Estudios sobre el Opus Dei

Studia et Documenta, vol. 4 – 2010
Publicación: mayo 2010
Páginas: 538

INIZIATIVE PROMOSSE DAL FONDATORE DELL’Opus Dei IN AMBITO EDUCATIVO
Presentazione, Maria Carla Giammarco (pp. 9-13).
Los comienzos de la labor del Opus Dei con universitarias:
la Residencia Zurbarán de Madrid (1947-1950)
, Mercedes Montero (pp. 15-44).
Estudio sobre los tres primeros años de la Residencia universitaria Zurbarán, dirigida por mujeres del Opus Dei en Madrid. Se explican las diferencias entre esta iniciativa y la tradición residencial femenina española anterior a la Guerra Civil, y también entre el espíritu que movía Zurbarán y el que latía en los colegios mayores restaurados en España a partir de 1942-43. Narración de la expansión del mensaje del Opus Dei entre las mujeres (universitarias o no), desde la Residencia Zurbarán.
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Fuentes para la historia de la Academia y de la Residencia DYA, 
Constantino Ánchel (pp. 45-101).
DYA, sigla de Derecho y Arquitectura, es el nombre que dio san Josemaría a la primera iniciativa apostólica de carácter institucional de fieles del Opus Dei. Años después se refirió a ella como la primera obra corporativa. Comenzó en diciembre de 1933 en Madrid con la apertura de una academia, en la calle Luchana. En octubre de 1934 la Academia DYA se trasladó a la calle Ferraz y se amplió con una residencia universitaria. El Opus Dei creció y, desde DYA, se preparó la expansión a otras ciudades: Valencia y París. Cuando se estaban ultimando los pasos necesarios para establecer una residencia en Valencia, comenzó en España la Guerra Civil. En este artículo se describen las fuentes, procedentes fundamentalmente del Archivo General de la Prelatura del Opus Dei, necesarias para confeccionar una historia más extensa y documentada de aquellos primeros años de la Obra.
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San Josemaría y la promoción del Colegio Gaztelueta, Ramón Pomar (pp. 103-146).
En 1951, en una población cercana a Bilbao, comenzó su andadura el Colegio Gaztelueta, la primera obra de apostolado corporativo de enseñanza media del Opus Dei, cuyo sistema pedagógico ha influido en la configuración de otros centros docentes posteriores. Nació fruto de una iniciativa de san Josemaría Escrivá de Balaguer, secundada por algunas familias de Guecho deseosas de promover un centro educativo para sus hijos. El artículo aborda los inicios de la labor apostólica de la Obra en Bilbao, introduce a los protagonistas de la iniciativa y se detiene en el nacimiento y primer desarrollo del colegio, todo en conexión con la figura de san Josemaría.
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Like a Bridge over Troubled Water in Sydney: Warrane College and the Student Protests of the 1970s, José Manuel Cerda (pp. 147-181).
Questo articolo tratta una serie di eventi, avvenuti a Sydney tra il 1966 e il 1974, riguardanti la fondazione di Warrane College, una residenza universitaria affidata alla cura spirituale dell’Opus Dei e affiliata all’Università del Nuovo Galles del Sud. Lo studio si basa principalmente su fonti giornalistiche ed è diviso in tre parti: la descrizione del processo fondativo della residenza, l’analisi degli obiettivi formativi della stessa, e l’opposizione al progetto sorta in alcuni ambienti dell’università suddetta, con le proteste che ne derivarono nel 1971 e nel 1974.
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STUDI E NOTE
La relación personal entre san Josemaría Escrivá de Balaguer y mons. Juan Hervás a través de sus cartas, Francisca Colomer (pp. 185-213).
Se presenta un breve estudio del trato entre Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei y Juan Hervás Benet, obispo de Ciudad Real e impulsor de los Cursillos de Cristiandad. La reseña biográfica de ambos presenta el marco en el que se examinan desde el punto de vista cuantitativo, temporal y de contenido, las cartas que se conservan en el Archivo General de la Prelatura del Opus Dei en Roma, con la doble finalidad de trazar una cronología base de la relación entre Escrivá de Balaguer y Hervás, y de esbozar algunas ideas sobre su amistad, que sirvan de punto de partida para estudios sucesivos. 

