Ser audaz por Amor – Camino n.24

Camino 24. Tienes ambiciones:… de saber…, de acaudillar…, de ser audaz. Bueno. Bien. -Pero… por Cristo, por Amor.
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EDICIÓN CRÍTICA
El texto base se encuentra en el Cuaderno VI, nº 1043, escrito por San Josemaría el 26-VII-1933 [1]. De ahí procede sin duda, pero sometiendo el pasaje original a una intensa reelaboración para adaptarlo al estilo del libro.

En el Cuaderno se lee:

«El sacerdote de la Obra debe fomentar en la juventud nuestra todas las nobles ambiciones, sobrenaturalizándolas… Hay que ser… sabios, caudillos, audaces: y el sacerdote rectifica: por Cristo, por Amor. –Lo que acabo de escribir, lo practico y veo que da hermosos resultados».

Lo que en Apuntes íntimos es un criterio que anota –a partir de su experiencia– para la formación de los sacerdotes incardinados en la Prelatura del Opus Dei, en Camino aparece puesto en práctica: es, en efecto, un diálogo en el que San Josemaría responde a un joven que tiene nobles ambiciones. La transformación literaria del texto es total.

Y de paso, la alusión al sacerdote desaparece: si de lo que se trata es de orientar a otros, el criterio es válido para todos, sea quien sea el que anime y oriente. Vid lo dicho en el punto 16, que tiene gran proximidad temática. Sobre la «audacia» en Camino, leer el comentario al punto 402 [2].

[1] Inserto en una larga sesión, que comienza así: «Fiesta de la abuelita Santa Ana — 26-VII-33».

[2] Ilustra el clima de este punto el testimonio de un universitario de la Academia DYA, Fernando Alonso-Martínez, Madrid enero de 1976; AGP, sec A, leg 100-01, carp 3, exp 13:

«Nos hablaba de trabajo, de estudio, de Amor de Dios. De que era bueno que fuéramos ambiciosos, muy ambiciosos, mucho, pero… ¡por Cristo!, y dicho esto con mucha energía, casi como un grito enérgico, con esa forma peculiar de decir. Es curioso que casi no recuerdo otras palabras suyas con esa claridad, pero se quedaron grabadas ahí».

—Fernando Alonso-Martínez Saumell, nacido en Madrid (1917), conoció al Autor en 1935, con ocasión de frecuentar la Residencia DYA, llevado por su hermano Enrique. Participó de los medios de formación espiritual que impartía San Josemaría. Durante la guerra tuvo relación epistolar con el Fundador del Opus Dei desde que éste se instaló en Burgos.




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