor”.

En San Salvador (El Salvador) se publicó por entregas con el periódico dominical, con entrevistas a niños y niñas que explicaban cómo acudían al entonces Beato Josemaría para encomendarle sus problemas y rezar por sus familias y amigos.

La última noticia le ha llegado de una religiosa que vive y trabaja en un país africano. Le cuenta lo siguiente: “Estamos leyendo el libro de la vida de San Josemaría Escrivá, yo me lo leí en cuanto llegué a Guinea y tengo que decirte que no había leído nada de este santo y me llevé una grata impresión. Pienso que de pequeño le tocó sufrir mucho con la pérdida de sus hermanas y de su padre; si no hubiera sido un muchacho de mucha piedad y serenidad quizás habría reaccionado mal. Se ve cómo él siempre busca la voluntad de Dios, no quiere hacer la suya.

Este libro lo leemos en los ratos de Lengua Castellana en el internado. Las alumnas hacen un resumen de cada lectura y así a final de curso tendrán un librito que les servirá para recordar la vida de San Josemaría. También lo leen a ratos porque lo tengo en la biblioteca y por la noche después de cenar tienen un rato para lectura. Me dicen que les gusta mucho”.

Las alumnas envían algunas cartas a Isabel. Le cuentan, por ejemplo, que algunas no han recibido todavía la primera comunión y les gusta leer el pasaje de cuando Josemaría recibió la Eucaristía por primera vez. De este modo, tanto el sí de San Josemaría como el sí de Isabel están dando fruto en la vida de niños de todo el mundo.

copiado de http://www.es.josemariaescriva.info

[Opus Dei] Historia de un sí

Años atrás, Isabel, maestra, sindicalista de la USO, hija de republicano, de familia obrera, encontró una columna en el diario Mundo obrero con este título, más o menos: “Josemaría, un hombre incomprendido”. A raíz de la aparición de Amigos de Dios, el periodista decía: “No se hizo justicia a la labor humanitaria que llevó a cabo Josemaría Escrivá de Balaguer, presentándolo como el que sólo busca a los más dotados de inteligencia o de buena posición económica, descuidando las capas sociales más pobres y necesitadas”.

Esta noticia sorprendió a Isabel, pues la imagen que tenía del Opus Dei era precisamente la que criticaba el autor. Creativa, tenaz y resuelta, se puso a investigar. Leyó todas las obras publicadas de Josemaría Escrivá de Balaguer -menos La Abadesa de las Huelgas, porque “era mucha abadesa”, dice con humor- y se convenció de la verdad del artículo. Sobre todo, cuando conoció los primeros años de San Josemaría en Madrid: con los niños de las barriadas, los enfermos del Hospital General y del Hospital del Rey, el patronato de las Damas Apostólicas… Y por el fruto posterior de esta actividad pastoral: las labores sociales en todos los países donde la Obra está presente.

El germen del libro
Como maestra, Isabel veía la necesidad de poner en manos de los niños buenas lecturas, que sirvieran de ejemplo para contrarrestar la marea de cómics y libros negativos para su formación. Deseaba “sembrar flores en la basura”.

“La vida de San Josemaría está llena de valores espirituales y humanos: amor apasionado por Cristo y su Madre, amor apasionado por el bien de la persona. Es alegre, buen amigo, con genio –los santos, gracias a Dios, también tienen defectos–; es la vida de un niño, un joven, un adulto, cada página de cuya historia lleva la huella del amor y la fidelidad a la voluntad del Señor. Los niños”, pensó, “tienen derecho a conocerla”.

De nuevo empezó a releer, esta vez las biografías publicadas sobre San Josemaría. Pero ninguna era fácil para niños. “Los autores son muy sabios, pero el lenguaje no llega fácilmente a todos”, pensaba.

Se dio cuenta de que una biografía como la que ella deseaba podría hacer mucho bien también a la gente sencilla. Y se puso a preparar un texto con unos esbozos, pensando que el Espíritu Santo le había soplado la idea a ella pero que la ejecutarían otros. Ella fue la primera sorprendida. “El verdadero autor del libro es el Espíritu Santo. Por eso esta biografía rompe todos los esquemas, pues una persona que no era ni es del Opus Dei escribe la primera biografía, con dibujos, del fundador de la Obra, dirigida a los niños y pensada para todas las edades”.