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San Josemaría e il beato Ildefonso Schuster (1948-1954), Aldo Capucci (pp. 215-254)
San Josemaría Escrivá e il beato Alfredo Ildefonso Schuster, cardinale arcivescovo di Milano, si conobbero nel capoluogo lombardo il 14 gennaio del 1948. L’incontro e gli eventi successivi dimostrano non soltanto la piena sintonia fra il fondatore dell’Opus Dei e i vescovi delle città nelle quali intendeva espandere il lavoro apostolico, ma anche, in questo caso, la profonda e reciproca stima con il santo pastore di quella che allora era la diocesi più grande del mondo. La certezza dell’avvenuto incontro – messo in dubbio da una testimonianza della causa di canonizzazione del fondatore dell’Opus Dei, ma soprattutto dal riserbo dei protagonisti – viene qui acquisita e certificata attraverso documenti inediti, grazie ai quali è stato anche possibile ricostruirne i probabili contenuti, alla luce delle circostanze storiche di quegli anni.
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The Early Days of Opus Dei in Cambridge (U.S.) As Recalled by the First Generation (1956-1961), John Arthur Gueguen, Jr. (pp. 255-294).
Questo articolo è il seguito di “The Early Days of Opus Dei in Boston… (1946-1956)”, che è apparso nel vol. 1 (2007), 65-112. Tratta dei centri che hanno preceduto l’apertura di Elmbrook, a Cambridge, e dell’apostolato svolto principalmente con studenti e professori ad Harvard and Massachusetts Institute of Technology (M.I.T.). Le testimonianze delle persone che sono stati i personaggi di questa storia (1956-1961) sono integrati da materiale presente nell’Archivio Generale della Prelatura della Santa Croce e Opus Dei.
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Los inicios de la Prelatura de Yauyos (Perú) 1957-1968. Antecedentes y recuerdos documentados,
 Esteban Puig (pp. 295-338).
Estudio histórico sobre los inicios de la Prelatura territorial de Yauyos encomendada por la Santa Sede al Opus Dei y conformada por las Provincias civiles de Yauyos y Huarochirí, en un territorio de los Andes del Perú. El 2 de octubre de 1957, mons. Ignacio María de Orbegozo y Goicoechea, nombrado prelado de Yauyos, tomaba posesión de la Prelatura. Co
n él marcharon otros cinco sacerdotes de diferentes diócesis españolas, a los que sus ordinarios habían dado permiso para esta nueva tarea pastoral. Acomunaba a todos el hecho de pertenecer a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, asociación intrínsecamente unida al Opus Dei. Con la llegada de nuevos sacerdotes, el trabajo pastoral pudo extenderse por la Prelatura. En el año 1962, se anexionó a la Prelatura la Provincia civil de Cañete. Se fundó el seminario menor, se restauraron iglesias, casas parroquiales, salones comunales, capillas y se crearon centros asistenciales de promoción humana y social. Fueron once años de actividad profunda, intensa y extensa.
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Apuntes para una reseña biográfica de Narcisa González Guzmán, una de las primeras mujeres del Opus DeiFrancisca R. Quiroga (pp. 339-371).
Narcisa (Nisa) González Guzmán (1907-1998), fue una de las primeras mujeres del Opus Dei. El artículo se centra en el periodo 1907-1942 de su vida y aporta datos sobre su familia, la educación recibida y las actividades que desarrolló, así como su encuentro con el fundador del Opus Dei y su incorporación a esa institución. En el epílogo se presentan, de modo esquemático, las demás etapas de su vida, que permiten valorar su papel en el desarrollo del Opus Dei.
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DOCUMENTI
Cartas de Josemaría Escrivá de Balaguer a Dolores Fisac (21 de mayo de 1937 – 16 de noviembre de 1937), Yolanda Cagigas (pp. 375-409).
Se transcriben las dieciséis cartas que san Josemaría escribió a Dolores Fisac en un periodo de seis meses, desde el 21 de mayo –estando refugiado en la Legación de Honduras– hasta el 19 de noviembre de 1937, día en que inició desde Barcelona el paso a Francia por los Pirineos. A través de esa correspondencia, mantenida en una especial coyuntura, Dolores Fisac pidió la admisión en el Opus Dei. Se trataba de la primera mujer (después de Mª Ignacia García Escobar) en la que la llamada al Opus Dei se consolidó. Con el objeto de favorecer una mejor comprensión de las cartas, se ofrece una explicación previa del contexto histórico y se aporta información obtenida de las cartas escritas por Dolores Fisac y por Isidoro Zorzano, así como del diario de este último.
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Epistolario de san Josemaría Escrivá de Balaguer y mons. Javier Lauzurica (enero 1934 – diciembre 1940), Francisco Crosas (pp. 411-435).
Se edita la correspondencia entre san Josemaría Escrivá y mons. Javier Lauzurica, intentando ofrecer las coordenadas históricas y humanas de esa relación epistolar, mantenida en tiempos azarosos de la historia de España. En total son 23 cartas escritas entre enero de 1934 y diciembre 1940.
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NOTIZIARIO
La memoria di san Josemaría Escrivá nello spazio urbano in Italia, Aldo Capucci (pp. 439-451).

SEZIONE BIBLIOGRAFICA
Recensioni (pp. 455-469).
Schede bibliografiche (pp. 471-498).
Elenchi bibliografici: Bibliografia general sobre el Opus Dei (I), José Mario Fernández Montes, José Luis González Gullón, Santiago Martínez Sánchez (pp. 499-538).

Homilia de san Josemaría sobre la Asunción de la Virgen (15 agosto)

HOMILÍA: “LA VIRGEN SANTA, CAUSA DE NUESTRA ALEGRIA”
San Josemaría Escrivá
Homilía pronunciada el 15-VIII-1961, fiesta de la Asunción.
Libro “Es Cristo que pasa
Cor Mariae Dulcissimum, iter para tutum; Corazón Dulcísimo de María, da fuerza y seguridad a nuestro camino en la tierra: sé tú misma nuestro camino, porque tú conoces la senda y el atajo cierto que llevan, por tu amor, al amor de Jesucristo.
Madre nuestra, tú has traído a la tierra a Jesús, que nos revela el amor de nuestro Padre Dios; ayúdanos a reconocerlo, en medio de los afanes de cada día; remueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad, para que sepamos escuchar la voz de Dios.

