La opinión de Juan XXIII sobre el Fundador del Opus Dei

La última audiencia de Juan XXIII

Fuente: Juan José Espinosa, ABC (Madrid), 17.5.92

¿Qué pensaba el Papa Juan XXIII sobre Josemaría Escrivá de Balaguer y sobre el Opus Dei?

Puedo responder a esa pregunta con las palabras que escuché directamente del Papa Roncalli en un contexto intimo y espontáneo: durante una audiencia concedida a un matrimonio español con dos de sus hijos, entre ellos quien firma estas líneas.

Era el 13 de mayo de 1963. Fue el último día en que Juan XXIII concedió audiencias especiales: tres semanas más tarde, el 3 de junio, falleció. En aquella audiencia, el Papa nos habló, entre otras cosas, de la familia. Mi padre le mostró una fotografía de nuestra familia al completo -tengo diez hermanos-; Juan XXIII la miró detenidamente y la bendijo. Pero no voy a detenerme ahora en esos y otros detalles; me limitaré a recordar lo que nos dijo sobre el Opus Dei y su fundador, a quien Juan Pablo II beatifica hoy.

Tanto mi padre como los dos hermanos allí presentes éramos ya entonces miembros de la Obra. Como es natural, mediada la conversación, hicimos saber al Papa este hecho, pensando que le alegraría.

Al oír aquello, Juan XXIII aludió a su estancia, durante los viajes que había realizado a España, en algunos centros del Opus Dei, concretamente en Santiago de Compostela y en Zaragoza. Tenía un grato recuerdo de esos días. Pero entonces -nos confió con aquella sencillez tan suya- aun no había llegado a percatarse de toda la trascendencia que el Opus Dei tenía en la vida de la Iglesia: creía que se trataba de una fundación más -“de esa España tan pródiga en fundaciones”, añadió-, de alcance solamente nacional. Sin embargo, prosiguió, se había caído la venda de sus ojos -y, para subrayar sus palabras, se llevó las manos a los ojos y las bajó a continuación-: había visto con claridad que el Opus Dei era un instrumento de proyección universal enviado por el Espíritu Santo para la Iglesia de este siglo y del futuro.

El Papa, con la perspectiva que le daba ocupar la cátedra de Pedro, nos explicó que era consciente del gran servicio que el Opus Dei estaba prestando a la Iglesia, así como de la universalidad de sus horizontes, pues -como él mismo señaló- estaba llevando el Evangelio a todos los rincones de la tierra y a todas las capas de la sociedad.

Después de hacer aquellos comentarios sobre el Opus Dei, quiso añadir unas palabras sobre monseñor Escrivá: “Admiro al fundador, y le quiero mucho; precisamente hace unos días le he enviado unos libros”.

En ese momento, le dije que yo vivía con él, en la sede central de la Obra. Y el Papa: “Le quiero mucho -repitió-; dile que le bendigo a él y al Opus Dei de todo corazón”.

Juan José ESPINOSA




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