Escrivá de Balaguer, en vísperas de beatificación

Adolfo Suárez Rivera, Arzobispo de Monterrey, Presidente de la Conferencia Episcopal de México

EL NORTE (Monterrey), Domingo 8 de Marzo de 1992

En nuestro camino por la vida hemos encontrado muchas personas cuyas obras trascienden las fronteras de la propia patria, para proyectarse y dar fru. to en muy diversas latitudes.

Entre ellas está Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, quien, desde Madrid, hizo llegar, en el nombre del Señor, a todas partes del mundo la tarea del Opus Dei.

Su meta: la santidad de los fieles, en un camino que se anhela realizar en medio del mundo, con sus afanes, logros, tristezas, alegrías, y, sobre todo, buscando la gracia de Dios para participarla a los hermanos.

E1 venerable siervo de Dios, Josemaría Escrivá de Balaguer, escribe con su vida y con su obra una historia en cuyos capítulos se pueden registrar los pasos de conversión y santificación de muchos hombres, laicos y sacerdotes, que con anhelo de ser levadura en la masa, por el Reino de Dios, se gastan por su santificación y la de sus hermanos.

Con una fuerte espiritualidad litúrgica, el Opus Dei en sus miembros reflejada espiritualidad de Monseñor Escrivá, quien con Cristo como centro de su vida interior, alimentado por El en la Eucaristía, le impuso a llevar su obra a todos los continentes.

Nos brinda un camino para la vida, que se hace más sencillo cuánto más se tiene al Señor.

Llama a lograr la unidad entre la fe y la vida, para que, en esa identificación, superado e1 divorcio que puede darse entre una y otra, el cristiano logre su santificación.

Brinda al laico, de manera especial, un itinerario que lo lleve al Padre, por su Hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo, para vivir con la Trinidad Santa una profunda relación, que se ve apoyada por la devoción a Nuestra Señora la Virgen María, a San José su castísimo esposo y a los Angeles Custodios.

Monseñor Escrivá de Balaguer con su vida y con sus numerosos escritos y homilías nos llama a trabajar incansablemente, para forjar un mundo nuevo, para hacer escrituras más dignas, donde el hombre, hijo de Dios, realice el plan de salvación del Padre.

Un trabajo que lo lleve a vivir plenamente su vocación cristiana y lo encamine a la santificación en el mundo, que propone otros criterios, otros caminos, que alejan del Señor.

Para nosotros su vida es un ejemplo de acción y de servicio al Señor.

Nos llama la atención el ofrecimiento que hizo de su vida uniéndose a Cristo en aras de la cruz para la salvación del mundo.

Lo realizó trabajando incansablemente. Lo llevó a cabo ofreciéndose al Padre de la misericordia, para dar su vida por la Iglesia y, de manera especial, por el Santo Padre, el sucesor de Pedro, Cabeza visible de la Iglesia.

Nos ha dejado una herencia que en el plano tangible muestra la obra apostólica de los miembros del Opus Dei, plasmada en numerosas realizaciones apostólicas que hablan del ideal de su fundador.

Igualmente deja, en el plano intangible, su herencia espiritual que mueve al camino de la conversión. a innumerables personas en todas partes del mundo, y especialmente a sus sacerdotes y demás miembros de la obra al compromiso de amar profundamente a la Iglesia y a sus Pastores, sirviendo a sus hermanos.

Su proceso de canonización ha recopilado una muy amplia serie de pruebas, de testimonios, de su camino de santidad.

El Santo Padre, Juan Pablo II, quien es el responsable de juzgar la oportunidad de ofrecer modelos de santidad a nuestra época, ha seguido muy de cerca toda esta causa y así ha dispuesto su beatificación, para gloria de Dios y bien de la Iglesia, para el día 17 de mayo próximo.

El ejemplo, pues, de la vida de Monseñor Escrivá de Balaguer seguirá siendo un camino hacia la santidad en la Iglesia para mayor gloria de Dios.




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