Assumpta est Maria in coelum, gaudent angeli [521] . María ha sido llevada por Dios, en cuerpo y alma, a los cielos. Hay alegría entre los ángeles y entre los hombres. ¿Por qué este gozo íntimo que advertimos hoy, con el corazón que parece querer saltar del pecho, con el alma inundada de paz? Porque celebramos la glorificación de nuestra Madre y es natural que sus hijos sintamos un especial júbilo, al ver cómo la honra la Trinidad Beatísima.
Cristo, su Hijo santísimo, nuestro hermano, nos la dio por Madre en el Calvario, cuando dijo a San Juan: he aquí a tu Madre [522] . Y nosotros la recibimos, con el discípulo amado, en aquel momento de inmenso desconsuelo. Santa María nos acogió en el dolor, cuando se cumplió la antigua profecía: y una espada traspasará tu alma [523] . Todos somos sus hijos; ella es Madre de la humanidad entera. Y ahora, la humanidad conmemora su inefable Asunción: María sube a los cielos, hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo, esposa de Dios Espíritu Santo. Más que Ella, sólo Dios.
El misterio de amor
Misterio de amor es éste. La razón humana no alcanza a comprender. Sólo la fe acierta a ilustrar cómo una criatura haya sido elevada a dignidad tan grande, hasta ser el centro amoroso en el que convergen las complacencias de la Trinidad. Sabemos que es un divino secreto. Pero, tratándose de Nuestra Madre, nos sentimos inclinados a entender más –si es posible hablar así– que en otras verdades de fe.
¿Cómo nos habríamos comportado, si hubiésemos podido escoger la madre nuestra? Pienso que hubiésemos elegido a la que tenemos, llenándola de todas las gracias. Eso hizo Cristo: siendo Omnipotente, Sapientísimo y el mismo Amor [524] , su poder realizó todo su querer.
Mirad cómo los cristianos han descubierto, desde hace tiempo, ese razonamiento: convenía –escribe San Juan Damasceno– que aquella que en el parto había conservado íntegra su virginidad, conservase sin ninguna corrupción su cuerpo después de la muerte. Convenía que aquella que había llevado en su seno al Creador hecho niño, habitara en la morada divina. Convenía que la Esposa de Dios entrara en la casa celestial. Convenía que aquellas que había visto a su Hijo en la Cruz, recibiendo así en su corazón el dolor de que había estado libre en el parto, lo contemplase sentado a la diestra del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo que corresponde a su Hijo, y que fuera honrada como Madre y Esclava de Dios por todas las criaturas [525] .
Los teólogos han formulado con frecuencia un argumento semejante, destinado a comprender de algún modo el sentido de ese cúmulo de gracias de que se encuentra revestida María, y que culmina con la Asunción a los cielos. Dicen: convenía, Dios podía hacerlo, luego lo hizo [526] . Es la explicación más clara de por qué el Señor concedió a su Madre, desde el primer instante de su inmaculada concepción, todos los privilegios. Estuvo libre del poder de Satanás; es hermosa –tota pulchra!–, limpia, pura en alma y cuerpo.
El misterio del sacrificio silencioso
Pero, fijaos: si Dios ha querido ensalzar a su Madre, es igualmente cierto que durante su vida terrena no fueron ahorrados a María ni la experiencia del dolor, ni el cansancio del trabajo, ni el claroscuro de la fe. A aquella mujer del pueblo, que un día prorrumpió en alabanzas a Jesús exclamando: bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te alimentaron, el Señor responde: bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica [527] . Era el elogio de su Madre, de su fiat [528] , del hágase sincero, entregado, cumplido hasta las últimas consecuencias, que no se manifestó en acciones aparatosas, sino en el sacrificio escondido y silencioso de cada jornada.
Al meditar estas verdades, entendemos un poco más la lógica de Dios; nos damos cuenta de que el valor sobrenatural de nuestra vida no depende de que sean realidad las grandes hazañas que a veces forjamos con la imaginación, sino de la aceptación fiel de la voluntad divina, de la disposición generosa en el menudo sacrificio diario.
Para ser divinos, para endiosarnos, hemos de empezar siendo muy humanos, viviendo cara a Dios nuestra condición de hombres corrientes, santificando esa aparente pequeñez. Así vivió María. La llena de gracia, la que es objeto de las complacencias de Dios, la que está por encima de los ángeles y de los santos llevó una existencia normal. María es una criatura como nosotros, con un corazón como el nuestro, capaz de gozos y de alegrías, de sufrimientos y de lágrimas. Antes de que Gabriel le comunique el querer de Dios, Nuestra Señora ignora que había sido escogida desde toda la eternidad para ser Madre del Mesías. Se considera a sí misma llena de bajeza [529] : por eso reconoce luego, con profunda humildad, que en Ella ha hecho cosas grandes el que es Todopoderoso [530] .
La pureza, la humildad y la generosidad de María contrastan con nuestra miseria, con nuestro egoísmo. Es razonable que, después de advertir esto, nos sintamos movidos a imitarla; somos criaturas de Dios, como Ella, y basta que nos esforcemos por ser fieles, para que también en nosotros el Señor obre cosas grandes. No será obstáculo nuestra poquedad: porque Dios escoge lo que vale poco, para que así brille mejor la potencia de su amor [531] .
Imitar a María
Nuestra Madre es modelo de correspondencia a la gracia y, al contemplar su vida, el Señor nos dará luz para que sepamos divinizar nuestra existencia ordinaria. A lo largo del año, cuando celebramos las fiestas marianas, y en bastantes momentos de cada jornada corriente, los cristianos pensamos muchas veces en la Virgen. Si aprovechamos esos instantes, imaginando cómo se conduciría Nuestra Madre en las tareas que nosotros hemos de realizar, poco a poco iremos aprendiendo: y acabaremos pareciéndonos a Ella, como los hijos se parecen a su madre.
Imitar, en primer lugar, su amor. La caridad no se queda en sentimientos: ha de estar en las palabras, pero sobre todo en las obras. La Virgen no sólo dijo fiat, sino que cumplió en todo momento esa decisión firme e irrevocable. Así nosotros: cuando nos aguijonee el amor de Dios y conozcamos lo que El quiere, debemos comprometernos a ser fieles, leales, y a serlo efectivamente. Porque no todo aquel que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; sino aquel que hace la voluntad de mi Padre celestial [532] .
Hemos de imitar su natural y sobrenatural elegancia. Ella es una criatura privilegiada de la historia de la salvación: en María, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros [533] . Fue testigo delicado, que pasa oculto; no le gustó recibir alabanzas, porque no ambicionó su propia gloria. María asis
te a los misterios de la infancia de su Hijo, misterios, si cabe hablar así, normales: a la hora de los grandes milagros y de las aclamaciones de las masas, desaparece. En Jerusalén, cuando Cristo –cabalgando un borriquito– es vitoreado como Rey, no está María. Pero reaparece junto a la Cruz, cuando todos huyen. Este modo de comportarse tiene el sabor, no buscado, de la grandeza, de la profundidad, de la santidad de su alma.
Tratemos de aprender, siguiendo su ejemplo en la obediencia a Dios, en esa delicada combinación de esclavitud y de señorío. En María no hay nada de aquella actitud de las vírgenes necias, que obedecen, pero alocadamente. Nuestra Señora oye con atención lo que Dios quiere, pondera lo que no entiende, pregunta lo que no sabe. Luego, se entrega toda al cumplimiento de la voluntad divina: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra [534] . ¿Veis la maravilla? Santa María, maestra de toda nuestra conducta, nos enseña ahora que la obediencia a Dios no es servilismo, no sojuzga la conciencia: nos mueve íntimamente a que descubramos la libertad de los hijos de Dios [535] .
La escuela de la oración
El Señor os habrá concedido descubrir tantos otros rasgos de la correspondencia fiel de la Santísima Virgen, que por sí solos se presentan invitándonos a tomarlos como modelo: su pureza, su humildad, su reciedumbre, su generosidad, su fidelidad… Yo quisiera hablar de uno que los envuelve todos, porque es el clima del progreso espiritual: la vida de oración.
Para aprovechar la gracia que Nuestra Madre nos trae en el día de hoy, y para secundar en cualquier momento las inspiraciones del Espíritu Santo, pastor de nuestras almas, debemos estar comprometidos seriamente en una actividad de trato con Dios. No podemos escondernos en el anonimato; la vida interior, si no es un encuentro personal con Dios, no existirá. La superficialidad no es cristiana. Admitir la rutina, en nuestra conducta ascética, equivale a firmar la partida de defunción del alma contemplativa. Dios nos busca uno a uno; y hemos de responderle uno a uno: aquí estoy, Señor, porque me has llamado [536] .
Oración, lo sabemos todos, es hablar con Dios; pero quizá alguno pregunte: hablar, ¿de qué? ¿De qué va a ser, sino de las cosas de Dios y de las que llenan nuestra jornada? Del nacimiento de Jesús, de su caminar en este mundo, de su ocultamiento y de su predicación, de sus milagros, de su Pasión Redentora y de su Cruz y de su Resurrección. Y en la presencia del Dios Trino y Uno, poniendo por Medianera a Santa María y por abogado a San José Nuestro Padre y Señor –a quien tanto amo y venero–, hablaremos del trabajo nuestro de todos los días, de la familia, de las relaciones de amistad, de los grandes proyectos y de las pequeñas mezquindades.
El tema de mi oración es el tema de mi vida. Yo hago así. Y a la vista de esta situación mía, surge natural el propósito, determinado y firme, de cambiar, de mejorar, de ser más dócil al amor de Dios. Un propósito sincero, concreto. Y no puede faltar la petición urgente, pero confiada, de que el Espíritu Santo no nos abandone, porque Tú eres, Señor, mi fortaleza [537] .
Somos cristianos corrientes; trabajamos en profesiones muy diversas; nuestra actividad entera transcurre por los carriles ordinarios; todo se desarrolla con un ritmo previsible. Los días parecen iguales, incluso monótonos… Pues, bien: ese plan, aparentemente tan común, tiene un valor divino; es algo que interesa a Dios, porque Cristo quiere encarnarse en nuestro quehacer, animar desde dentro hasta las acciones más humildes.
Este pensamiento es una realidad sobrenatural, neta, inequívoca; no es una consideración para consuelo, que conforte a los que no lograremos inscribir nuestros nombres en el libro de oro de la historia. A Cristo le interesa ese trabajo que debemos realizar –una y mil veces– en la oficina, en la fábrica, en el taller, en la escuela, en el campo, en el ejercicio de la profesión manual o intelectual: le interesa también el escondido sacrificio que supone el no derramar, en los demás, la hiel del propio mal humor.
Repasad en la oración esos argumentos, tomad ocasión precisamente de ahí para decirle a Jesús que lo adoráis, y estaréis siendo contemplativos en medio del mundo, en el ruido de la calle: en todas partes. Esa es la primera lección, en la escuela del trato con Jesucristo. De esa escuela, María es la mejor maestra, porque la Virgen mantuvo siempre esa actitud de fe, de visión sobrenatural, ante todo lo que sucedía a su alrededor: guardaba todas esas cosas en su corazón ponderándolas [538] .
Supliquemos hoy a Santa María que nos haga contemplativos, que nos enseñe a comprender las llamadas continuas que el Señor dirige a la puerta de nuestro corazón. Roguémosle: Madre nuestra, tú has traído a la tierra a Jesús, que nos revela el amor de nuestro Padre Dios; ayúdanos a reconocerlo, en medio de los afanes de cada día; remueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad, para que sepamos escuchar la voz de Dios, el impulso de la gracia.