Elaboró, pues, el primer texto, con esbozos de los posibles dibujos. “Me enganchaba. Todos los textos los escribí en el oratorio del centro de la Obra en Lleida. Por la noche, dibujaba en mi taburete. Era agotador, pero estaba muy contenta. Es un libro salido del sacrificio convertido en felicidad”. Isabel lo tenía todo muy pensado: por ejemplo, dejó en el texto algunas palabras que son más complejas, a sabiendas de que los niños no las entenderían. “Lo hice con toda intención. Así, los pequeños acuden a sus padres para que estos les expliquen el significado de los términos y los padres acaban leyendo el libro”.

Más adelante, se decidió a escribir a don Álvaro del Portillo, entonces Prelado del Opus Dei, y a enviarle el material. Así empezó una correspondencia sobre el proyecto que duró varios años. Después de escribir esa primera carta a don Álvaro, Isabel se sintió liberada: el Espíritu Santo le había soplado la idea, y ella ya la había transmitido. Don Álvaro sería el principal impulsor de la obra desde entonces.

Recibió puntualmente su respuesta. “Me senté por si acaso…”, recuerda con humor. “El Prelado me contestaba con estas palabras: Rezo por este trabajo, del que el Señor –estoy seguro– se servirá para remover a un buen número de almas. Él vio el libro como lo veía yo, pero con más carisma y una gran visión de futuro. Me indicó que me pusiera en contacto con la sede del Opus Dei en España, en Madrid”. Isabel viajó a la capital española y expuso el proyecto ante varias personas, que lo acogieron con entusiasmo. “Yo iba repitiendo: Dios se ha valido de mí para dar a luz el proyecto, ahora ustedes realícenlo”. Sin embargo, un espontáneo respondió “Es usted quien ha tenido la idea, nosotros colaboraremos. Además, era voluntad de don Álvaro que yo llevara a término el trabajo”.

Al regresar a Lleida, su ciudad, reelaboró y perfeccionó el proyecto y lo envió al vicepostulador de la Causa de Beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer “para su revisión y corrección, para no caer en ningún error referente al carisma del Opus Dei o a la Iglesia”.
Vinieron un par de años de trabajo duro e idas y venidas: la reelaboración del texto, las gestiones para conseguir un ilustrador adecuado (Giorgio Del Lungo), las relaciones con la editorial (Rialp) y con la vicepostulación…. Cada novedad se la contaba Isabel a don Álvaro. En junio de 1993, por fin, don Álvaro le agradeció por carta a Isabel los dos ejemplares de Historia de un sí que acababa de recibir.

Mover a que se diga ‘sí’
Pienso que, desde el cielo, nuestro Fundador se habrá alegrado por esa obra y le recompensará con su poderosa ayuda. Además, intercederá eficazmente ante Dios, nuestro Señor, para que el texto y los dibujos de esas páginas sean un buen instrumento para remover las almas de las personas que las lean. Esto le escribía don Álvaro en 1993, y se ha cumplido.

Actualmente, hay ediciones de Historia de un sí en castellano, catalán, portugués, italiano, inglés, francés, alemán, holandés, polaco húngaro, chino (ediciones para Singapur y para Hong-Kong, Macao y Taiwán) y japonés. Sabe que Juan Pablo II recibió el ejemplar en polaco que le envió en el año 2003.

A través de las cartas que llegan a la editorial, Isabel constata la verdad de las palabras de don Álvaro. “El objetivo de la biografía era muy evidente: facilitar que, a partir de las respuestas afirmativas de San Josemaría a la voluntad de Dios, cada lector pueda hacer de su vida otra historia de un sí al amor, a Dios y a los demás”.

En un colegio de Córdoba, por ejemplo, los alumnos de 11 y 12 años realizaron un trabajo de comprensión lectora con Historia de un sí. Sus conclusiones eran de lo más diverso: “Me ha parecido un libro que te hace comprender cómo creer en Dios. Y también, que cuando estés en un apuro escuches la Santa Misa, como cuando ellos estaban cruzando los Pirineos”; “el libro me ha hecho pensar muchas cosas. Yo creía que mi vida era dura, pero después de ver la vida de don Josemaría pienso que soy afortunado donde los haya”; “he aprendido el respeto que hay que guardar con los padres, la importancia de usar bien el dinero y, sobre todo, el amor que hay que tenerle al Señor”.

En San Salvador (El Salvador) se publicó por entregas con e
l periódico dominical, con entrevistas a niños y niñas que explicaban cómo acudían al entonces Beato Josemaría para encomendarle sus problemas y rezar por sus familias y amigos.

