Rafael Calvo Serer, un pensador entre el exilio y la censura

Rafael Calvo Serer es una de las personas que más teorizó y actuó en el convulso escenario de la segunda mitad del siglo XX español. No a cualquier precio: su agudeza intelectual y su valentía le hicieron merecedor del exilio –en dos etapas–, del cierre del diario Madrid y de la marginación una vez llegada la democracia. Y fue su fe cristiana la que le ayudó a no flaquear en los momentos más duros. Un reciente libro de Onésimo Díaz y Fernando de MeerRafael Calvo Serer: La búsqueda de la libertad (Rialp), nos acerca a la figura de este pensador.

Valencia y Europa

Hijo de un obrero metalúrgico, Rafael Calvo Serer nació en Valencia en 1916. Comenzó sus estudios universitarios a mediados de la década de los treinta, cuando España se deslizaba de forma irreversible hacia la Guerra Civil. Este contexto hizo mella para siempre en la mente del joven estudiante.

Fernando de Meer, Juan Pablo Fusi, Javier Vidal, Miguel Ángel Gozalo y Onésimo Díaz, durante la presentación del libro. Diario de Navarra

No se movió de su ciudad natal mientras estudiaba Humanidades, pero su condición de presidente de la sección valenciana de la Federación de Estudiantes Católicos le permitió hacer un viaje a Madrid que resultaría decisivo. En la capital conoció al sacerdote –y hoy santo– Josemaría Escrivá de Balaguer, que unos años antes había fundado el Opus Dei, al que Calvo no tardó en unirse. También conoció en aquel viaje a Ramiro de Maeztu –autor de Defensa de la Hispanidad– y a Pedro Sainz Rodríguez y Eugenio Vegas Latapié, dos intelectuales que fueron sus compañeros de fatigas en la causa de Don Juan de Borbón.

La Guerra Civil –combatió en el bando republicano hasta que fue declarado no apto– truncó el final de su licenciatura, pero su vocación ya estaba clara. Su preocupación: España. Su hilo conductor: el cristianismo. Su solución institucional: la monarquía. Su maestro: Marcelino Menéndez Pelayo.

Rafael Calvo Serer

Una vez finalizados sus estudios y conseguida su primera cátedra –la de Historia Moderna en Valencia precedió a la de Filosofía de la Historia en Madrid–, Calvo Serer quiso ampliar sus horizontes y quiso hacerlo en alemán, el idioma que irradiaba el espectro intelectual europeo. Sin embargo, la II Guerra Mundial estaba en su punto álgido y descartó viajar a Alemania.

Optó por Suiza y se instaló en Zúrich. Allí frecuentó a notables intelectuales, entre los que destaca Werner Kaegi, esposo de la mística Adrienne von Speyr. De Suiza pasó a Inglaterra, donde, a las órdenes de Xavier de Salas –futuro director del Museo del Prado–, dio un importante impulso al Instituto de España en Londres. Allí se relacionó con la flor y nata del pensamiento; fue el primero en lograr traer a España a figuras de la talla de Arnold Toynbee o Friedrich von Hayek.

Regreso a España

Los viajes y las estancias por el Viejo Continente no le hacían olvidar España, a la que volvió. No tardó en despuntar en la actividad cultural. Se hizo cargo de la dirección de la revista Arbor, fundó la Biblioteca del Pensamiento Actual y publicó su primer libro, España sin problema.

Su referencia política ya era Don Juan de Borbón, al que empezó a tratar en Suiza en 1943. Calvo Serer le fue leal durante toda su vida. El conde de Barcelona supo que podía confiar en él: en 1945, le encargó que explicara y difundiera su principal documento político, el Manifiesto de Lausana, prohibido en España.

José Vidal-Beneyto (izquierda), junto a Santiago Carrillo durante una reunión de la Junta Democrática en 1975 en París, en la que participa Rafael Calvo Serer. El País.

El primer encontronazo serio de Calvo Serer con el franquismo se produjo en 1953 a raíz de un artículo que escribió para una influyente revista francesa, en el que vertía duras críticas hacia la Falange. Se le sugirió que abandonara España durante cierto tiempo, cosa que hizo.

Es en este periodo cuando se produce su evolución definitiva hacia posiciones liberales y democráticas y hacia la economía social de mercado. Pero las ideas no surten eficacia sin un instrumento que las transmita, y qué mejor que un diario.

El Diario Madrid fue cerrado en 1971. Posteriormente se demolió el edificio.

Tras el fallido intento de comprar el diario Informaciones, Calvo Serer logró convertirse en 1966 en editor del diario Madrid. Ese mismo año había sido promulgada una ley de prensa que suavizaba el marco vigente. El Madrid de Calvo Serer –dirigido por Antonio Fontán– defendía el cambio político, y el acoso del régimen no tardó: multas y cierres temporales no se hicieron rogar, hasta que en 1971 el Gobierno cerró definitivamente la cabecera.

Fue el final de su influencia en la vida española. Calvo Serer volvió a exiliarse, esta vez en París, donde coincidió con Santiago Carrillo. Regresó a España en 1976 y todavía fue encarcelado por una causa pendiente que fue rápidamente sobreseída. Obtuvo una última satisfacción: los tribunales fallaron a su favor en el pleito por el fenecido diario y el Estado le indemnizó antes de morir, en 1988.




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