Maestra de apóstoles

Pero no penséis sólo en vosotros mismos: agrandad el corazón hasta abarcar la humanidad entera. Pensad, antes que nada, en quienes os rodean –parientes, amigos, colegas– y ved cómo podéis llevarlos a sentir más hondamente la amistad con Nuestro Señor. Si se trata de personas rectas honradas, capaces de estar habitualmente más cerca de Dios, encomendadlas concretamente a Nuestra Señora. Y pedid también por tantas almas que no conocéis, porque todos los hombres estamos embarcados en la misma barca.
Sed leales, generosos. Formamos parte de un solo cuerpo, del Cuerpo Místico de Cristo, de la Iglesia santa, a la que están llamados muchos que buscan limpiamente la verdad. Por eso tenemos obligación estricta de manifestar a los demás la calidad, la hondura del amor de Cristo. El cristiano no puede ser egoísta; si lo fuera, traicionaría su propia vocación. No es de Cristo la actitud de quienes se contentan con guardar su alma en paz –falsa paz es ésa–, despreocupándose del bien de los otros. Si hemos aceptado la auténtica significación de la vida humana –y se nos ha revelado por la fe–, no cabe que continuemos tranquilos, persuadidos de que nos portamos personalmente bien, si no hacemos de forma práctica y concreta que los demás se acerquen a Dios.
Hay un obstáculo real para el apostolado: el falso respeto, el temor a tocar temas espirituales, porque se sospecha que una conversación así no caerá bien en determinados ambientes, porque existe el riesgo de herir susceptibilidades. ¡Cuántas veces ese razonamiento es la máscara del egoísmo! No se trata de herir a nadie, sino de todo lo contrario: de servir. Aunque seamos personalmente indignos, la gracia de Dios nos convierte en instrumentos para ser útiles a los demás, comunicándoles la buena nueva de que Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad [539] .
¿Y será lícito meterse de ese modo en la vida de los demás? Es necesario. Cristo se ha metido en nuestra vida sin pedirnos permiso. Así actuó también con los primeros discípulos: pasando por la ribera del mar de Galilea vio a Simón y a su hermano Andrés, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Y les dijo Jesús: seguidme, y haré que vengáis a ser pescadores de hombres [540] . Cada uno conserva la libertad, la falsa libertad, de responder que no a Dios, como aquel joven cargado de riquezas [541] , de quien nos habla San Lucas. Pero el Señor y nosotros –obedeciéndole: id y enseñad [542] – tenemos el derecho y el deber de hablar de Dios, de este gran tema humano, porque el deseo de Dios es lo más profundo que brota en el corazón del hombre.
Santa María, Regina apostolorum, reina de todos los que suspiran por dar a conocer el amor de tu Hijo: tú que tanto entiendes de nuestras miserias, pide perdón por nuestra vida: por lo que en nosotros podría haber sido fu