La última noticia le ha llegado de una religiosa que vive y trabaja en un país africano. Le cuenta lo siguiente: “Estamos leyendo el libro de la vida de San Josemaría Escrivá, yo me lo leí en cuanto llegué a Guinea y tengo que decirte que no había leído nada de este santo y me llevé una grata impresión. Pienso que de pequeño le tocó sufrir mucho con la pérdida de sus hermanas y de su padre; si no hubiera sido un muchacho de mucha piedad y serenidad quizás habría reaccionado mal. Se ve cómo él siempre busca la voluntad de Dios, no quiere hacer la suya.

Este libro lo leemos en los ratos de Lengua Castellana en el internado. Las alumnas hacen un resumen de cada lectura y así a final de curso tendrán un librito que les servirá para recordar la vida de San Josemaría. También lo leen a ratos porque lo tengo en la biblioteca y por la noche después de cenar tienen un rato para lectura. Me dicen que les gusta mucho”.

Las alumnas envían algunas cartas a Isabel. Le cuentan, por ejemplo, que algunas no han recibido todavía la primera comunión y les gusta leer el pasaje de cuando Josemaría recibió la Eucaristía por primera vez. De este modo, tanto el sí de San Josemaría como el sí de Isabel están dando fruto en la vida de niños de todo el mundo.

copiado de http://www.es.josemariaescriva.info

>La ética en el fútbol

>

Si el gol que Diego Armando Maradona metió con la mano a Inglaterra en el Mundial de México 1986 encabeza el ranking de las trampas cometidas en un partido de fútbol profesional, en el último Mundial, se han incorporado a esta lista otras acciones.

La primera, en la fase clasificatoria, el gol con la mano logrado por Thierry Henry, que permitió a Francia ir a Sudáfrica en detrimento de Irlanda; y la segunda, el comportamiento del portero de la selección alemana, Manuel Neuer, que después de ver cómo un balón lanzado por el jugador inglés Frank Lampard rebasaba la línea de gol, engaña al árbitro sacando de portería como si nada hubiera ocurrido.

A las dificultades propias del juego a las que debe enfrentarse un árbitro se suma la poca honradez de algunos jugadores que pretenden engañarle. Cuando estas acciones condicionan un resultado importante, la opinión pública vuelve a abrir el debate sobre si los jueces deportivos deberían recurrir a las imágenes de televisión para tomar algunas decisiones. Se reflexiona sobre cuál es la mejor manera de ayudar al árbitro a juzgar con mayor acierto –televisión, más asistentes, balones inteligentes, etc.–, pero nunca se discute ni se sanciona, salvo que se trate de una agresión física, el comportamiento poco honrado de algunos jugadores.

Así, el filósofo Peter Singer se muestra sorprendido cuando futbolistas como Henry o Neuer admiten abiertamente haber engañado al árbitro y rehúyen pedir perdón o asumir una responsabilidad que trasladan exclusivamente al juez en cuestión. “¿Por qué el hecho de que alguien pueda salirse con la suya ha de significar que no es culpable? Los jugadores no deben estar exentos de la crítica ética y de una sanción pertinente por lo que hacen en el campo, como tampoco lo están por engañar fuera: por ejemplo, tomando medicamentos que mejoren su rendimiento”, plantea Singer en su artículo “Is It Okay to Cheat in Football?”.

El ejemplo está en juego

Tanto la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) como otros organismos internacionales de naturaleza deportiva deberían centrarse más en impulsar los comportamientos honrados. El fair play de los jugadores es una de las mejores maneras de facilitar la labor de los árbitros. Las trampas o engaños deben ser rigurosamente sancionados, no sólo en el transcurso del partido cuando el juez los detecta, sino después, cuando la tecnología permite demostrar los que pasaron desapercibidos en el terreno de juego.

La repercusión mediática de un Mundial de Fútbol es tan grande que alcanza también a miles de niños que sueñan con emular en el futuro a sus ídolos deportivos. Por esa razón, la responsabilidad de un jugador no debe limitarse al juicio del árbitro. “El juego transciende en cierto sentido la vida cotidiana; pero, sobre todo en el niño, tiene aun antes otro carácter: es una ejercitación para la vida, simboliza la vida misma. Los jugadores pasan a ser símbolos de la propia vida. Eso mismo actúa retroactivamente sobre ellos: saben, en efecto, que las personas se ven representadas y confirmadas a sí mismas en ellos”, escribía sobre el Campeonato Mundial de Fútbol en 1985, el cardenal Joseph Ratzinger (1).