ego y ha sido cenizas; por la luz que dejó de iluminar, por la sal que se volvió insípida. Madre de Dios, omnipotencia suplicante: tráenos, con el perdón, la fuerza para vivir verdaderamente de esperanza y de amor, para poder llevar a los demás la fe de Cristo.
Una única receta: santidad personal
El mejor camino para no perder nunca la audacia apostólica, las hambres eficaces de servir a todos los hombres, no es otro que la plenitud de la vida de fe, de esperanza y de amor; en una palabra, la santidad. No encuentro otra receta más que ésa: santidad personal.
Hoy, en unión con toda la Iglesia, celebramos el triunfo de la Madre, Hija y Esposa de Dios. Y como nos gozábamos en el tiempo de la Pascua de Resurrección del Señor a los tres días de su muerte, ahora nos sentimos alegres porque María, después de acompañar a Jesús desde Belén hasta la Cruz, está junto a El en cuerpo y alma, disfrutando de la gloria por toda la eternidad. Esta es la misteriosa economía divina: Nuestra Señora, hecha partícipe de modo pleno de la obra de nuestra salvación, tenía que seguir de cerca los pasos de su Hijo: la pobreza de Belén, la vida oculta de trabajo ordinario en Nazaret, la manifestación de la divinidad en Caná de Galilea, las afrentas de la Pasión y el Sacrificio divino de la Cruz, la bienaventuranza eterna del Paraíso.
Todo esto nos afecta directamente, porque ese itinerario sobrenatural ha de ser también nuestro camino. María nos muestra que esa senda es hacedera, que es segura. Ella nos ha precedido por la vía de la imitación de Cristo, y la glorificación de Nuestra Madre es la firme esperanza de nuestra propia salvación; por eso la llamamos spes nostra y causa nostrae laetitiae, nuestra esperanza y causa de nuestra felicidad.
No podemos abandonar nunca la confianza de llegar a ser santos, de aceptar las invitaciones de Dios, de ser perseverantes hasta el final. Dios, que ha empezado en nosotros la obra de la santificación, la llevará a cabo [543] . Porque si el Señor está por nosotros, ¿quién contra nosotros? El, que ni a su propio Hijo perdonó, sino que le entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo, después de habernos dado a su Hijo, dejará de darnos cualquier otra cosa? [544] .
En esta fiesta, todo convida a la alegría. La firme esperanza en nuestra santificación personal es un don de Dios; pero el hombre no puede permanecer pasivo. Recordad las palabras de Cristo: si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, lleve su cruz cada día y sígame [545] . ¿Le veis? La cruz cada día. Nulla dies sine cruce!, ningún día sin Cruz: ninguna jornada, en la que no carguemos con la cruz del Señor, en la que no aceptemos su yugo. Por eso, no he querido tampoco dejar de recordaros que la alegría de la resurrección es consecuencia del dolor de la Cruz.
No temáis, sin embargo, porque el mismo Señor nos ha dicho: venid a mí todos los que andáis agobiados con trabajos, que yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis el reposo para vuestras almas; porque mi yugo es suave y mi carga ligera [546] . Venid –glosa San Juan Crisóstomo–, no para rendir cuentas, sino para ser librados de vuestros pecados; venid, porque yo no tengo necesidad de la gloria que podáis procurarme: tengo necesidad de vuestra salvación… No temáis al oír hablar de yugo, porque es suave; no temáis si hablo de carga, porque es ligera. [547] , 37, 2 (PG 57, 414).
El camino de nuestra santificación personal pasa, cotidianamente, por la Cruz: no es desgraciado ese camino, porque Cristo mismo nos ayuda y con El no cabe la tristeza. In laetitia, nulla dies sine cruce!, me gusta repetir; con el alma traspasada de alegría, ningún día sin Cruz.
La alegría cristiana
Recojamos de nuevo el tema que nos propone la Iglesia: María ha subido a los cielos en cuerpo y alma, ¡los ángeles se alborozan! Pienso también en el júbilo de San José, su Esposo castísimo, que la aguardaba en el paraíso. Pero volvamos a la tierra. La fe nos confirma que aquí abajo, en la vida presente, estamos en tiempo de peregrinación, de viaje; no faltarán los sacrificios, el dolor, las privaciones. Sin embargo, la alegría ha de ser siempre el contrapunto del camino.
Servid al Señor, con alegría [548] : no hay otro modo de servirle. Dios ama al que da con alegría [549] , al que se entrega por entero en un sacrificio gustoso, porque no existe motivo alguno que justifique el desconsuelo.
Quizá estimaréis que este optimismo parece excesivo, porque todos los hombres conocen sus insuficiencias y sus fracasos, experimentan el sufrimiento, el cansancio, la ingratitud, quizá el odio. Los cristianos, si somos iguales a los demás, ¿cómo podemos estar exentos de esas constantes de la condición humana?
Sería ingenuo negar la reiterada presencia del dolor y del desánimo, de la tristeza y de la soledad, durante la peregrinación nuestra en este suelo. Por la fe hemos aprendido con seguridad que todo eso no es producto del acaso, que el destino de la criatura no es caminar hacia la aniquilación de sus deseos de felicidad. La fe nos enseña que todo tiene un sentido divino, porque es propio de la entraña misma de la llamada que nos lleva a la casa del Padre. No simplifica, este entendimiento sobrenatural de la existencia terrena del cristiano, la complejidad humana; pero asegura al hombre que esa complejidad puede estar atravesada por el nervio del amor de Dios, por el cable, fuerte e indestructible, que enlaza la vida en la tierra con la vida definitiva en la Patria.
La fiesta de la Asunción de Nuestra Señora nos propone la realidad de esa esperanza gozosa. Somos aún peregrinos, pero Nuestra Madre nos ha precedido y nos señala ya el término del sendero: nos repite que es posible llegar y que, si somos fieles, llegaremos. Porque la Santísima Virgen no sólo es nuestro ejemplo: es auxilio de los cristianos. Y ante nuestra petición –Monstra te esse Matrem [550] –, no sabe ni quiere negarse a cuidar de sus hijos con solicitud maternal.
La alegría es un bien cristiano. Unicamente se oculta con la ofensa a Dios: porque el pecado es producto del egoísmo, y el egoísmo es causa de la tristeza. Aún entonces, esa alegría permanece en el rescoldo del alma, porque nos consta que Dios y su Madre no se olvidan nunca de los hombres. Si nos arrepentimos, si brota de nuestro corazón un acto de dolor, si nos purificamos en el santo sacramento de la Penitencia, Dios sale a nuestro encuentro y nos perdona; y ya no hay tristeza: es muy justo recocijarse porque tu hermano había muerto y ha resucitado; estaba perdido y ha sido hallado [551] .
Esas palabras recogen el final maravilloso de la parábola del hijo pródigo, que nunca nos cansaremos de meditar: he aquí que el Padre viene a tu encuentro; se inclinará sobre tu espalda, te dará un beso prenda de amor y de ternura; hará que te entreguen un vestido, un anillo, calzado. Tú temes todavía una reprensión, y él te devuelve tu dignidad; temes un castigo, y te da un beso; tienes miedo de una palabra airada, y prepara para ti un banquete [552] .
El amor de Dios es insondable. Si procede así con el que le ha ofendido, ¿qué hará para honrar a su Madre, inmaculada, Virgo fidelis, Virgen Santísima, siempre fiel?
Si el amor de Dios se muestra tan grande cuando la cabida del corazón humano –traidor, con frecuencia– es tan poca, ¿qué será en el Corazón de María, que nunca puso el más mínimo obstáculo a la Voluntad de Dios?
Ved cómo la liturgia de la fiesta se hace eco de la imposibilidad de entender la misericordia infinita del Señor, con razonamientos humanos; más que explicar, canta; hiere la imaginación, para que cada uno ponga su entusiasmo en la alabanza. Porque todos nos quedaremos cortos: apareció un gran prodigio en el cielo: una mujer, vestida de sol, y la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas [553] . El rey se ha enamorado de tu belleza. ¡Cómo resp

landece la hija del rey, con su vestido tejido en oro! [554] .
La liturgia terminará con unas palabras de María, en las que la mayor humildad se conjuga con la mayor gloria: me llamarán bienaventurada todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas aquel que es todopoderoso [555] .
Cor Mariae Dulcissimum, iter para tutum; Corazón Dulcísimo de María, da fuerza y seguridad a nuestro camino en la tierra: sé tú misma nuestro camino, porque tú conoces la senda y el atajo cierto que llevan, por tu amor, al amor de Jesucristo.

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[521] Antifona de las Visperas de la fiesta de la Asunción.
[522] Ioh XIX, 27.
[523] Lc II, 35.
[524] Deus caritas est (Dios es amor, 1 Ioh IV, 8).
[525] S. Juan Damasceno, Homilia II in dormitionem B. V. Mariae, 14 (PG 96, 742).
[526] Cfr. Juan Duns Scoto, In III Sententiarum, dist. III, q. 1.
[527] Lc XI, 27-28.
[528] Lc I, 38.
[529] Cfr. Lc I, 48.
[530] Lc I, 49.
[531] Cfr. 1 Cor I, 27-29.
[532] Mt VII, 21.
[533] Ioh I, 14.
[534] Lc I, 38.
[535] Cfr. Rom VIII, 21.
[536] 1 Reg III, 5.
[537] Ps XLII, 2.
[538] Lc II, 51.
[539] 1 Tim II, 4.
[540] Mc I, 16-17.
[541] Cfr. Lc XVIII, 23.
[542] Cfr. Mc XVI, 15.
[543] Cfr. Phil I, 6.
[544] Rom VIII, 31–32.
[545] Lc IX, 23.
[546] Mt XI, 28–30.
[547] S. Juan Crisóstomo, In Matthaeum homiliae
[548] Ps XCIX, 2.
[549] 2 Cor IX, 7.
[550] Himno litúrgico Ave maris stella.
[551] Lc XV, 32.
[552] S. Ambrosio, Expositio Evangelii secundum Lucam, 7 (PL 15, 1540).
[553] Apoc XII, 1.
[554] Ps XLIV, 12–14.
[555] Lc I, 48-49.

Homilía extraída del sitio http://www.escrivaworks.org

La libertad la inventó Dios

Que la libertad siempre compensa y que la ‘inventó’ Dios podría ser, a grandes rasgos, el resumen del mensaje de este conjunto de textos en los que San Josemaría desgrana la libertad como don de Dios y la consecuente responsabilidad con la que han de corresponder los hombres.


“En caso de duda, elegir siempre la parte de la libertad”. Son palabras de San Josemaría, rememoradas por Monseñor Javier Echevarría, Obispo-Prelado del Opus Dei, en el prólogo a Una libertad para ser vivida, elenco de textos que ofrecen una visión panorámica del pensamiento de San Josemaría, Fundador del Opus Dei, sobre la libertad.
La edición de esta antología de textos está a cargo de Andrea Mardegan (Milán, 1955), doctor en Letras Modernas y en Teología bíblica y ordenado sacerdote por Juan Pablo II en 1984. En las primeras páginas, Mardegan narra cómo fue su primer encuentro con San Josemaría, a quien conoció cuando era estudiante, entre el fin del liceo y el comienzo de la universidad. Participó de algunos encuentros con él en Roma, durante actividadesde formación organizadas por el Opus Dei en 1973 y 1974, con jóvenes italianos y de muchas partes del mundo: “Te dejaba pensativo en un ambiente de profunda alegría, se percibía su profundo interés en cada persona por cómo le atendía, se palpaba su gran vida de trato con Dios y se respiraba un gran clima de libertad que impulsaba hacia las grandes metas”, dice Mardegan.
Esta antología que se publica ahora, fue en el año 2004 cuando vio la luz por primera vez y no ha sido hasta mayo de este año 2010, cuando se ha editado en lengua castellana.
Monseñor Echevarría, testigo privilegiado de tantas enseñanzas de San Josemaría, recuerda en el prólogo la convicción de San Josemaría -profundo conocedor del alma y de las vicisitudes humanas-, al considerar que con el respeto, el amor a la libertad y a la responsabilidad personal se hubieran evitado la mayor parte de las tragedias humanas y los horrores y crímenes ocurridos en la historia.
En la imagen, una panorámica de Nueva York con el icono de la libertad en el centro
Estructura de la antología
El amor por la libertad era vivido de tal manera por este santo de nuestros días, que ha dado origen a una gama muy diversa de consideraciones y aplicaciones. Mardegan explica que “en este libro la sistematización de los textos a través de los contenidos se ha operado teniendo presente una dimensión teolgica y antropológica que constituye el verdadero trasfondo, con el fin de ofrecer al lector un recorrido de profundización espiritual personal de la libertad creída, buscada, vivida”, añade el autor.
Todas las biografías y los estudios sobre el pensamiento de San Josemaría, ponen en evidencia la centralidad del valor que da a la libertad como don de Dios. Es el elemento que unifica su personalidad espiritual, su vida y sus obras. Es sabido que en los asuntos políticos, económicos, culturales, etc., los miembros del Opus Dei actúan con libertad y con responsabilidad personal, sin involucrar a la Iglesia o al Opus Dei en sus decisiones.
Pero la enseñanza de San Josemaría sobre la libertad no tiene su máxima aportación sólo en esos aspectos y así se trasluce en esta selección de textos. Siendo todos ellos aspectos muy importantes de la libertad, ésta influye en toda la vida cristiana, con su variedad de modos. Para él, la libertad es caracterísitica esencial en toda la vida espiritual del cristiano, en su relación con Dios, con los demás y con el mundo.
Andrea Mardegan, sacerdote, actualmente desarrolla su ministerio en Milán. “Una libertad para ser vivida”, (173 pg. Editorial Cobel), ha salido publicada en castellano por primera vez en mayo 2010. Autor de otros libros sobre espiritualidad, editó también la antología de Josemaría Escrivá: En los brazos del Padre. Escritos seleccionados sobre la paternidad divina. Marietti, 2000.