A lo largo de la historia del fútbol, en las ligas de los distintos países, también ha habido jugadores, entrenadores y equipos al completo que han puesto de manifiesto su honradez:

Arsène Wenger: El entrenador francés del Arsenal ofreció al Sheffield United F.C. repetir un partido, tras haber anotado Overmars el gol decisivo de su equipo después de que su compañero Kanu no devolviese el balón al rival, que lo había lanzado fuera del campo para permitir que un compañero recibiese tratamiento debido a una lesión.

Ajax de Amsterdam: En el transcurso de un partido, un jugador del Ajax quedó tendido en el campo y un adversario lanzó el balón fuera del terreno de juego para que pudieran atenderle. Una vez recuperado su compañero, otro jugador del equipo holandés golpeó el balón en dirección al portero contrario para que iniciara de nuevo el juego pero con tan mala fortuna que introdujo el balón en la portería. El árbitro concedió el gol pero el equipo holandés permitió que nada más sacar de centro un adversario empatara el partido sin obstáculo alguno.

Valter Birsa: El jugador del Auxerre francés simuló una agresión que provocó la expulsión inmediata de un jugador contrario del Marsella. Pasados unos segundos Birsa admitió al árbitro que el golpe no había sido tan grave y le permitió así rectificar dejando al jugador expulsado seguir en el terreno de juego.

Existen casos especiales como el del jugador italiano Paolo di Canio o el inglés Robbie Fowler. Conocido por su simpatía hacia la ideología fascista, Di Canio era capaz de parar el juego en medio de una ocasión de gol porque el portero del equipo contrario se había lesionado en un lance previo o de tirar de un empujón al árbitro por no estar de acuerdo con su expulsión. Por su parte, Fowler, jugador del Liverpool, admitió en el campo que no había sido penalti una entrada que le habían hecho, aunque el árbitro le obligó a lanzarlo, pero en otra ocasión celebró un gol simulando que aspiraba una raya del campo como respuesta a algunas personas que le habían acusado de consumir drogas.

Lamentablemente, los casos deshonestos adquieren una mayor repercusión. El propio Singer concluye: “¿Cómo habrían reaccionado los aficionados al fútbol, si Neuer hubiera parado el juego y hubiese dicho al árbitro que había sido gol? Neuer desaprovechó una oportunidad poco común de comportarse noblemente delante de millones de personas”. También la desperdiciaron Maradona y Henry y ahora son modelos… de pillería.

Por Álvaro Lucas de Aceprensa

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(1) “El juego y la vida: sobre el campeonato mundial de fútbol”. Texto publicado en 1985 como parte del libro Suchen, was droben ist (“Buscar lo de arriba”), de Joseph Ratzinger.

La ética en el fútbol

Si el gol que Diego Armando Maradona metió con la mano a Inglaterra en el Mundial de México 1986 encabeza el ranking de las trampas cometidas en un partido de fútbol profesional, en el último Mundial, se han incorporado a esta lista otras acciones.

La primera, en la fase clasificatoria, el gol con la mano logrado por Thierry Henry, que permitió a Francia ir a Sudáfrica en detrimento de Irlanda; y la segunda, el comportamiento del portero de la selección alemana, Manuel Neuer, que después de ver cómo un balón lanzado por el jugador inglés Frank Lampard rebasaba la línea de gol, engaña al árbitro sacando de portería como si nada hubiera ocurrido.

A las dificultades propias del juego a las que debe enfrentarse un árbitro se suma la poca honradez de algunos jugadores que pretenden engañarle. Cuando estas acciones condicionan un resultado importante, la opinión pública vuelve a abrir el debate sobre si los jueces deportivos deberían recurrir a las imágenes de televisión para tomar algunas decisiones. Se reflexiona sobre cuál es la mejor manera de ayudar al árbitro a juzgar con mayor acierto –televisión, más asistentes, balones inteligentes, etc.–, pero nunca se discute ni se sanciona, salvo que se trate de una agresión física, el comportamiento poco honrado de algunos jugadores.