Primera edición en sueco de "Es Cristo que pasa"

La editorial “Catholica Bokförlaget” ha publicado un nuevo libro de san Josemaría en sueco: Es Cristo que pasa.
Se trata del segundo libro de homilías del fundador del Opus Dei que se publica en sueco, lengua en la que ya han sido editados Camino, Santo Rosario, Via Crucis y Surco.
“Es Cristo que pasa” es un libro que recoge algunas homilías que San Josemaría predicó con motivo de algunos tiempos o fiestas que aparecen en el calendario litúrgico de la Iglesia (Adviento, Navidad, Epifanía, Cuaresma, Jueves Santo, etc.) y que luego se recogieron en este volumen.
Mons. Álvaro del Portillo explica en la presentación del libro que “estos textos se sitúan –serenamente, sin polémica- fuera de esas visiones esquizofrénicas que conciben la santidad en el inestable equilibrio de una doble vida: la normal y la espiritual. Al mismo tiempo, las Homilías desechan también la tentación de espiritualizar de tal modo lo humano que sea privado de su complejidad, de lo que Mons. Escrivá de Balaguer llama el riesgo de la libertad”.
La primera edición de Es Cristo que pasa en castellano data de 1973. Posteriormente, se ha publicado en: ruso, holandés, portugués, inglés, japonés, croata, braille, ucraniano, etc.
Los escritos del fundador del Opus Dei traducidos al sueco pueden consultarse en la página web www.se.escrivaworks.org

[Opus Dei] Libros: Libros sobre el Opus Dei

San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, no pretendió escribir una amplia bibliografía, no fue un autor prolífico en el sentido tradicional de la palabra. Sus principales obras quedaron grabadas en el alma de cada uno de sus hijos e hijas, que él mismo forjó con la Gracia del Espíritu Santo.

Podemos clasificar la Obra de san Josemaría de la siguiente manera:

  • A. Escritos de san Josemaría Escrivá.
  • B. Biografías sobre el fundador del Opus Dei.
  • C. Libros sobre la historia del Opus Dei.
  • D. Libros sobre personas del Opus Dei.
  • E. Testimonios sobre san Josemaría Escrivá
  • F. Estudios sobre el Opus Dei y su fundador.

A. ESCRITOS DE SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ

El Fundador del Opus Dei ha publicado unos libros estupendos y muy difundidos: de cada uno se han publicado más de 400.000 ejemplares en varios idiomas. Los podemos ordenar así:
1. Libros para la oración.- Contienen reflexiones muy breves que dan pie a una conversación con Dios y fomentan los deseos de mejora propia:

  • Camino.- Es el libro más famoso de san Josemaría Escrivá. Se han publicado más de 4.500.000 ejemplares en 43 idiomas. No dejen de leerlo.
  • Surco.- Con la misma estructura que Camino. Su último punto no es el mejor, pero es simpático y no se olvida.
  • Forja.- Similar a los anteriores. Se puede destacar el primer punto, muy citado y animante.

2. Libros para la lectura espiritual.- Recopilación de meditaciones que san Josemaría predicó y preparó para su edición:

  • Es Cristo que pasa.- Homilías ordenadas siguiendo las fiestas del año. Podemos destacar la primera.
  • Amigos de Dios.- Estupendas meditaciones en torno a diversas virtudes cristianas. Termina con la famosa homilía “Hacia la santidad”.
  • Amar a la Iglesia.– Reúne tres predicaciones en torno a la Iglesia y el sacerdocio. Es una obra menor de la que sólo se han publicado 40.000 ejemplares.

3. Libros para devociones.- Contribuyen a vivir con atención y piedad dos devociones cristianas:

  • Santo rosario.- libro ágil y breve que ayuda a contemplar los misterios del santo rosario.
  • Via crucis.- Sigue las estaciones del via crucis añadiendo pequeños párrafos para meditar en la pasión de nuestro Señor.

4. Libros varios.- El primero es tan bueno como los ya citados, pero los otros dos son de menor interés y poca difusión:

  • Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer.- Contiene entrevistas que varios medios de comunicación realizaron al fundador del Opus Dei. Al final se añade la célebre homilía: “Amar al mundo apasionadamente”.
  • La abadesa de las Huelgas.- libro técnico jurídico que publica la tesis doctoral de san Josemaría. No lo lean ustedes, salvo que el tema les interese.
  • Discursos sobre la universidad.- La Universidad de Navarra recopila aquí varios discursos académicos de san Josemaría.

B. BIOGRAFÍAS SOBRE EL FUNDADOR DEL OPUS DEI

  • Al paso de Dios.- Una biografía ágil y muy conseguida escrita por François Gondrand.
  • Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei.- Un buen libro de Salvador Bernal, con abundantes citas de san Josemaría.
  • El Fundador del Opus Dei.- (En un sólo tomo). Primera de Andres Vázquez de Prada, es una buena biografía e históricamente precisa. Incluso usa un lenguaje de la época, que no a todos gusta.
  • El Fundador del Opus Dei.- (En tres tomos). También del historiador Andrés Vázquez de Prada, es la biografía más documentada y extensa.
  • El hombre de Villa Tevere.- De Pilar Urbano. Buena biografía, muy difundida.
  • Opus Dei. Vida y Obra del Fundador Josemaría Escrivá.- El historiador alemán Peter Berglar realizó esta meditada biografía, donde reflexiona en los hechos que acontecieron.
  • Tiempo de caminar.- Una buena aportación de Ana Sastre.
  • La fundación del Opus Dei.- Escrita por el historiador John Coverdale, también tiene su interés.
  • Historia de un sí. Vida del beato Josemaría.- Biografía infantil escrita por Miguel Ángel Cárceles e ilustrada por Isabel Torra. Un libro lindo y agradable.
  • Huellas en la nieve.- Breve biografía realizada por Dennis Helming. Con fotos abundantes.

C. LIBROS SOBRE LA HISTORIA DEL OPUS DEI

Se incluyen aquí libros que narran historias del desarrollo del Opus Dei en algunos lugares.

  • Soñad y os quedaréis cortos.- Pedro Casciaro narra maravillosamente los comienzos del Opus Dei, donde él mismo tuvo parte importante. No dejen de leer este libro.
  • Un mar sin orillas.- Antonio Rodríguez Pedrazuela narra el inicio del Opus Dei en Centroamérica, donde el propio autor intervino. Un buen libro.
  • Antes, más y mejor.- Lázaro Linares narra el inicio de la labor del Opus Dei en torno a Tajamar en el Madrid de los años cincuenta.
  • El historiador José Orlandis escribe tres libritos con historia del Opus Dei vivida por él mismo. Son éstos:
    – Años de juventud en el Opus Dei.
    – Memorias de Roma en guerra
    – Mis recuerdos: primeros tiempos del Opus Dei en Roma
    .
  • Con un sueño en África.- Olga Merlin relata los comienzos del Opus Dei en Kenia, donde ella contribuyó activamente en mejorar la condición de la mujer africana. Un gran libro.
  • Esther Toranzo escribió dos libros narrando historias del Opus Dei en África:
    – Deja que Africa te hable.
    – En el corazón de Kenia.
  • Yauyos: una aventura en los Andes.- Samuel Valero recuerda los comienzos de la Prelatura territorial de Yauyos, encomendada al Opus Dei. Libro breve y entretenido.
  • Abancay. Un obispo en los Andes peruanos.- por mons. Enrique Pèlach.
  • Vale la pena.- José María Casciaro narra sus recuerdos en los primeros años del Opus Dei.
  • Memoria ingenua.- Alfons Balcells relata sus vivencias en los comienzos del Opus Dei en Barcelona.
  • Gaztelueta: un estilo educativo.- Ramón Pomar escribe la historia del primer colegio del Opus Dei.

D. LIBROS SOBRE PERSONAS DEL OPUS DEI

  • Antonio Bienvenida.- Rafael Gómez López-Egea escribió esta biografía de un conocido torero español del Opus Dei. Un libro estupendo.
  • Ernesto Cofiño.- José Luis Cofiño y J.M. Cejas escriben la vida apasionante de este médico del Opus Dei en Guatemala.
  • Eduardo Ortíz de Landázuri: el médico amigo.- Escrito por Pedro López-Escobar y Pedro Lozano.
  • Guadalupe Ortíz de Landázuri.- Mercedes Eguíbar narra aquí el inicio en Méjico de las mujeres del Opus Dei.
  • José Miguel Cejas ha escrito varias biografías sobre miembros del Opus Dei:
    Montse Grases. La alegría de la entrega.
    – José María Somoano. En los comienzos de la fundación del Opus Dei.
    – La paz y la alegría. María Ignacia García Escobar en los comienzos del Opus Dei
    .
  • Isidoro Zorzano.- José Miguel Pero-Sanz relata la vida de este ingeniero, uno de los primeros miembros del Opus Dei.
  • Páginas
    de amistad. Relatos en torno a Encarnita Ortega
    .- Maite del Riego Ganuza escribe sobre una de las primeras mujeres del Opus Dei.
  • Himno a la Vida: una semblanza de Josep Serret.- Lluis Raventós Artés escribe este ameno libro sobre la vida de un empresario del Opus Dei.
  • Una nueva partitura.- La pianista Margarita Murillo Guerrero relata sus vivencias en el Opus Dei.
  • Despedidas y encuentros.- Luka Branjovic escribió estas memorias recordando su vida en Croacia, y en campos de concentración, y como periodista y profesor del Opus Dei.

E. TESTIMONIOS SOBRE SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ

  • Mons. Álvaro del Portillo escribió estos libros sobre san Josemaría:
    – Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei.
    – Una vida para Dios, Reflexiones en torno a la figura de Josemaría Escrivá.
  • Memoria del Beato Josemaría Escrivá.- Escrito por mons. Javier Echevarría.
  • Trabajando junto al Beato Josemaría.- De Rafael Gómez Pérez.
  • Maestro de buen humor. Por José Luis Soria.
  • Así le vieron. Testimonios sobre mons. Escrivá.- Rafael Serrano recopila estos textos de personalidades sobre el fundador del Opus Dei.
  • Un hombre de Dios. Testimonios sobre el Fundador del Opus Dei.- De eclesiásticos que conocieron a san Josemaría.
  • Flavio Capucci recopila milagros del fundador del Opus Dei en dos libros:
    – Milagros de nuestro tiempo.
    – Favores que pedimos a los santos.

F. ESTUDIOS SOBRE EL OPUS DEI Y SU FUNDADOR

  • El Opus Dei.- Por Dominique Le Tourneau.
  • El Opus Dei, una explicación.- De Rafael Gómez Pérez.
  • El Opus Dei en la Iglesia.- Por Pedro Rodríguez, Fernando Ocáriz y José Luis Illanes.
  • El itinerario jurídico del Opus Dei.- Por Amadeo de Fuenmayor; Valentín Gomez-Iglesias y José Luis Illanes.
  • Cornelio Fabro escribió dos libros sobre el Opus Dei:
    – El temple de un Padre de la Iglesia.
    – Santos en el mundo. Estudios sobre los escritos del Beato Josemaria Escrivá
    .
  • Josemaría Escrivá como escritor.- De José Miguel Ibáñez Langlois.
  • Acción social del Cristiano. San Josemaría Escrivá y la Doctrina social de la Iglesia.- Por José Miguel Pero-Sanz, Jean Marie Aubert y Tomás Gutiérrez.
  • Santa María en los escritos de Josemaría Escrivá.- De Federico Delclaux.
  • La santificación del trabajo.- Por José Luis Illanes.
  • Hijos de Dios. La filiación divina que vivió y practicó San Josemaría Escrivá.- De Francisco Fernández de Carvajal y Pedro Beteta.
  • Tras las huellas del Beato Josemaría Escriva de Balaguer.- Víctor García-Hoz escribió este libro sobre la influencia de este santo fundador en la pedagogía.

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