Así, el filósofo Peter Singer se muestra sorprendido cuando futbolistas como Henry o Neuer admiten abiertamente haber engañado al árbitro y rehúyen pedir perdón o asumir una responsabilidad que trasladan exclusivamente al juez en cuestión. “¿Por qué el hecho de que alguien pueda salirse con la suya ha de significar que no es culpable? Los jugadores no deben estar exentos de la crítica ética y de una sanción pertinente por lo que hacen en el campo, como tampoco lo están por engañar fuera: por ejemplo, tomando medicamentos que mejoren su rendimiento”, plantea Singer en su artículo “Is It Okay to Cheat in Football?”.

El ejemplo está en juego

Tanto la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) como otros organismos internacionales de naturaleza deportiva deberían centrarse más en impulsar los comportamientos honrados. El fair play de los jugadores es una de las mejores maneras de facilitar la labor de los árbitros. Las trampas o engaños deben ser rigurosamente sancionados, no sólo en el transcurso del partido cuando el juez los detecta, sino después, cuando la tecnología permite demostrar los que pasaron desapercibidos en el terreno de juego.

La repercusión mediática de un Mundial de Fútbol es tan grande que alcanza también a miles de niños que sueñan con emular en el futuro a sus ídolos deportivos. Por esa razón, la responsabilidad de un jugador no debe limitarse al juicio del árbitro. “El juego transciende en cierto sentido la vida cotidiana; pero, sobre todo en el niño, tiene aun antes otro carácter: es una ejercitación para la vida, simboliza la vida misma. Los jugadores pasan a ser símbolos de la propia vida. Eso mismo actúa retroactivamente sobre ellos: saben, en efecto, que las personas se ven representadas y confirmadas a sí mismas en ellos”, escribía sobre el Campeonato Mundial de Fútbol en 1985, el cardenal Joseph Ratzinger (1).

A lo largo de la historia del fútbol, en las ligas de los distintos países, también ha habido jugadores, entrenadores y equipos al completo que han puesto de manifiesto su honradez:

Arsène Wenger: El entrenador francés del Arsenal ofreció al Sheffield United F.C. repetir un partido, tras haber anotado Overmars el gol decisivo de su equipo después de que su compañero Kanu no devolviese el balón al rival, que lo había lanzado fuera del campo para permitir que un compañero recibiese tratamiento debido a una lesión.

Ajax de Amsterdam: En el transcurso de un partido, un jugador del Ajax quedó tendido en el campo y un adversario lanzó el balón fuera del terreno de juego para que pudieran atenderle. Una vez recuperado su compañero, otro jugador del equipo holandés golpeó el balón en dirección al portero contrario para que iniciara de nuevo el juego pero con tan mala fortuna que introdujo el balón en la portería. El árbitro concedió el gol pero el equipo holandés permitió que nada más sacar de centro un adversario empatara el partido sin obstáculo alguno.

Valter Birsa: El jugador del Auxerre francés simuló una agresión que provocó la expulsión inmediata de un jugador contrario del Marsella. Pasados unos segundos Birsa admitió al árbitro que el golpe no había sido tan grave y le permitió así rectificar dejando al jugador expulsado seguir en el terreno de juego.

Existen casos especiales como el del jugador italiano Paolo di Canio o el inglés Robbie Fowler. Conocido por su simpatía hacia la ideología fascista, Di Canio era capaz de parar el juego en medio de una ocasión de gol porque el portero del equipo contrario se había lesionado en un lance previo o de tirar de un empujón al árbitro por no estar de acuerdo con su expulsión. Por su parte, Fowler, jugador del Liverpool, admitió en el campo que no había sido penalti una entrada que le habían hecho, aunque el árbitro le obligó a lanzarlo, pero en otra ocasión celebró un gol simulando que aspiraba una raya del campo como respuesta a algunas personas que le habían acusado de consumir drogas.

Lamentablemente, los casos deshonestos adquieren una mayor repercusión. El propio Singer concluye: “¿Cómo habrían reaccionado los aficionados al fútbol, si Neuer hubiera parado el juego y hubiese dicho al árbitro que había sido gol? Neuer desaprovechó una oportunidad poco común de comportarse noblemente delante de millones de personas”. También la desperdiciaron Maradona y Henry y ahora son modelos… de pillería.

Por Álvaro Lucas de Aceprensa

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(1) “El juego y la vida: sobre el campeonato mundial de fútbol”. Texto publicado en 1985 como parte del libro Suchen, was droben ist (“Buscar lo de arriba”), de Joseph Ratzinger.